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De cabeza

Las bandas

Sobre el juego con los extremos y la - propuesta del Oviedo para los flancos

Hubo un tiempo en que jugar por las bandas era como circular por una carretera secundaria o comarcal por la que sólo transitaban aquellos que vivían por la zona. Si te aventurabas a ir por una de ellas, enseguida eras reconocido como forastero pues la velocidad es proporcional al grado de conocimiento del terreno. Al menos, eso es lo que aconseja la prudencia.

Ya es difícil distinguir a los forasteros de los que no lo son. Antes, un sentido de propiedad caracterizaba a los jugadores que se pegaban a la cal. Hoy, hemos cambiado las casas de aldea por los hoteles.

El Bayern Múnich ha anunciado que Frank Ribery y Arjen Robben no continuarán la próxima temporada. Dos extremos a la antigua usanza, tal vez Robben más agudo y Ribery más contemplativo, pero ambos amantes del regate, de encarar, que reservan su mirada definitiva para dar lo que conocemos como pase de la muerte. Coinciden los medios en que, con ellos, probablemente, se acabe una época.

Los extremos, se repite con frecuencia la idea, son una especie en vías de extinción. Sin ir más lejos, el Oviedo contra Las Palmas ocupó los extremos con futbolistas de banda pero alejados de los clásicos especialistas. Mossa es un lateral muy ofensivo, un galopador de ida y vuelta que ha de vivir con un ojo en la nuca por lo que pueda pasar. De Bárcenas se podría decir que es un extremo puro pero su comportamiento en el juego dista mucho de lo que se va a ir con Robben y Ribery. Más peligroso con balones al hueco en profundidad, Bárcenas, por gusto o por obligación, abandona la banda y se pasea por lo ancho del césped buscando el contacto con la pelota y la asociación. Tiene permiso para ser lo más dinámico posible: en realidad, es un especialista con tendencia al pluriempleo. Los extremos clásicos, como una estaca clavada en el suelo, pedían el balón para librarlo de la saturación, ofrecían una salida de emergencia. Tozudos y regateadores, insistentes en los mismos amagos y picardías, sólo hay que recordar o revisar imágenes de Robben.

La semana que vivimos queda marcada por el fichaje de Omar Ramos, un jugador de banda (es el polivalente eufemismo que tanto usamos hoy en día). La marcha de Aarón lo permite, un jugador, por cierto, que llegó al Tartiere también bajo esa naturaleza, pero con inercia y posibilidades para jugar en la media punta, un puesto clásico que ha perdido su antigua importancia y especificidad.

Es posible que el fichaje de Ramos reste posibilidades al canterano Viti, un futbolista cuyos ademanes y lenguaje corporal evocan a los extremos de toda la vida. Fue el árbitro quien le quitó a Viti contra Las Palmas la ocasión de inclinar el marcador a favor del Oviedo. Lo intentó el jugador, qué curioso, por el centro del área rival, alejado de las bandas, tirando de ingenio y velocidad, comprometiendo al defensa rival. Conduciendo por una autopista en lugar de por un camino forestal. Son los signos de los tiempos.

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