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La historia de Pachi, el sanitario asturiano especialista en ascensos: dos a Preferente y cuatro a Tercera

Es enfermero en la UCI del HUCA y ha subido seis veces, la última vez hace días con el Luarca

Pachi, en el HUCA.

Pachi, en el HUCA.

Pablo Suárez Pérez, conocido futbolísticamente por Pachi, sigue coleccionando ascensos. El jugador, nacido hace 32 años en Villavaler (Pravia), aunque antes de cumplir un año se trasladó a vivir a Navia, consiguió con el Luarca su sexto ascenso. Lleva dos de Primera Regional a Preferente con el Navia y el Luarca, y cuatro a Tercera División, con el Navia, L’Entregu, Gijón Industrial y Luarca.

Pachi compagina el fútbol con su trabajo como enfermero en la UCI del HUCA, lo que le obliga a numerosos sacrificios para poder realizar una pasión que comenzó a la edad de 8 años en el Andés. Ahí dio sus primeros pasos como jugador. Pasó por todas las categorías y en edad juvenil fichó por el Navia, equipo con el que debutó en Regional Preferente con 16 años, iniciando después un largo periplo por diferentes clubes asturianos: UD Los Castros, Gijón Industrial, Boal, L’Entregu, Gijón Industrial, Lenense, Candás y Luarca, equipo en el que cumple su segunda temporada y con el que logró el ascenso a Tercera el viernes.

Pachi, con su hermano, Adrián; su padre, Juan Carlos, y su sobrino, Rodrigo, tras conseguir el ascenso con el Luarca

Pachi reconoce que sintió una alegría especial. “Supone devolver al Luarca al sitio que le correspondía después de 13 años sin estar en categoría nacional. La verdad es que supone mucho para el club, para el pueblo, para los jugadores… Además, lo conseguimos en una temporada muy atípica, por todas las restricciones del covid-19. Jugamos el primer partido y se suspendió todo. Algunos abandonaron y otros seguimos entrenando con la incertidumbre de no saber si la competición se iba a reanudar porque se fue aplazando el comienzo varias veces. Al final, se pudo comenzar la Liga en abril, con muchos equipos muy limitados, pero se disputó y nos llevamos el premio del ascenso”.

El jugador añade que el partido en el que se logró el ascenso, ante el Langreo B, “fue muy complicado. Es un rival que tiene jugadores muy jóvenes y muchos de ellos se entrenan con el primer equipo. Tuvimos la suerte de ponernos por delante en el marcador y luego supimos aguantar la ventaja, defendimos bien, muy juntos y nos tocó sufrir para conseguir el objetivo, pero al final mereció la pena”.

Con respecto a sus seis ascensos señala que “todos son diferentes”. No destaca a uno por encima del resto. “De todos guardo un grato recuerdo, sobre todo porque me tocaron grupos de compañeros muy buenos. Los éxitos de cualquier equipo empiezan por un buen vestuario”. Sin embargo, si tuviera que elegir, asegura que “el primero con el Navia fue algo distinto porque éramos un grupo de amigos desde la infancia y eso siempre marca, y por supuesto el de este año con el Luarca, por todo lo que representa”. Pachi reitera que fue una temporada atípica por todo lo relacionado con el covid-19 y habla desde el conocimiento directo, ya que es enfermero en la UCI del HUCA y las consecuencias de la pandemia las vive de manera directa en su trabajo.

Por eso, admite que afrontó si cabe con más responsabilidad las medidas encaminadas a evitar los contagios en el equipo. “Estás viendo todos los días ingresos de personas en la UCI y tratas de poner todos los medios para que no pase nada en el equipo, pero siempre tienes ese riesgo abierto y no puedes evitar cierto nerviosismo”. En ese sentido, asegura que en el Luarca se aplicaron todas las medidas establecidas por la Consejería de Sanidad y señala que en alguna de ellas, “en especial las relacionadas con la utilización de las duchas y los vestuarios, nos sentimos un poco discriminados con los equipos de Tercera División”. Pachi fue una pieza clave en los controles que tenía que realizar el Luarca, ya que era el encargado de realizar los test de antígenos a sus compañeros 48 horas antes de los partidos. “Así se sentían un poco más tranquilos”, asegura.

A Pachi le tira mucho el fútbol, pero es consciente que sin el apoyo de sus compañeros en el Hospital sería imposible de compaginar con su trabajo. “Entrenamos tres días a la semana en el campo de La Braña, en Gijón, y yo trabajo a turnos cada dos días. De no ser por mis compañeros que acceden a cambiarme los turnos para que pueda ir a entrenar, sería imposible que lo pudiera compaginar. Requiere un sacrificio y cada año que pasa cuesta un poco más, pero no queda otra si quieres seguir haciendo lo que te gusta”.

Pachi reconoce que la situación de la pandemia ha experimentado una gran mejoría, pero advierte de que “no conviene relajarse. Gracias al buen ritmo de las vacunaciones se ha notado una gran mejoría. La situación es bastante estable y la carga asistencial no tiene nada que ver con la que tuvimos en los meses de febrero y marzo.

Empezamos a ver la luz al final del túnel, pero hasta que al menos más del 70% de la población no esté vacunada, tenemos que seguir en alerta y aplicando todas las medidas de protección”. Y mientras tanto, a sus 32 años, Pachi reconoce que ya se plantea la posibilidad de dejar el fútbol. “Un amigo me dice que desde que piensas en dejarlo hasta que lo haces pasan dos o tres años. La verdad es que cada vez es más complicado compaginarlo con mi profesión y será cuestión de valorarlo”. No obstante, también reconoce que volver a jugar en Tercera División “es atractivo y más la próxima temporada, con equipos punteros y de solera en la categoría”. Palabra de un especialista en ascensos.

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