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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Arroz blanco

Una comida, o cualquier actividad, puede irse al garete por culpa de los pequeños detalles

Aceite de oliva virgen extra de primera prensada en frío, fondo de verduras de la huerta y las piezas de carne bañadas durante horas en una mezcla de vino de Jerez, zumo de naranja, tomillo, sal y pimienta. Las carrilleras cocinadas por Cris prometían ser una exquisitez y reposaban en la nevera a la espera de la ocasión oportuna, que fue ayer. Un acompañamiento se hacía recomendable. Un poco de ensalada y arroz blanco. Y para un cocinero entusiasta como un servidor, pocas cosas más sencillas que un modesto arroz blanco. Unas gotas de aceite, un diente de ajo, agua caliente, toque de sal y controlar el fuego.

Pues desconozco cómo me las arreglé, pero veinte minutos después el previsto arroz blanco se transformó en un engrudo incomestible con excelentes propiedades para la fijación de baldosas y azulejos. Un arroz que merecía para su autor la declaración de persona non grata en todo en continente asiático. El asunto iba bien hasta que se torció. Y el plato se estropeó por el fracaso de lo más simple. Y te preguntas qué demonios hiciste para alcanzar tan calamitoso resultado, habiendo, en principio, seguido el procedimiento habitual.

Y es que cuántas cosas se van al garete por una tontería, un remate, un complemento, un accesorio. Logramos que un artilugio metálico se adentre en el espacio más profundo, aterrice en Marte, haga fotos y las envíe y aún no conseguimos que un "abrefácil" se abra fácilmente. E inventamos la tortilla de patata y a alguien se le ocurre "mejorarla" añadiendo cebolla, lo que echa a perder irremediablemente todo el trabajo. Y la cena del otro día habría sido perfecta si la camarera hubiera mantenido un prudente silencio en vez de lanzar por aquella boca un torrente de sapos y culebras. Lo dicho, los detalles. Y ahí flaqueamos.

Las carrilleras, efectivamente, estaban deliciosas también en solitario, sin la argamasa arrocera que se adhería a la base del cazo como pegamento de contacto.

Ambos, arroz y cazo, acabaron en el cubo de la basura.

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