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El ahorro de los asturianos bate récords y se amontona en cuentas bancarias sin rendimiento

Familias y empresas reservan 29.000 millones, más que el PIB anual | La inflación y la nula rentabilidad minan el valor real de los depósitos

Una mujer saca dinero de un cajero. Ferrán Nadeu

Los hogares y las empresas asturianas tienen en cuentas bancarias casi 29.000 millones de euros, cantidad sin precedentes que sobrepasa en más de 5.000 millones la riqueza generada en un año por la economía regional, medida a través del producto interior bruto (23.706 millones en 2019). Y todo ese dinero está alojado en depósitos con remuneraciones ínfimas –negativas a menudo, una vez descontadas las comisiones– y expuesto al desgaste de valor que conlleva el episodio de inflación alta iniciado mediado 2021 y que persistirá durante parte de 2022.

El citado récord de ahorro bancario prolonga e intensifica el aumento observado en los depósitos durante 2020 (1.700 millones), en gran medida como consecuencia del frenazo en el consumo inducido por el período de confinamiento y por el resto de restricciones para hacer frente a la pandemia del covid-19. Aquel plus de ahorro forzoso, presumían los expertos, podría favorecer la recuperación económica, alimentando un aumento más enérgico del gasto de los hogares una vez retiradas las limitaciones severas a la movilidad y ayudando a los endeudados a reducir sus débitos y mejorar su solvencia. “Está demostrado que, aunque la demanda de consumo en general se ha disparado (por la apertura de la economía), el ahorro ha seguido creciendo, amasando grandes cantidades de ‘cash’ (efectivo) en los bancos”, expone el economista asturiano Javier Méndez Llera, director general de la Fundación de Estudios Financieros.

Siquiera en parte, la explicación podría estar en que se ha pasado de un episodio de ahorro por fuerza a otro de aumento del ahorro “precautorio” entre quienes tienen capacidad para reservar una porción de su renta. “Hay preocupación por el futuro”, dice Méndez Llera. Y aporta una información que también contribuye a la expansión de los depósitos bancarios: “Por primera vez en mucho tiempo han caído las suscripciones a fondos de pensiones individuales, porque no eran nada más que un producto fiscal y ahora ya no lo son”. Los cambios decididos por el Gobierno, que rebajan sustancialmente las aportaciones a los planes privados que son deducibles en el IRPF (de 8.000 euros en 2020 a 1.500 euros en 2022), estarían desplazando dinero hacia depósitos convencionales. Y es verosímil que, con independencia de esa reforma tributaria, el ahorro para la jubilación de los individuos que tienen capacidad para ello ya se estuviera dirigiendo en buena medida a cuentas de los bancos que no tienen remuneración, particularmente en el caso de las personas con aversión al riesgo y a la vista de los resultados recientes de los fondos de inversión menos especulativos (los garantizados y los focalizados en renta fija registraron pérdidas en 2021).

Con los tipos de interés oficiales por ahora anclados en el 0%, la remuneración de los depósitos bancarios en casi nula en términos nominales y negativa si se considera la pérdida de capacidad de compra del dinero que causa la inflación. El tipo medio de las cuentas de ahorro y de otras que permiten disponer en todo momento del dinero fue en 2021 del 0,02%, según el Banco de España. Y los depósitos a plazo fijo de más de dos años rentaron como promedio el 0,22% para los hogares y el 1,44% para las empresas. El hundimiento de las rentabilidades de estos últimos desde 2013 –primero por las limitaciones impuestas por el Banco de España en mitad de la crisis financiera de entonces y luego por la política monetaria de tipos ultrabajos del Banco Central Europeo– produjo un desplazamiento de grandes masas de ahorro bancario a las cuentas a la vista, las peor remuneradas. La estructura de los depósitos está así en Asturias: casi el 90% del dinero (25.867 millones) está embalsado en ese tipo de cuentas y el 10% restante (3.129 millones) en plazos fijos. Siete años atrás, los asturianos llegaron a tener más de 13.000 millones colocados en esos productos, entonces con rendimientos medios nominales superiores al 2,5%.

La nula rentabilidad que obtienen muchos ahorradores con sus depósitos acentúa las consecuencias del escenario de inflación, con una subida de precios media del 3,1% en 2021, que desgasta el valor del dinero. “Los activos monetarios (depósitos), con tasas de interés todavía cercanas a cero, valdrán menos en términos reales”, comentan Javier Fernández Llera. Impacto que también alcanza a quienes hayan invertido, por ejemplo, en bonos de deuda pública o en fondos especializados en ella: “La inflación erosiona de forma directamente proporcional el valor real de los activos de renta fija”. El efecto en las inversiones en acciones cotizadas (renta variable) “no es tan claro”. “Una subida de precios puede apoyar las cotizaciones por las mejores expectativas de crecimiento o, por el contrario, ser negativo al implicar subidas de tipos de interés”. En todo caso, remata el experto, el peso de la Bolsa en el patrimonio financiero de los españoles es proporcionalmente “muy limitado”, en comparación con el ahorro bancario o con la inversión en vivienda.

Méndez Llera: “El ahorrador conservador tiene poco margen”


“Para los ahorradores conservadores hay poco margen de actuación. Los bancos y las gestoras de fondos están sacando productos ligados a los que podríamos llamar ‘activos alternativos’ (fondos y activos ligados a la energía verde, la digitalización, las infraestructuras...), pero, por desgracia, en general no se entienden bien por el público ante el evidente déficit de educación financiera que tenemos en España”, comenta Javier Méndez Llera, secretario general del Instituto Español de Analistas Financieros, además de director general de la Fundación de Estudios Financieros. El aumento de los depósitos bancarios y la moderada expansión del dinero colocado en fondos de inversión –aumento del 3% en Asturias entre 2018 y 2020, frente a una media del 7,4%, según datos de la patronal Inverco– dan a entender que el ahorrador asturiano tiene un perfil particularmente conservador, propio de las sociedades más envejecidas. La propensión al riesgo está conectada con la edad. Los estudios sobre España indican que por encima de los 40 años más de la mitad de los ahorradores tiene una acentuada aversión a los activos financieros no garantizados (con potencial de rentabilidad mayor y también con mayor peligro de sufrir pérdidas). La proporción de conservadores se eleva por encima del 60% en edades más avanzadas. “Los activos de riesgo todavía no son una opción para la mayoría de los ahorradores españoles, con lo que sigue amasando mucha liquidez con rentabilidad nula o negativa”, añade Méndez Llera. Una excepción: “Una minoría joven está tomando posiciones de mucho riesgo en criptomonedas”. ¿Hay forma de invertir con red de seguridad? Responde el experto: “El riesgo se puede limitar mediante la diversificación en distintas clases de activos y, muy importante, mediante la diversificación de gestores (de los fondos o productos en los que se invierta)”.

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