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Literatura

Espido Freire: "Un día no pude levantarme de la cama. No me obedecía el cuerpo"

La depresión es el eje sobre el que gira la nueva novela de la escritora bilbaína, 'De la melancolía', una enfermedad que ha sufrido en primera persona

Espido Freire habla 'De la melancolía' en su nuevo libro.

Espido Freire habla 'De la melancolía' en su nuevo libro.

Espido Freire (Bilbao, 1974) regresa a la ficción para presentarnos una historia construida con mimbres reales. 'De la melancolía' habla de la desesperanza individual y colectiva, de las heridas abiertas de la crisis y del sentimiento de un futuro aciago. Del tabú de la depresión, una enfermedad que esta escritora confiesa haber padecido en primera persona. Y del amor, alejado de su modalidad romántica y entendido en su plenitud, para salir del pozo sin fondo de la tristeza.

Hace dos décadas que presentó su debut 'Irlanda' (1998), por la que fue galardonada con el Premio Millepage -otorgado por los libreros franceses a la novela revelación extranjera- y un año después se convirtió en la ganadora más joven del Premio Planeta con 'Melocotones helados'. Premio Ateneo de Sevilla en 2007 con 'Soria Moria' y el premio Azorín en 2017 con 'Llamadme Alejandra', es también autora de cuentos, novelas juveniles y libros de poemas, así como columnista en diversos medios de comunicación.

Precisamente, recuerda, "durante los años más agudos de una crisis, de la que no estoy tan segura que hayan pasado todos sus efectos, hubo una dramática sucesión de cierres de medios de comunicación. Con ellos se fueron muchas veces voces críticas y se perdió una visión lateral de lo que estaba pasando que fue sustituida por una visión cargada de ideología". Desde entonces, explica, llevaba clavada una "espinita" ante "esa posibilidad negada de hablar de lo que a mí me importaba en aquellos años. De hablar del empobrecimiento generacional del país y de la creación de bandos: del de la generación más joven frente a una generación mayor, de extranjeros frente a nacionales, de a los que les fue bien y a los que les fue mal... Y eso, que es lo que nos ha acabado dejando la crisis, es lo que se adivina en las páginas de esta novela".

"La crisis económica ha supuesto un cambio de vida, un desgarro social, una pérdida de confianza en uno mismo y en los demás"

-En este nuevo libro, 'De la melancolía', sacas a relucir las heridas que nos ha dejado a todos la crisis, ¿crees que siguen abiertas a día de hoy?

-Sí, porque no es tanto la cuestión de que la crisis económica se haya arreglado o no, sino que ha supuesto un cambio de vida, un desgarro social, una pérdida de confianza en uno mismo y en los demás. Fue un golpe que no afectó exclusivamente a las clases que estaban más expuestas, como había pasado en otras crisis, sino que afectó desde a la clase más desfavorecida, hasta a algunas personas que llegaron a perder fortunas. Demostró nuestra endeble fragilidad.

-¿Hay posibilidad de reparación?

-No, porque el trabajo que debería haber sido colectivo, ha sido individual. El discurso interno que cuentan quienes han dejado atrás los problemas económicos es que lo han superado por sus propios medios y que quienes no lo han superado es porque no se han esforzado lo suficiente. Entonces, lejos de crear una cohesión mayor, se genera una indiferencia mayor, una falta de esperanza entre los más jóvenes, un cambio de valores... y eso, a mi juicio, está totalmente arraigado. Ya no hay vuelta atrás. Y no se puede remediar porque no se detecta como un problema.

-¿Crees que se ha llegado a normalizar?

-Claro, es consecuencia de una sociedad en la que si eres tratado como un ciudadano adulto, lo eres con todas las consecuencias. Lo que ocurre es que eso es tramposo porque en realidad ahora mismo no depende de que alguien se recicle, no depende de sus propias fuerzas, depende de que se den ciertas circunstancias y un tejido económico y social. Y eso ni se dio en su momento, ni se está creando ahora, ni tiene pinta de crearse en un futuro inmediato. Al contrario. Estamos centrados en la máxima productividad, en el resultado. Todo lo que no produzca un beneficio inmediato, entre otras cosas la cultura, queda de lado, aparte.

-Es también una novela donde hay mucho amor, entendido, eso sí, en su forma más pura, ¿es ésta la medicina que puede curar nuestras heridas?

-Sí, estaba tan cansada ya de leer novelas románticas que me apetecía hablar de otros tipos de afectos, que son tan o más relevantes, sobre todo cuando se pasa por una situación como la de Elena, la protagonista, en la que el amor romántico que te has empeñado en construir se destruye por completo cuando la abandona Sergio, la pareja con la que lleva más de veinte años. Entonces, te queda todo aquello a lo que antes dabas migajas: las amigas, la familia, el vecino de enfrente que es un señor mayor que te necesita... ese tipo de cosas. Creo que en una sociedad más madura, sensata y realista, prima el enlace humano. Lo demás es un acto de narcisismo.

"Hay una falacia muy perversa con respecto al cuerpo, en particular con respecto al cuerpo femenino, que es que se transforma a tu voluntad"

-Abordas también el tema de la maternidad y las distintas maneras de tratar de llevarla a cabo, aunque a pesar de tener todos los medios posibles hay veces que no es posible y debemos aprender a aceptarlo.

-Claro, es que hay una falacia muy perversa con respecto al cuerpo, en particular con respecto al cuerpo femenino, que es que se transforma a tu voluntad, de que sólo hay que desearlo mucho. Si eres delgada puedes engordar, si eres gorda puedes adelgazar, puedes aumentar determinadas partes... todo es cuestión de voluntad y de dinero. Y con la maternidad, que emana del cuerpo, pasa lo mismo. Se trata de una proyección neurótica de control, pero el cuerpo no funciona así y la maternidad tampoco.

Cuando hay una situación adversa, que puede ser la edad o la genética, hay gente que sigue adelante porque ser padre o madre se convierte en una obsesión en sí misma. Ya no es importante el ser padres, sino que es importante conseguirlo. Y me resulta particularmente desgarrador porque hablamos de crear otros seres.

Romper el tabú de la enfermedad mental

-A través de la melancolía de la protagonista, construyes un retrato de la desesperanza social. Elena cae en una profunda depresión, ¿por qué crees que sigue siendo tabú esta enfermedad?

-Se presenta un tabú cuando nos damos cuenta de que de forma inconsciente cambiamos el tono de voz, empleamos una perífrasis o sustituimos una palabra por la otra, hablamos de 'tristeza' en lugar de 'depresión'. La palabra 'melancolía' tiene un peso mayor y es más arcaica que 'tristeza', pero los antiguos hablaban del 'carácter melancólico' para referirse a lo que ahora llamamos un 'proceso depresivo', así que en el fondo hablamos de lo mismo, de por qué de pronto te asalta un humor negro, de por qué te conviertes en una cáscara vacía, en alguien que está devorado por dentro por una inquietud, un pensamiento obsesivo que te provoca incapacidad para moverte.

-Aunque no es una historia autobiográfica cuentas que tú también has sufrido depresión.

-Sí, y precisamente como para mí no es tabú, es tan interesante que para otra gente sí lo sea. Hay gente que habla con absoluta normalidad de ello, pero otra gente no es capaz de hablarlo. Lo mismo que hay otros tabús que se han ido solventando, creo que en el tabú de la enfermedad mental se va avanzando poco a poco. Y si la literatura, que es perdurable en el tiempo, puede participar de eso, imagínate a la gente a la que puede ayudar.

-... para que sientan que no están solos y que no es culpa suya.

-Sí, porque uno no tiene la culpa de estar enfermo. Uno no tiene una depresión que no te permite salir de la cama porque ésa sea su voluntad y eso es una de las partes más difíciles de explicar. En mi entorno había habido casos de depresión, entonces no tuve que explicarlo, sino entenderlo. De pronto viví en mis propias carnes esa pesadilla y pensé "¡Qué desconsiderada he sido, qué ignorante y qué falta de empatía he tenido!".

-¿Cómo identificaste la aparición de esta enfermedad?

-Llevaba ya tiempo con dolores de cabeza, insomnio, mucha ansiedad... y un día no pude levantarme de la cama, literalmente. No me obedecía el cuerpo. Sufrí un colapso físico.

"En mi entorno había habido casos de depresión, entonces no tuve que explicarlo, sino entenderlo. De pronto viví en mis propias carnes esa pesadilla"

-En las páginas de este libro explicas la depresión de forma muy gráfica.

-Sí. La novela está muy cuidada a nivel lingüístico. A través del lenguaje de lo que se desmorona, lo que se derrite, lo que se transforma... he intentado que literalmente sientas qué es lo que está sintiendo Elena y eso sólo se puede sentir si lo has experimentado en primera persona o si no a través de ese tipo de imágenes. No hay otra forma. Cuando saltas al otro lado y la enferma eres tú es cuando empiezas a entender cosas. Pero ojalá no haga falta saltar al otro lado y que valga sólo con leer la novela.

-La novela tiene un mensaje esperanzador, pero ¿hasta qué punto tenemos que tener esperanza? Dicen que se avecina una nueva crisis económica...

-Sí, justo saltó la noticia el día en el que salía la novela. Al enterarme se me cambió la cara. No es sólo que sea demasiado pronto, es que no nos hemos recuperado todavía, porque la recuperación se puede hacer de dos maneras. Por un lado, reparando lo roto; por otro lado, previniendo con infraestructuras y un tejido que nos permita que el impacto se amortigüe si volvemos a caer. Pero tengo la impresión de que no se ha realizado ninguna de las dos cosas, entonces quiero creer que todavía tenemos un margen de tiempo para poder evitarlo. Si no es así, me gustaría que por lo menos no nos vuelvan a mentir de la manera en que lo hicieron la vez anterior.

-¿Necesitamos un proyecto político serio y estable?

-Claro, pero los políticos no están a eso. Su preocupación se encuentra en el reparto de poder, en las aduanas que hay que pagar para conseguir ese poder, y sobre todo, en sustituir la realidad por la ideología.

-Pero eso es muy peligroso...

-Claro, porque si logran convencer a los demás de que nosotros tenemos la razón, si ocurre algo malo nunca será culpa nuestra, será de otros, de la otra facción, de otro partido político, del vecino territorial o de los refugiados sirios y precisamente es eso lo que necesita una crisis para convertirse en otra cosa. En la crisis anterior, en cambio, nos dijeron que todos éramos culpables.

-Nos acusaron de vivir por encima de nuestras posibilidades...

-Sí. Nos dijeron que la responsabilidad era de las personas que habían intentado invertir su dinero en lo que hasta ahora había sido estable, que habían seguido los consejos de asesores bancarios, me pareció una perversidad enorme. Y no lo he perdonado. Ahora, en el momento en el que hay una cierta recuperación, queremos olvidar rápidamente. Y en el momento en el que se olvida también se diluyen las responsabilidades. ¿Qué ha pasado con la deuda del rescate a los bancos? ¿Y con la corrupción? ¿De verdad que los responsables éramos nosotros?

Ahora el discurso ha cambiado y los responsables no somos nosotros, sino los otros, y eso es aún más peligroso. Están intentando provocar una sociedad fragmentada. Ya hemos tenido ejemplos de ello en Europa y en Estados Unidos, en tiempos más lejanos y más cercanos, y el resultado es desastroso. Seguir esa senda es peligrosísimo y a mí lo que me preocupa no es tanto una nueva crisis con los efectos de una crisis en sí misma, sino todo lo demás, aunque espero que no haya nueva crisis y que dentro de unos meses estemos riéndonos de esto, ¡ojalá!

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