Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista
Ginés García Millán Actor

"Las noticias nos cuentan lo que pasa, pero el arte nos ayuda a entender los porqués"

El intérprete acaba de estrena en cine la adaptación cinematográfica de 'El comensal', novela autobiográfica de una joven cuya familia cargó durante años con el peso de la muerte de su abuelo a manos de ETA

El intérprete lumbrerense Ginés García Millán, que acaba de estrenar ‘El comensal’.

Asus 57 años, Ginés García Millán (Puerto Lumbreras, 1964) vive uno de los mejores momentos de su carrera. Y es que ni siquiera la covid le ha apartado de las cámaras más allá de lo estrictamente necesario... Por supuesto, eso se traduce en estrenos como el de la tercera temporada de la exitosa serie de Netflix ¿Quién mató a Sara?, que el pasado día 18 puso el punto final (oficialmente) tras un año teorizando sobre la identidad del dichoso asesino. Además, este viernes vio la luz en un buen puñado de cines españoles –en la Región solo nos queda esperar– la última película de Ángeles González-Sinde, con la que regresaba a la dirección tras más de una década para levantar la adaptación de El comensal (2015), novela autobiográfica de Gabriela Ybarra que narra las secuelas que supuso para su familia el asesinato, a manos de ETA, de su abuelo paterno, el empresario y político Javier de Ybarra, en el verano de 1977. El murciano, por supuesto, ocupa un papel protagónico en el filme. Así que de todo ello y de sus próximos proyectos –que son muchos e interesantes– hemos querido hablar con él.

Acaba de estrenar la tercera temporada de ¿Quién mató a Sara?, la película El comensal... Supongo que está viviendo días moviditos; aunque, bueno, más ajetreados debieron ser los meses previos, con tanto rodaje...

Pero lo prefiero mil veces a las promociones [Ríe]. Es agotador...

¿Más que los rodajes?

Sí. Piensa que esto es algo que ‘hay que hacer’, pero a mí lo que me gusta es estar en un set, rodando.

"La historia de César Lazcano debe terminar aquí. Necesitamos descansar los dos: él de mí y yo de él, porque es un papel que exige mucho"

decoration

Entonces estará contento, porque prácticamente no ha dejado de trabajar desde que empezó la pandemia... Los estrenos que mencionaba antes lo demuestran.

Sí. Me siento un afortunado, la verdad. Paré cuando no hubo más remedio. La pandemia me pilló en México rodando la primera temporada de ¿Quién mató a Sara?, y no tuve más remedio que regresar... Pero enseguida pude volver para grabar la segunda, después enganché con El comensal –de nuevo, en España– para, finalmente, volver a cruzar el charco para trabajar con Alfonso Albacete en La novia de América y seguir con la última tanda de episodios de la serie, que, efectivamente, acaba de ver la luz. En definitiva, que disfrutando mucho (a pesar de las circunstancias).

De hecho, ¿Quién mató a Sara? ha sido un proyecto casi que 100% pandémico. Como ha dicho, se comenzó a grabar en 2020, se estrenó en 2021 y acabar de alcanzar su final hace unos días, ya en 2022. Porque... damos la serie por cerrada, ¿no?

[Ríe] Tal y como están las cosas en el mundo de la televisión, nunca se sabe. Pero sí, oficialmente esta es la temporada final. Y yo creo que está muy bien que así sea, que hayamos cerrado esta historia. Porque a veces en este mundillo pecamos de estirar demasiado el chicle... Creo que con ¿Quién mató a Sara? hemos cumplido con creces: ha sido una tremenda alegría y un orgullo para todos haber participado en esta producción, pero ya hemos superado esta etapa y es el momento de iniciar otros proyectos.

Es cierto que a veces hay series que, motivadas por sus cifras de audiencia, se acaban alargando más de la cuenta y eso termina quizá por enturbiar el resultado final...

Hombre, es que si alguien hace algo que da resultados es lógico que quiera aprovecharlo al máximo (a veces con más acierto y otras con menos). Pero es comprensible. No obstante, lo que te decía: está bien que las cosas acaben, y que lo hagan para que esa misma gente pueda desarrollar nuevas propuestas aupada por el éxito de ese proyecto anterior. Porque, evidentemente, si triunfas con una película o una serie luego tienes las cosas más fáciles para seguir.

No sé si me va a querer responder, pero por ahí se habla mucho de la posibilidad de que ¿Quién mató a Sara? dé lugar a un spin-off, y de que igual César Lazcano [a quien interpreta García Millán] es el personaje idóneo en el que centrarse. ¿Usted cómo lo ve?

[Ríe] Bueno, como la serie tiene tantos fans es lógico que se hable de este tipo de cosas, y de que ellos hagan sus peticiones y muestren sus preferencias. Evidentemente, César Lazcano es un personaje muy querido por la gente que ha seguido esta historia y soy consciente de que a muchos les gustaría verle de nuevo en pantalla. Pero yo creo que su vida se tiene que terminar aquí. Necesitamos descansar los dos: él de mí y yo de él, porque es un papel que exige mucho.

Por cierto, en estos últimos episodios ha tenido la oportunidad de compartir escenas con Jean Reno, que ha sido el gran fichaje de Netflix para esta tercera parte de ¿Quién mató a Sara? Cuénteme, ¿qué tal con él?

Pues muy bien, la verdad. Lo único que me pesa es que nuestros personajes no hayan tenido más relación para haber podido compartir más momentos ante la cámara, pero tuve la oportunidad de pasar mucho tiempo con él durante el rodaje. Pasaba mucho por su roulotte [caravana] y hablábamos de la vida, de la profesión, me contaba anécdotas de sus inicios, casualidades, el cómo llegó a esta o a la otra película... También me llamaba mucho para pasar [repasar] su texto, para ayudarle a mejorar su castellano. Me pareció un gran tipo. Me reí mucho con él y me pareció además una persona tremendamente humilde y generosa.

Y ahora quiero preguntarle por González-Sinde, que ha vuelto a la dirección 14 años después. Lo ha hecho con El comensal, en la que interpreta un papel principal. ¿Cómo ha sido trabajar con ella?

También ha sido una gran experiencia. Ángeles es una directora muy tranquila; además, sabía perfectamente lo que quería (y eso siempre ayuda). De hecho, estaba empeñada en hacer esta historia: fue ella la que le pidió a la productora –que ya era dueña de los derechos del libro– que la dejaran dirigir la adaptación. Después contactó con Gabriela Ybarra [la autora del libro] y enseguida llegaron a un acuerdo porque entendió que, por su trayectoria y por su manera de entender El comensal, era la directora idónea. Y lo cierto es que el otro día tuvimos la premiere y creo que gustó a todas las partes; desde luego, nosotros estamos muy contentos. Sobre todo porque logramos una cosa que entendíamos como muy importante y que era no traicionar el espíritu tan especial de la novela. Porque, pese a tocar un tema tan sensible, lo hace desde una honestidad brutal y con una sencillez increíble; y es compleja, ¿eh?, pero, a la vez, apabullantemente sencilla.  

El suyo es un papel... difícil, muy duro. Interpreta a un hombre que tiene que cargar con dos pesos tremendos a sus espaldas y que apuesta por interiorizar, por no hablar de ello. Hábleme de él, de Fernando.

Él es un hombre serio, discreto; una persona que guarda muchas cosas en su interior, especialmente el dolor por la muerte de su padre, asesinado por ETA. Cuando esto ocurrió, tuvo que tomar las riendas de su familia y optó por el silencio. Porque la vida sigue y había que tirar hacia delante, por el bien de todos. Pero es evidente que aquello le marcó: un suceso así, inevitablemente, marca tu personalidad. Además, luego tiene que enfrentarse a la muerte de su mujer y a su propia hija (Iciar en la película), que le exige saber qué pasó, de dónde vienen todos esos silencios, ese ‘no decir’. Ella no entiende por qué su padre no muestra sus heridas, cuando entiende que esa sería la única manera de poder curarlas, de sanar. Esa contraposición, el choque entre esas dos formas de ver la vida (las de Fernando e Iciar), es muy interesante, especialmente al tratarse de una relación paternofilial.

¿Usted también es de guardarse los traumas para sus adentros o es más de compartir sus cargas con sus seres queridos?

Pues depende de las circunstancias. Es que el contexto es muy importante... Cuando asesinan a tu padre (año 1977), Fernando vivía en Bilbao y enseguida tiene que marcharse de allí con toda su familia porque estaban amenazados de muerte. Él vivió (Enrique, en la vida real) toda su vida con escolta, y entendió que la mejor forma de proteger el mundo que le rodeaba, a sus seres queridos (en los que encuentra las razones para seguir adelante), era no hablar de ello. Pero como tanta otra gente en el País Vasco. Sin embargo, su hija no vivió aquello; su contexto es otro. Ella no conoció a su abuelo, pero sabe que aquello ha hecho mucho daño a su familia y quiere entender. En la premiere vimos a mucha gente emocionada porque ha vivido este tipo de situaciones en sus propias carnes. En cualquier caso, esta es una historia que nos toca a todos. A mí la novela me conmovió, porque aquellos años marcaron a todo el país, están en nuestra memoria colectiva. Sin embargo, creo que lo maravilloso de este libro es que, pese a que habla de la muerte y del dolor causado por ETA, es una obra luminosa, sanadora, porque si algo predomina en el texto (y creemos que en la película) es un deseo de curar.

"Pese a habla de la muerte y del dolor causado por ETA, ‘El comensal’ es una obra luminosa, sanadora"

decoration

En la película, usted interpreta a Fernando en la actualidad (bueno, en 2011), mientras que Fernando Oyagüez es quien le da vida a su personaje cuando su padre es secuestrado con ETA, más de 30 años antes. A la hora de afrontar un papel así, ¿hay que hacer algún tipo de puesta en común? Me refiero a que, dado que encarnan a la misma persona (aunque en momentos distintos), no sé si acordaron previamente una líneas maestras sobre las que levantar el personaje o...

Desde luego, ese era uno de los retos de este proyecto. Porque somos dos actores muy diferentes (incluso físicamente) y estaba por ver si éramos capaces de interpretar los dos al mismo personaje. Y, fíjate, en los ensayos previos –que no fueron muchos, pero estuvieron muy bien aprovechados–, decidimos que, más que imitar, que poner en común ciertos gestos o actitudes, íbamos a priorizar el entender a Fernando y sus emociones. Además, se da la circunstancias de que luego en lo personal coincidimos mucho [Oyagüez y él], en gustos, lecturas..., y creo que, por ahí, casi sin quererlo ni pretenderlo, incluso sin saber, surgieron gestos que eran idénticos. La magia del cine [Risas].

Parece que en los últimos años, el cine, las series y también la literatura están hablando cada vez más de esos 40 años de terror. ¿Por qué? ¿Puede ser sinónimo de que estamos empezando a cerrar la herida (aunque la cicatriz perdure)?

Yo creo que sí, absolutamente. Siempre hay gente que pretende vivir toda la vida con rencor, pero creo que eso no ayuda a hacer de este un país mejor. Y sí, de un tiempo a esta parte parece que el buen cine y la buena literatura están intentando cerrar esas heridas a su manera. Sobre todo porque ya ha pasado un tiempo y las cosas se pueden contar y ver con mayor perspectiva. Cuando están ocurriendo los hechos, las noticias nos cuentan lo que pasa, pero cuando somos capaces de llevar todo eso al terreno del arte, las implicaciones son otras. Un libro o una película nos pone frente al espejo y nos acerca a las personas, nos coloca en lugar de los protagonistas, nos ayuda a comprender las razones de lo que hacen y a identificarnos con su dolor, y eso es algo maravilloso que solo ocurre con el arte.

Antes de comenzar esta entrevista me decía que acaba de llegar de un rodaje. ¿En qué anda metido actualmente?

Pues vengo de rodar con Jaime Chávarri, que ha vuelto a la dirección 17 años después para llevar al cine otro libro, en este caso, Ávidas pretensiones (2014), de Fernando Aramburu. Solo te puedo decir que la película no va a ser tan amarga como la novela. Y acabo de terminar La novia gitana, de Paco Cabezas.

Compartir el artículo

stats