05 de junio de 2009
05.06.2009
Novela negra

Montes, incendios y traiciones

Alejandro M. Gallo reconstruye en Operación Exterminio los últimos episodios de la represión de los maquis asturianos

04.06.2009 | 02:00
Montes, incendios y traiciones

Sucedió en 1948. Entre enero y abril. La resistencia de los «cautivos» desapareció de los montes a sangre y fuego. La traición, la tortura y el asesinato acabaron con los pocos guerrilleros y «fugaos» que por aquel entonces sobrevivían en las sierras asturianas, a orillas del Nalón, las montañas desde las que malamente aquellos maquis hostigaban a los vencedores de la Guerra Civil. Franco se había instalado en El Pardo. Y empezaba la historia de un país fuera de la historia.


Alejandro M. Gallo (Astorga, León, 1962) novela en «Operación Exterminio» (B, 2009) la saca asturiana de comienzos de 1948, los cincuenta muertos a manos de los falangistas y de la Guardia Civil, aquella orgía de cadáveres que comenzó en las playa de La Franca, en Ribadedeva, y se le dio fin con el incendio del Pozu Funeres, en Laviana, la sima de treinta metros de profundidad a la que las brigadillas sediciosas arrojaron a veintidós militantes del PSOE y de la UGT que no delataron a los comandantes Mata y Flórez, los líderes de la guerrilla socialista.


La novela negra tiene la virtud de poder cobijar en su interior cualquier aspecto turbio del alma humana. La serie negra es la trastienda que alberga las sombras y la neblina que esconde la actualidad de jardines y bellezas. Y Alejandro M. Gallo ha decidido que sus ficciones den la vuelta al paisaje luminoso, a la claridad de la última línea del mar. Empezó en el negocio aprobando unas oposiciones. agente de Policía Local. Y, de ahí, a jefe. En Astorga. En Langreo. En Gijón. Tiene tres carreras universitarias. Y cinco novelas. La última es esta, Operación Masacre, que comienza con la infiltración de «El Francesito», el fascista que sirvió a Luis González Vincén, el jefe de los servicios de información de la Falange, el encargado de la represión del ejército rojo que, en el último parte de la Guerra Civil, estaba «cautivo y desarmado».


El género negro, por ser género, está al margen del canon cultural. O eso es lo que pasaba antes de que autores de relumbrón salvaran del Averno las historietas de amor de Corín Tellado, las historias desangradas de Dashiell Hammett. La vida al margen, presupuesta en la serie negra, se presentó en los salones bien. Y se empezó a presumir de negritud. Esto explica el éxito de Henning Mankell, de Stieg Larsson. Pero hay un paso más, una huida de los bajos fondos de las ciudades que guardan sus muertos en las alcantarillas. Gallo es de estos. Gallo escribe novelas negras, pero unas novelas cargadas de historias ocultas y cargadas también de ideología y reconocimiento. «En la serie negra se da un cruce de géneros de tal modo que ya no podemos hablar de novela negra canónica. Los escritores actuales quieren romper las alambradas que cercan este modo de entender la literatura: Juan Ramón Biedma mezcla negro y gótico; Domingo Villar, negro y costumbrismo; Pedro de Paz, aventura e intriga... A mí me gusta rescatar miles de historias que encierra nuestra tierra y que son desconocidas para el gran público. ¿Qué están teñidas de un entorno duro y politizado? Pues qué le vamos a hacer, ese mundo extinguido era así», admite el novelista. Ficción, pues, pero también memoria. Porque, en el fondo, Alejandro M. Gallo se ha empeñado en cerrar las heridas que abrieron los cuarenta años de represión. Y, en esto, sigue la estela de Larsson, el de Los hombres que no amaban a las mujeres, la novela de los cadáveres en el armario. Dejando de lado el lío inverosímil de los psicópatas bíblicos, Larsson habla del pasado nazi de la nación que se inventó el Estado del bienestar, los premios Nobel y a Olov Palme. «Para mí nada de nuestro pasado debe ocultarse. Soy de los que opina que hay que pasar página, pero antes hay que escribirla y leerla», sostiene Gallo. La memoria recuperada, ante todo.


Operación Exterminio se presentará en la próxima «Semana negra». Gallo comenzó a medirse en la literatura hace apenas cinco años: Asesinato de un trotskista (Madú, 2004); Una mina llamada Infierno (Laria, 2005); Caballeros de la muerte (Laria, 2006) y La última fosa (Laria, 2008). Ha creado al inspector Ramalho da Costa, una ficción al que se le aguarda una larga vida entre las sombras. Gallo se ha metido a guionista de cómic. Se mueve ligero por los géneros pulp.


Ficha ahora por Ediciones B. La historia de los últimos maquis saltará el Atlántico. En México, Colombia, Chile, Venezuela y Argentina se leerá el último y sangriento episodio de la represión en Asturias, la mecha que provocó las primeras concentraciones internacionales en repulsa del régimen de Franco. Treinta años después, el Caudillo ni se inmutó cuando firmó sus últimas penas de muerte. ¿Sirve de algo la literatura? «Para cambiar el mundo se necesita un gran motor de cuatro tiempos formado por hombres y mujeres con ganas de dar el gran asalto a los cielos, no literatura. Lo que ocurre es que la literatura puede desanudar un poco este mundo tan enmarañado», concluye el novelista.

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