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Sector agrario

Galicia lidera el mando femenino del agro español con un 48% de jefas de explotación

Hasta 36.216 mujeres son titulares de una granja | En la montaña de Pontevedra llevan seis de cada diez | Asociaciones rurales avisan: “No se refleja en la representatividad”

Montserrat Areal Soengas, en Rodeiro.

Asegura que cuando le salieron los dientes, ya estaba entre vacas. Cogió las riendas de una explotación en Rodeiro, Lalín, a los 25 años, tomando el testigo de su padre. Y ahí sigue, hoy con 47 años. Monsterrat Areal Soengas es una de las 36.000 mujeres gallegas que son titulares de una explotación en el agro gallego. “Nos dijeron que nos iría genial, pero aún no vi ninguna genialidad en veinte años”, asegura seria. Con 25 vacas en ordeño dentro de la cooperativa O Rodo, se queja en estos tiempos del aumento de los gastos de producción, sin que ascienda el precio que se paga a los productores. Las dificultades no son ajenas a ningún sesgo de género. “Gasóleo, electricidad, mecánicos, pienso... La situación es insostenible. Me gustaría jubilarme en esta granja, pero no creo que resista”.

Las mujeres siempre han trabajado la tierra, aunque su contribución a la agricultura y a la ganadería ha sido invisible: el poder del campo siempre lo ostentaron los hombres. Pero, en general, las tornas empiezan a cambiar. En la última década las jefas de explotaciones agrarias han crecido un 22% y ya son casi el 30% del total en España. En Galicia, ese porcentaje aumenta hasta el 48% y llega incluso al 61% –más mujeres al frente de explotaciones agrícolas que hombres– en la montaña de Pontevedra. En Galicia, que lidera el empuje estatal con 36.216 mujeres al frente de explotaciones, así como en el Principado de Asturias, Cantabria y País Vasco es donde más mujeres hay al frente de explotaciones.

Aún queda mucho camino por recorrer para acabar con la brecha de género en el campo, pero el último Censo Agrario, recién publicado por el Instituto Nacional de Estadística, evidencia que se va reduciendo.

Hasta hace no tanto tiempo, la contribución de las mujeres a las tareas agrícolas y ganaderas ni siquiera se veía reconocida con un alta en la Seguridad Social. “Incorporadas trabajando llevaban toda la vida; quizás ahora se incorporaron como jefas de explotación”, asegura la presidenta de la Confederación Nacional de Federación y Asociaciones de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer) en Pontevedra, Lucita Villar Jar. “El campo está regular. Aún falta mucho para conseguir esa igualdad real de la que tanto se habla”, asegura. La mecanización e informatización del campo, reflexiona, es una gran baza para las nuevas granjeras, “pero el trabajo es duro como siempre y es a las mujeres a quienes nos toca más”, razona.

“Fue un trabajo duro y difícil, conocíamos a demasiadas mujeres cuyos primeros ingresos propios eran la pensión de viudedad”

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Hace muchos años, Lucita Villar recuerda una entrevista con el entonces presidente, Manuel Fraga, en la que pusieron sobre la mesa la dura realidad de las mujeres que trabajaban sin cotizar en las explotaciones gallegas. “En muchas ocasiones entonces era por trabas de tipo legal y porque no se podían sostener dos cotizaciones en casa”. El pago de dos autónomos era un gasto excesivo para la economía familiar. “Creemos que aquel grano de arena fue importante”, indica. La reforma de la Seguridad Social Agraria unos años más tarde contemplaba por primera vez incentivos para que las mujeres que llevaban toda la vida trabajando en las explotaciones cotizaran: “Fue un trabajo duro y difícil, conocíamos a demasiadas mujeres cuyos primeros ingresos propios eran la pensión de viudedad”, rememora.

“Es cierto que hay muchas más mujeres al frente de explotaciones que antes. Pero también cierran más que abren”, contesta a la gallega. Para Monstserrat Areal, la casuística en Galicia sigue un patrón: “Muchos hombres se jubilan y son ellas las que quedan al frente. En vez de haber relevo generacional, debido a la falta de jóvenes que se animen a continuar”. A la simple pregunta de si algún año tuvo vacaciones, responde de inmediato: “Sí, algún fin de semana cuando me operaron del túnel carpiano, porque pudo venir a trabajar alguien de la cooperativa”. Dos días. Unas vacaciones para alguien que no entiende lo que es pasar un día sin ordeño.

Otra herramienta encaminada a reconocer la labor de las agricultoras y ganaderas es la figura de la titularidad compartida, que ofrece subvenciones para complementar las reducciones en la cotización a la Seguridad Social para la pareja del titular de la explotación que se incorpore a la actividad agraria; una ley que entró en vigor en 2012.

Granjas más pequeñas

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) en Galicia, Verónica Marcos Arrojo, matiza que el ‘espejismo’ está en el tipo de explotación. Un dato, para ellas, muy importante. “Las mujeres dirigen un tipo de explotación más pequeña en número de hectáreas. Si aumenta el tamaño de la explotación, disminuye el número de mujeres”, asegura. De 20 a 30 hectáreas de media están prácticamente igualadas. Pero el número de hombres titulares aumenta entre los jefes de las granjas de más de 50. “Las explotaciones de mujeres tienen una media de 6 hectáreas, mientras que las de hombre 13 hectáreas como media. En Galicia hay muchas explotaciones pequeñas, cuya titularidad es más de mujeres, que están teniendo mucha importancia en el mundo de explotaciones ecológicas”. La realidad es que, a pesar de los avances que muestra el nuevo Censo Agrario, la discriminación laboral de las mujeres persiste y se manifiesta de múltiples formas en el entorno rural. “Ese aumento de las jefas de explotaciones no se refleja en las directivas de las cooperativas, comunidades de montes, Grupos de desarrollo rural o Alcaldía. Falta que en la representatividad estén las mujeres”, advierte Verónica Marcos.

La presidenta de Fademur, Verónica Marcos, destaca que las explotaciones dirigidas por mujeres son más pequeñas -entre otras cuestiones porque dedican más tiempo a los cuidados- y ellas tienen más dificultades que ellos para acceder a créditos, formación y tecnología. “El mundo rural, que no el agrario, penaliza a las mujeres porque no tenemos servicios para conciliar, por ejemplo”. El mundo agrario, hoy en día más mecanizado, es tan apto para mujeres como para cualquier hombre. Es el caso de Monsterrat Areal: atiende la granja y a su madre, con la salud delicada y ya jubilada.

“Desde entonces se ha recorrido un camino muy importante y las mujeres jóvenes ya no están dispuestas a estar en una posición secundaria, aunque todavía hay un cierto sector de la población que cree que si te ocupas de los trabajos administrativos de gestión de la explotación eso no es trabajo agrario”, añade.

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