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El veterano que llevó a Luis Enrique a La Masía

Isidoro Sánchez, histórico del Ensidesa y ojeador del Barça en los 80, recuerda que el club catalán rechazó al asturiano

Junto a Luis Enrique y a Emilio Gutiérrez, en Barcelona, en enero de 1988.

Junto a Luis Enrique y a Emilio Gutiérrez, en Barcelona, en enero de 1988.

Tres décadas después, Isidoro Sánchez recuerda el párrafo de cuatro líneas, redactado a máquina con tinta negra, que podría haberle cambiado la vida. Era una carta en la que se le daba permiso, como ojeador del Barcelona en el Norte de España, para llevar a un chaval de Gijón de fuerte temperamento a realizar una prueba para La Masía. Isidoro Sánchez no olvida la última semana de enero de 1988 en la Ciudad Condal ni como en el avión de vuelta a Asturias le explicó a un tal Luis Enrique Martínez García que el Barça le había rechazado.

Isidoro Sánchez hoy es un amable veterano de 76 años, que guarda esa carta del Club Deportivo La Braña como si hubiera acertado el boleto premiado de la lotería, pero en el día equivocado. Una sensación que tuvo más veces en su vida. Por ejemplo, cuando el servicio militar le privó de hacer carrera como futbolista en París, en un equipo de Tercera, que era filial del Stade Française, que por aquel entonces estaba en la Primera División de Francia.

"La prueba se la hizo Carles Rexach y otros ojeadores. Por aquel entonces, Luis Enrique ya era un chaval de ideas fijas. Si algo era negro para él, daba igual todo, porque él iba a decir negro siempre", recuerda. "Me fastidió mucho porque yo sabía todo el potencial que tenía. Les dije a la gente del Barcelona que Luis Enrique no había sido él en aquella prueba. Pero vio el Camp Nou y se acojonó", rememora.

Isidoro Sánchez paladea sus recuerdos tras toda una vida ligada al fútbol de barro y arena, mientras apura un zumo de naranja que se le va oxidando. Su etapa como ojeador del Barça en el Norte de España solo es una página de un álbum de fotos que también le llevó a ser campeón de Europa en Austria y en lo que todavía era Yugoslavia, dirigiendo al equipo de fútbol de Ensidesa.

La llamada de Can Barça la recibió en 1986 de parte de José Luis Romero, que había sido entrenador del Real Oviedo, entre el 84 y el 86. "Él era coordinador de fútbol base y me conocía de mis años de técnico. Iba a ver jugadores y mandaba informes. Después venían a comprobar lo que yo les enviaba", explica sobre su antiguo trabajo.

Estuvo cuatro años, hasta que con la llegada de Johan Cruyff le echaron, pero en ese tiempo, logró que ingresaran en la cantera culé cuatro jugadores. En 1987, llevó a los avilesinos Emilio Gutiérrez y Julio Iglesias y desde Torrelavega a Óscar Engonga, hermano de Vicente. El cuarto fue Quique Martín, en 1989, quien un año después fue convocado con el primer equipo, a la vez que Guardiola, para un partido contra el Oviedo. Después, el avilesino, ya retirado, se convirtió en el segundo jugador con más partido en Segunda División, con 425, por detrás del delantero del Elche, 'Nino', muchos en el Salamanca, donde nació Isidoro Sánchez.

La negociación por Emilio Gutiérrez es uno de los pasajes destacados de su vida. Su labor de ojeador en el Barcelona, llegó hasta la capital. En la planta noble del Madrid quisieron evitar por todos los medios que el espigado centrocampista fichara por el Barça. "Ramón Mendoza mandó a tres emisarios a Avilés, entre ellos a Paco Gento, con la orden de llevarse al Bernabéu a Emilio a cualquier precio. La negociación duró días y lo intentaron todo. Pasaron cosas que son impublicables", asegura.

Pero Isidoro no ha sido solo ojeador. También atesora toda una dilatada carrera como delantero en el fútbol del barro de la década de los 60. Pasó, entre otros, por el Miranda, el Tineo, el Marino de Cudillero y compartió vivencias con los hermanos Quini y Jesús Castro en el Bosco Ensidesa, cuando ellos eran sólo unos prometedores juveniles.

Quizás su pasaje más interesante sucedió en París, en un equipo de la región de Isla de Francia, un territorio que rodea la capital gala, donde brilló hasta que le pilló el servicio militar. El equipo se llama Malakoff, un conjunto amateur de la Tercera División de Francia de 1962, filial del Stade de Française, por aquel entonces un potente equipo de Primera División. "Tenía la promesa de ir al primer equipo, pero no podía faltar, porque me declaraban prófugo y me metían en la cárcel", dice.

La mili no fue precisamente un paseo. Le tocó realizarla en Melilla, probablemente el peor lugar para hacer el servicio militar. "Los moros se nos echaban encima cada dos por tres, no te podías descuidar". Pero, el fútbol es un lenguaje universal que saben conjugar perfectamente los sargentos y los reclutas. Su equipo, el regimiento de ingenieros, estaba plagado de futbolistas, y fueron campeones de un torneo entre diferentes regimientos.

Ahora, mucho tiempo después, jubilado, tras toda una vida en Ensidesa, con 76 años y achaques del corazón, Isidoro Sánchez recuerda el día que acertó el número de la lotería en la fecha incorrecto y la carta escrita a máquina que habría de haberle cambiado la vida. Pero, entonces el Barcelona le dijo que no a un tal Luis Enrique García Martínez.

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