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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Expertos

En cada español hay un presidente y también un “vacunólogo”

Cuando llegué al vacunódromo de Santullano todo me resultaba conocido, como si ya hubiera estado allí más veces. No me sorprendió la buena organización, ni el control de acceso, ni la rutina de preguntas, ni el protocolo de vacunación, ni la amabilidad del personal. Es más, no pregunté la marca del fluido que me iban a inyectar porque ya lo sabía, porque los expertos “de caleya” ya me anticiparon cada detalle con pelos y señales antes incluso de que se iniciara la campaña.

Y es que, si hasta ahora todo buen español llevaba dentro un presidente del Gobierno y un seleccionador de fútbol, actualmente ha de añadirse un vacunólogo. Y tenemos las calles atestadas de ellos. De ahí que sean comentario común en terrazas y supermercados los pros y contras de cada formulación y se debate intensamente sobre los efectos secundarios. Hay vecinos que hasta se atreverían a disertar sobre sus composiciones moleculares, pues es tal la cantidad de información al respecto que muchos se ven como avezados científicos en vez de conformarse con el estado, más realista, de simples conejillos de indias.

Qué contradicción: no sabemos usar los intermitentes del coche ni circular por las rotondas, cada Nochevieja nos tienen que explicar cómo engullir las uvas al compás de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol y, sin embargo, nos creemos expertos en vacunas. Tanto que hasta nos ponemos exigentes.

Es más, se han creado bandos: los de Pfizer, “la cara”, se las tienen que ver con los esnobs de Moderna, los listillos de Janssen y los malotes “sin ley” de AstraZeneca.

Como me dijo un paisano el otro día, “a mí me pusieron la primera de ‘asturcelta’ (sí, han leído bien: ‘asturcelta’), pero por culpa de los efectos ‘solitarios’ me dejaron colgado. Voy a reclamar que me pinchen ‘la de pago’”. A ver quién le lleva la contraria.

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