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Antonio Rico

Fútbol es fútbol

Antonio Rico

Sombras en el Hades de la eliminación

Sobre lo sucedido en las eliminatorias de la Copa del Rey

Ronald Koeman.

Ronald Koeman. EFE

Cuando al filósofo Crisipo le preguntaban si tres son muchos o pocos, no respondía para evitar caer en una trampa dialéctica. ¿Tres son muchos? Tres goles en contra en 90 segundos marcados por el mismo delantero (Eduardo Maglioni, del Independiente de Avellaneda) son muchos, y marcar tres goles en 80 minutos, como hizo Luka Jovic en el Eintracht de Frankfurt después de fracasar en el Real Madrid, son muchos. ¿Uno es poco? Marcar un gol en un millón de años, que es más o menos el promedio de Mario Balotelli, es poco. Meter un gol en media temporada siendo el portero del Eibar, es mucho. ¿Tres son muchos y uno es poco? ¿Tres son poco y uno es mucho? Lo mejor en estos casos es dejar el juicio en suspenso.

¿Ser eliminado a partido único y fuera de casa en una competición tan ambigua como la Copa del Rey (fantástica para unos, pero para otros un engorro que solo sirve para que la urgencia de las eliminatorias distraiga de la importancia de la Liga o de la Liga de Campeones) es algo que puede pasar, o una tragedia indigerible? Mejor no responder. El Sporting de Gijón fue eliminado por el Betis en El Molinón-Enrique Castro “Quini” y pareció que un suspiro de alivio se extendía por Mareo como el olor a calamares fritos en una cocina con la ventana cerrada. El Real Madrid es eliminado por el Alcoyano y la derrota se comió a jugadores, técnicos y directivos como si fuera una colada piroclástica después de la erupción de un volcán. ¿Está bien librarse de una competición como la Copa del Rey? Si el Barça hubiera sido eliminado por el Cornellà, estaríamos hablando de una onda piroclástica en el Camp Nou que se habría llevado por delante todo lo queda en pie del equipo de Koeman.

Pero si el Tenerife hubiera eliminado al Villarreal es probable que el estadio de La Cerámica oliera durante un par de días a calamares fritos y, después, la Liga y la vida continuarían sin tener que mirar de reojo a un volcán. En fútbol no hay hechos desnudos, sino interpretaciones de esos hechos a cargo de futboleros cargados de experiencias, prejuicios, expectativas y mayor o menor cabreo con sus equipos. No podemos decir si tres son muchos o pocos o si uno es poco o mucho, y sí debemos suspender el juicio ante el hecho de una eliminación copera. Pero hay algo de lo que sí podemos hablar con seguridad. Hay algo de lo que podemos hablar y lo mejor no es callarse. Hay algo seguro, incuestionable, fijo o, como diría Sheldon Cooper, axiomático. ¿Qué hay después de una eliminación temprana en Copa del Rey? Nada.

En los poemas de Homero no hay diferencias después de la muerte entre héroes y hombres vulgares porque todos arrastran una miserable pervivencia como sombras en el Hades. En los poemas de Hesíodo, sin embargo, las almas de los héroes muertos en combate van a las islas de los Bienaventurados. ¿Qué ocurre con los equipos eliminados en la Copa del Rey? Van al Hades a vagar como sombras. ¿Y si el equipo ha sido eliminado con gloria después de una batalla épica, como el Ibiza con el Athletic Club o el Cornellà con el Barça? Nada. No hay gloria después de la eliminación, por mucho que lo repitan poetas y periodistas. Los aficionados lo sabemos bien. Tras la eliminación de una competición como la Copa del Rey, solo hay sombras en el Hades.

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