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tinta fresca

Dentro de las “Sombras”

Eva Monzón se adentra en el mundo de las sectas con un juego de espejos absorbente y complejo

Cultura - Libros

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Eva Monzón ilumina en la novela “Sombras” el inquietante mundo de las sectas. Una historia con drama final que sirve para empezar la trama. La autora tenía claro al plantear su relato que “solo sabremos qué y por qué ha sucedido cuando terminemos de leer los fragmentos, aparentemente sin orden cronológico, con los que está escrita. Son ellos los que, al unirlos, nos desvelan el porqué de todas esas muertes”. La novela aborda “la manipulación del ser humano y de su necesidad de serlo. De cómo todos nos situamos en la posición que más nos acople, ya sea la del manipulador o la del manipulado, pero también del intercambio de esas posiciones”.

La estructura de Monzón es “como un juego de espejos, que siempre nos lleva al principio del drama, uno que se sabe nada más empezar, y al que se le van añadiendo sucesos que irán dando la información necesaria para entender qué sucedió. Es una novela hecha de retazos aparentemente desorganizados en el tiempo pero que, como piezas de un puzzle, todos tienen parte de la información que dará significado a esa realidad”.

Una narración construida por la autora a partir de distintas capas, “diferentes ángulos para enfocar mejor lo que cuenta. Por un lado, está la secta con las distintas historias de sus miembros más antiguos, lo que estuvieron ahí desde el principio, antes de ser una comunidad. Y por otro, las historias de quienes la levantaron, los que la crean”.

Otro de sus ángulos está “en quienes lo investigan a lo largo del tiempo, y quienes lo mediatizan, creando un circo más que una noticia. Y como nada sucede en el vacío, las vidas de las gentes del pueblo donde se establece la secta son parte necesaria para comprender esos muertos”. “Sombras” entra y sale de las vidas y acciones de cada uno de los personajes implicados en el drama, “ya sea directa o indirectamente. Todas esas vidas están conectadas entre sí, porque las consecuencias de sus acciones son las que crean ese final, como docenas de aleteos de mariposas provocando huracanes”.

Cada vida que se cuenta en el trabajo de Monzón “es parte responsable de esas vidas muertas. Y es el lector quien va uniendo las piezas que, aunque siempre lleven al principio, jamás dejan de aportan algo más para comprender qué les ocurrió”.

Es, en fin, un complejo mosaico “disperso entre el tiempo y el espacio acotado por la muerte de los componentes de una secta, nada memorable, que solo tuvo su momento de gloria justamente por ese final”.

Las acciones, sostiene la escritora de obras tan estimulantes como “Errantes” y “El día a día”, “siempre tienen consecuencias, y si juntas muchas, todas dirigidas hacia el mismo momento y lugar, lo que sucede suele ser notorio. Para bien o para mal”.

Cubierta del libro

Cubierta del libro

Sombras

Eva Monzón

Dauro, 267 páginas, 18 euros

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