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Mario Antuña

Obituario

Mario Antuña

Una matriarca entre fogones

Matilde Álvarez, cocinera del restaurante La Laguna de El Entrego y madre de una gran familia

Fue la casualidad. La mañana del día del funeral me encontré con Ismael, uno de los camareros de mayor trayectoria de La Laguna. "Murió Matilde", le conté con premura. Durante unos segundos procesó la noticia y su respuesta resonó contundente: "Fue una segunda madre para mí". Matilde Álvarez García, alma junto a su suegra Aniceta Fueyo Zapico, "La Nina", de la cocina del "Bar" (como en sustantivo con mayúsculas se conocía al restaurante La Laguna, en El Entrego), representaba esa faceta humana de la gran matriarca, que albergaba con sumo amor y cariño a todos, familiares y allegados. Su mirada limpia y azulada, su sonrisa que abría fortalezas, ya esparcían su afabilidad acogedora.

Matilde falleció en la madrugada del pasado miércoles, tras una larga trayectoria profesional y vital. Entró en La Laguna de la mano de su marido, Alfredo Antuña "Fredín", y se convirtió en una parte fundamental de su historia. Entre fogones aprendió los secretos culinarios con "La Nina" y formó una extensa familia de cuatro hijos –Alfredo, Matilde, Tomás y Carlos–, en el amplio clan del "Bar", del que orgullosamente formo parte. Un clan que no excluía a clientes que eran como de la familia.

Mi tíos, Matilde y Fredín, me ofrecieron en mi infancia y juventud un inmenso cariño y me facilitaron el despertar a los placeres de la buena comida y el buen maridaje. Matilde también fue para mí confesora de la larga historia de La Laguna, que abarcó 82 años y tres generaciones.

Matilde Álvarez y su hijo Alfredo Antuña, en los días que cerró el restaurante La Laguna, de El Entrego, en 2009. | Fernando Rodríguez

Recorrió una larga trayectoria entre los fogones y la familia, ejerciendo de cocinera y de madre. Llegaron nietos y bisnietos, y el clan se fue expandiendo. En la última etapa justo es recordar a Marcelino, compañero de cacerolas y vivencias. Hasta que en mayo de 2009, por jubilación, La Laguna –que por entonces regentaba su hijo Alfredo– echó el cierre.

La vida también le fue ingrata. Sufrió dos de esos rejonazos cuyo dolor nunca acaba de supurar. Perdió prematuramente a su marido Fredín (que se fue demasiado pronto como sus hermanos Faustino y Guillermo) y después a su queridísima hija Matildina (Mati), con quienes ahora, allá donde sea, se habrá reunido.

Matilde falleció la madrugada del pasado miércoles en Posada de Llanes, donde pasó los últimos años bajo los cuidados de su hijo Tomás, médico y director de la residencia geriátrica. Partió desde el Oriente de Asturias, una comarca en la que vivió algunos de los momentos más felices de su vida cuando, siempre en septiembre, pasaba unos días de vacaciones junto a su marido Fredín, que tanto disfrutaban.

Matilde Álvarez García se despidió con el haber de la vida bien cumplido. Se la conoció como cocinera, pero muchos la recordarán como una madre. Una matriarca entre fogones.

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