09 de febrero de 2012
09.02.2012

Madera de coleccionista

Carlos Rivas ha reunido en su casa 250 raquetas históricas, alguna del año 1890

09.02.2012 | 01:00
Carlos Rivas sujeta dos de sus raquetas más antiguas delante de la vitrina con todas las piezas de su colección.

Misiego (Villaviciosa),

Mario D. BRAÑA

La tienda de su padre en Oviedo, Deportes Rivas, fue el punto de partida de una inquietud que ha derivado casi en la obsesión propia de los coleccionistas. En el caso de Carlos Rivas se concreta en 250 raquetas de madera, alguna tan histórica que data de 1890. El tenis le lleva buena parte del tiempo libre que le deja su trabajo como fisioterapeuta en el Centro Médico de Oviedo. Porque, al margen de su «hobby», Rivas es campeón de Asturias de veteranos y directivo de la Federación Asturiana.


«El tenis es mi propia medicina», explica Carlos Rivas, acostumbrado desde pequeño a moverse en un ambiente deportivo. Su padre, Carlos Rivas, practicó varias modalidades, con especial éxito en el tenis y el piragüismo. Rivas junior, o Charly, como le conocen sus más allegados, siguió la tradición, primero como un simple entretenimiento y a partir de los 17 años ya más en serio, coincidiendo con su estancia en Estados Unidos para cursar COU.


Charly reforzó su vinculación con el tenis durante su etapa universitaria, ya que se proclamó subcampeón universitario de la Comunidad de Madrid, además de dar sus primeras clases como profesor. Su admiración por leyendas como Ilie Nastase o Bjorn Borg le llevó a interesarse por las raquetas de su colección que vendía su padre en la tienda. Hace cuatros años, con una veintena de piezas que tenía por casa, se planteó iniciar una colección más ambiciosa.


Tras conseguir algún ejemplar histórico de personas cercanas, Charly dio el salto definitivo al recurrir a las enormes posibilidades que concede internet. A través de la red empezó a adquirir raquetas de madera, especialmente en Estados Unidos. La mayoría son de la década de los 60, 70 y 80 del siglo pasado, pero también se hizo con auténticas joyas, como una del año 1890, de la marca James Grose, con un curioso mango con forma de cola de pescado («fish tale»).


Carlos Rivas guarda sus 250 joyas en la casa familiar de Misiego (Villaviciosa), poniendo especial cuidado en proteger las raquetas de la humedad y de la polilla, los grandes enemigos de la madera. Charly está satisfecho con su colección, por la que ya ha recibido alguna oferta, y tan sólo se plantea mejorarla en caso de encontrar piezas muy especiales. Es un enamorado de las raquetas de madera, símbolos de un tiempo en el que el tenis se jugaba más «de muñeca», a diferencia de las actuales, elaboradas con materiales que priman la potencia.


Como buen aficionado al tenis, además de las obligaciones de su cargo en la Federación Asturiana, Carlos Rivas espera disfrutar de la primera eliminatoria de Copa Davis que se disputa en Oviedo. Charly considera que la presencia de jugadores como Almagro y Ferrero garantiza un buen espectáculo. Está convencido de la clasificación de España para la siguiente ronda, pero lanza un aviso contra el exceso de confianza: «Kazajistán tiene a Kukushin, que acaba de llegar a dieciseisavos de final en Melbourne y a principios de año le ganó un set a Murray».


Admirador de históricos como Ivan Lendl y Thomas Muster, ahora se queda con Federer y Nadal. ¿Y Djokovic?: «Es una estrella emergente».

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