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Sciascia o el libro de los libros

Una antología recuperada, hasta ahora inédita en español, incluye los paratextos del escritor de Racalmuto en su etapa como editor en Sellerio y fruto del empeño en hacer perdurable una memoria literaria y culta

Ilustración de Pablo García.

Leonardo Sciascia (1921-1989), cuando era maestro en una escuela primaria de Regalpetra, escribió en una carta a un contemporáneo que la infelicidad es una condición necesaria para la inteligencia y que nadie es feliz excepto los imbéciles más prósperos. Sin embargo, aunque la timidez y su proverbial reserva podían hacerlo parecer sombrío, era una persona feliz cuando hacía libros. La escritura y la edición constituían un antidepresivo para el gran autor siciliano, silencioso, que se refugiaba detrás del humo de los inevitables cigarrillos. "La felicità di far libri" es precisamente el título que acompaña a su última obra rescatada, un libro de libros de los demás que fue componiendo durante años, producto de su discreto y eficaz trabajo para Sellerio. Ahora ve la luz traducido al español, tras haberse reeditado en 2019 con motivo del trigésimo aniversario de la muerte del autor y coincidiendo, además, con el quincuagésimo de la exquisita editorial palermitana.

Se trata de una hermosa obra, a cualquier efecto el retrato de un momento histórico preciso, que cubre las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado. Incluye los marcapáginas, las solapas de las portadas, las notas del editor, las advertencias: en definitiva, buena parte del trabajo editorial realizado por Sciascia. Son las series tituladas: "La felicidad perfeccionada", "La memoria", "Cuadernos de la Biblioteca siciliana de historia y literatura", "La diagonal", "Fuera de colección" y otros dos proyectos más, "El tedio y la ofensa", acerca del fascismo y los escritores sicilianos, y "De las cosas de Sicilia", cuatro volúmenes con los textos inéditos o simplemente raros por los que Sciascia sentía una especial predilección. Toda una biografía del género literario de los paratextos, como escribió el recientemente desaparecido Roberto Calasso, editor, a su vez de la obra completa de Sciascia en Adelphi.

Dentro de la variedad se puede percibir en las páginas de este libro un todo único que retrata una forma de trabajar y de entender el trabajo editorial que hoy parece haber desaparecido. Las notas, las cartas y las puntualizaciones de Sciascia son precisas y dosificadas en la información que ofrece en las solapas. Breves, pero completas, están escritas conscientemente para ser el primer contacto del lector con el texto. Tienen una intención persuasiva y descriptiva; invitan a leer, no a comprar, y puede que ahí resida la diferencia con la forma de editar actual. Además de información general, establecen paralelismos, brindan la referencia donde el editor, Sciascia, sospecha que el autor es desconocido para los lectores. Él mismo las convierte en crónicas contextualizadas y críticas de cada libro, incluso cuando se trata de uno suyo que no le incomoda desdeñar frente a los elogios de ilustres periodistas, al referirse a Eugenio Scalfari y a Indro Montanelli, que auguran lo mejor en "El caso Aldo Moro" sin haberlo leído aún.

La página de presentación fue el campo de entrenamiento literario de Sciascia, aquel donde supo ejercitar la brevedad, la densidad y la seducción de una pasión erudita. Y como les sucede a los escritores que viven del trabajo entre libros, que hacen de la lectura un oficio, la frontera entre lo propio y lo ajeno pronto deja de existir. Todos los libros parecen pertenecerle por idéntica razón. Este que nos ocupa, publicado en su versión española por Kultrum, un volumen póstumo, es un "longseller", de acuerdo con la definición de Manganelli de aquellos textos recobrados que dejan sin aliento cuando vuelven a la luz. También, al mismo tiempo, una muestra del fino paladar, la viveza intelectual y la contribución del escritor de Racalmuto a la historia cultural italiana, extendida a la editorial de su amiga Elvira Sellerio. Casi siempre la intuición acude en las últimas líneas de esas notas de solapa que guardan profundo respeto al lector ofreciéndole pistas seguras sobre lo que tiene en las manos, como cuando Sciascia apunta con ironía a que un Verga diferente, el de "Le estorie del castillo di Trezza", le ha dado a Vincenzo Consolo la ocasión de escribir una nota crítica, singular y precisa a la vez. En el caso de Maria Messina, a la que define como "una Mansfield siciliana"; o en el de Domenico Campana capaz, según él, de combinar Hawthorne con la metáfora gattopardesca de Lampedusa. En una de las solapas sobre Gesualdo Bufalino, su gran amigo y descubrimiento tardío, cuenta cómo "Perorata del apestado", que en España publicaría Anagrama, está escrita en los años de "la glaciación neorrealista" y que solo el transcurrir del tiempo permite que llegue a la imprenta "en una época menos gélida, mas suelta y más libre para que sea justamente apreciada". Claro que para ello hubo antes que rescatarla del cajón donde el autor, reacio a darse a conocer y publicar, la había escondido.

Como abundan los textos concisos, sobre esta antología gravita la venerada brevedad que la escritora catanesa adoptiva, Giovanna Giordano, su díscipula, recuerda de la experiencia vivida con Sciascia. Por ejemplo, aquella vez que le dijo que para contar una historia podía emplear trescientas páginas o treinta, y que ella misma eligiese. Eran palabras del maestro de la estilográfica Waterman con pluma de oro, devoto del siglo XVIII, de Voltaire, Manzoni y Stendhal. Sciascia recordaba con una sonrisa la anécdota de Lampedusa que le presenta a Proust a su primo de esta manera: "Hay un escritor que para pasar de un cuarto a otro utiliza diez páginas…". No soportaba los párrafos largos y estirados, y ese era uno de los motivos por los que se sentía satisfecho escribiendo paratextos en las solapas, recuerda Giordano en uno de los prefacios de esta antología suprema del trabajo editorial. En otro, Salvatore Silvano Nigro, responsable de la edición, destaca el empeño de Sellerio en las colecciones destinadas a perdurar en la memoria, para no tener que olvidarse de ciertos autores, textos y hechos, "vagando entre lo mal conocido, lo poco conocido y lo desconocido". Consciente de que editar un libro era un acto de crítica, Sciascia observó a través del mundo y el mundo a través de los libros. Nadie al que estos le gusten debería pasar por alto esta preciosa biografía editorial, que encierra una íntima y contagiosa felicidad literaria.

La felicidad de hacer libros

Leonardo Sciascia 

Traducción de Celia Filipetto

Libros del Kultrum, 344 páginas, 22 euros

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