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Antonio Rico

Fútbol es fútbol

Antonio Rico

Un minuto con Einstein y el joven Alejandro

Sobre la prórroga de la final de la Copa Libertadores entre River y Boca

El último minuto de la prórroga del partido River Plate-Boca Juniors en el Santiago Bernabéu en la final de la Copa Libertadores. ¿Qué tienen que decir de eso? ¿Cómo se puede explicar? Nueve futbolistas, sin más fuerzas que las que da el orgullo y el peso de la historia, mueren en el área rival lamiendo el poste y permitiendo un contraataque mortal, sin portero, ya sin piernas, agotado el corazón y la saliva. Vaya partido (al menos, la segunda parte y la prórroga). Y vaya minuto. Un amigo nada futbolero (pero no antifutbolero: ahí no hay nada que hacer) vio ese minuto y, sin embargo, no sintió nada. ¿Cómo es posible, le dije? ¿Cómo puede ser que un organismo basado en la química del carbono, bípedo, implume y de uñas planas no entienda la grandeza de ese minuto eterno en un partido de fútbol inolvidable? No, mi amigo no entendió nada. Así que me pidió que se lo explicara. Pues eso. ¿Cómo se puede explicar ese minuto?

Un periodista pidió a Albert Einstein que le explicara la Teoría de la Relatividad. El físico contraatacó preguntando al periodista si sería capaz de explicar cómo se fríe un huevo. "Por supuesto", respondió el periodista. Entonces Einstein dijo que de acuerdo, que lo hiciera, pero imaginando que él no sabía lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego. Los futboleros no somos Einstein, y el minuto final del partido River-Boca no es la Teoría de la Relatividad, pero creo que explicar ese minuto a los que no entienden nada de fútbol es tan difícil (o imposible) como explicar la Teoría de la Relatividad a un periodista no experto en física teórica o explicar cómo se fríe un huevo a quien no sabe qué es un huevo, una sartén, el aceite y el fuego. Imagino que todo esto tiene que ver con la infancia, que es cuando uno aprende qué es un huevo, una sartén y un partido de fútbol en el recreo. Una infancia sin fútbol, es decir, sin huevos y sartenes, es como un periodista sin equipaje físico y matemático desafiando a Einstein. Muy difícil. No sé explicaros el último minuto del partido entre River y Boca, amigos no futboleros. Me lo impiden nuestras diferencias infantiles, o quizás la ausencia de una abuela que nos llevaba a la playa con la pelota, o la falta de unos amigos que se juntaban todos los domingos con el postre todavía en la boca para jugar partidos que terminaban cuando se iba la luz del sol. Si no sabes qué es un huevo, es decir, si desconoces el sabor de marcar un gol; si no sabes qué es una sartén, es decir, si desconoces el sabor amargo de un domingo con un mal resultado de tu equipo acompañándote en la cama; si no sabes qué es el aceite, es decir, si desconoces la emoción de entrar en un estadio y dejarte llevar por el ambiente; si no sabes qué es el fuego, es decir, si desconoces la ilógica lógica de un deporte que te lo puede dar todo en sesenta segundos. Si desconoces todo eso, entonces no te puedo explicar la Teoría de la Relatividad.

Pero sí puedo intentar explicar otra cosa. Dicen que Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro (al que la historia conocerá como Alejandro Magno), se enfadó cuando vio a su hijo tocar un instrumento con gran maestría y le dijo: "¿No te da vergüenza tocar tan bien?" La destreza del joven Alejandro revelaba muchos años de esfuerzo para dominar el instrumento, un esfuerzo que el hijo de Filipo podría haber empleado en cosas más útiles. No os enfadéis con la destreza de un Quintero, el futbolista que torció la historia del fútbol a favor de River. No os enfadéis con Messi, con Isco, con Iago Aspas, con las estupendas futbolistas Alexia Putellas o Toni Duggan. Si ellos y ellas hubieran dedicado el tiempo y el esfuerzo que dedicaron al fútbol a otras cosas más útiles, es probable que hoy tuviéramos mejores médicos, albañiles o profesores. Pero un mundo sin música y sin fútbol, sin la lira de Alejandro y la pelota de Quintero, es un mundo más triste. ¿Y quién quiere vivir en un mundo más triste, más allá de una lluviosa tarde de viernes escuchando baladas italianas?

No te puedo explicar la Teoría de la Relatividad si no sabes qué es un huevo, pero sí puedo intentar convencerte de que no es justo que te enfades con el joven Alejandro.

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