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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

El sentido trágico de la vida

El fallecimiento de Luisma García Vega en Campo de Caso

Estos días septembrinos corre un aire triste y perezoso por Campo de Caso. Hay silencio en el ambiente e impotencia en todo el caserío de esta población pasional y montañesa. Las noticias aciagas cuando acontecen dejan un poso de penumbra y zozobra en las mentes vecinales. Nadie da crédito a semejante circunstancia luctuosa. Y el capricho vital quiso que un buen hombre, tranquilo, trabajador y animoso, sucumbiera de manera repentina a la hermana muerte en un instante de buenas sensaciones en compañía de su estimado nieto. Luisma, el hijo del buen galeno que fue Don Manuel sufrió un percance fortuito en un paraje bucólico próximo al río Nalón y feneció de manera casi repentina.

Un óbito a temprana edad y en un motivo de paz y concordia consigo mismo causó un hondo pesar entre sus allegados y vecindario general. Nadie se explica tamaña fatalidad, nadie entiende este suceso. Y Luisma fue a encontrar la muerte en un entorno que él conocía muy bien y en donde las explicaciones son obra y acción de la providencia.

Campo de Caso enmudeció con la traicionera noticia y entre cuitas y comentarios populares este hecho malévolo y ruin dominó el escenario de una localidad y concejo donde Luisma, en su campechanía, era muy conocido por tratarse de un industrial panadero que siempre ofertaba la mejor masa madre de la zona. Y junto a sus hermanos y familia, la tahona seguía su hacendosa labor entre panes, hogazas, empanadas y los afamados suspiros envueltos en la docena de catorce.

Tristeza en el espacio circundante de El Campu, palabras lastimosas en algunos y mucha incredulidad en todos. La fatalidad llega en el momento más inesperado y rompe de cuajo expectativas y deseos. Es la vida misma convertida en un sentimiento trágico de nuestros desvelos y adornada de sinrazón cotidiana. Un sentido irracional con la ira de la tragedia cabalgando sobre una grupa acomodada a nuestras espaldas.

Somos seres endebles y delicados sin la custodia angelical que desearíamos para soportar el día a día. Hoy somos felices con nuestro discurrir y mañana es otra jornada y otra circunstancia que desgarra nuestras ambiciones de personas sentidas y confiadas. Y Luisma, sin saberlo, fue el actor protagonista de una tragedia en un escenario fluvial y melodramático. La vida, en verdad, es dura y cargada de versos ausentes, amargos y tormentosos.

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