23 de febrero de 2011
23.02.2011

«Los generales que declararon en el juicio dijeron que mi padre no tenía nada de golpista»

«Mi padre no le ofrece a Tejero un Gobierno de concentración; ¿cómo, habiendo hecho la Guerra Civil y participado en la División Azul, iba a proponer a Carrillo?»

23.02.2011 | 01:00

Hijo del general Armada y superior de la Compañía de Jesús en El Natahoyo

Gijón, J. MORÁN

Pedro Armada Díez de Rivera es el tercer hijo del general Alfonso Armada Comyn. Jesuita y superior de la Compañía de Jesús en el barrio gijonés de El Natahoyo, Pedro Armada habla por primera vez en su vida, públicamente, en esta entrevista de LA NUEVA ESPAÑA, sobre su padre y el 23-F, justo cuando hoy se cumplen treinta años de la intentona golpista.

-¿Qué no ha contado su padre del 23-F y puede usted añadir?

-Él no puede decir más de lo que ha dicho porque creo de veras que no sabe más. Yo puedo hablar de lo que sé, de lo que leí en el sumario, o de lo que escuché y vi en el juicio.

-Y bien...

-Lo primero que hago, cuando hablo del 23-F, es centrar el tema. ¿Qué pasó ese día? El asalto al Congreso: eso es Tejero. Y la movilización en Valencia: eso es Millans. ¿Que pasaban otras cosas? No las sé y además no desembocaron en hechos, porque en los tribunales se enjuician hechos. Milans habló en el juicio de varios golpes en marcha: uno era el suyo, que lo estaba preparando; otro el de los coroneles, otro el de los civiles? Pero si nos ceñimos al 23-F, yo creo que lo que no hubo fue un golpe de Estado, sino un golpe de mano de Tejero. Cuando se dice «intento de golpe de Estado», vale si lo dejamos en intento. Pero lo de Tejero no era un golpe de Estado, ni un intento de golpe de Estado; era un golpe de mano que serviría como detonante para un posible golpe de Estado militar que alguien tuviera preparado, pero que en realidad nadie tenía preparado suficientemente. Lo que se vio en el juicio, y yo se lo oí a Tejero y a Milans, es que Tejero tenía prepara su acción, y que la había ofrecido. Esto es un hecho probado. Se lo ofreció a Milans, no sé si a más gente y no sé quién más estaba enterado, pero a Milans, desde luego que sí. Y el viernes 20 de febrero, cuando no sale la votación de investidura de Calvo-Sotelo, Tejero llamó a Milans y le dijo que el lunes tomaba el Congreso. Ése es otro hecho probado en la sentencia. Y entonces Milans le dijo que ni se le ocurriera; trató de frenarlo porque no había nada preparado, pero Tejero dijo que él seguía adelante porque no iba a pillar otro día en que estuvieran todos los diputados y el Gobierno en el Hemiciclo.

-¿Qué sucede en las horas previas?

-Ese fin de semana, a toda velocidad, según el sumario, Milans llama a Pardo Zancada y lo hace ir a Valencia en su coche particular. Allí empiezan a redactar las órdenes de estado mayor para movilizar Valencia y la División Acorazada «Brunete» en Madrid. Y Milans se la juega a eso que han llamado el «efecto dominó», es decir: que si se sublevaban la Acorazada y Valencia, otros irían detrás, aunque eso era algo pendiente de un hilo. Pardo Zancada se vuelve a Madrid el domingo y llama a Torres Rojas para que viaje desde La Coruña. Entonces los hechos son que Tejero toma el Congreso y que Milans saca los tanques a las calles de Valencia y publica un bando. Y en la Acorazada habían empezado a suceder cosas. Allí está el comandante Pardo Zancada distribuyendo órdenes. Y cuando el general Juste vuelve, ya que iba a unas maniobras en Zaragoza, pero a la hora de comer le dicen que regrese, se encuentra con que un comandante está dando órdenes y ve allí al anterior jefe de la Acorazada, el general Torres Rojas. Eso pone muy nervioso a Juste.

-¿Cómo entra su padre en juego?

-Pardo Zancada dice que todo eso se hace en nombre del Rey y de Armada. ¿Por qué utiliza el nombre de mi padre? Porque Milans se lo había dado, pero el propio Milans sabía que no era así. Incluso le dijo que Armada estaría en la Zarzuela dirigiendo las operaciones. A los ojos de todo el mundo Armada era el hombre del Rey en el Ejército; llevaba veinticinco años con él: de preceptor, durante su preparación en las academias, o en la casa del Príncipe, como secretario general. Milans realizó una llamada fingida ante Pardo Zancada cuando éste fue a Valencia. Mi padre asegura que no recibió esa llamada y la prueba es que Milans, el día 23, sabe que mi padre no está en la Zarzuela porque lo telefoneó al Cuartel General del Ejército. Pero Juste, fiándose de Pardo, llamó a la Zarzuela y fue cuando Sabino Fernández Campo dijo la famosa frase, que no la dijo así exactamente, pero ha quedado para la Historia: «Ni está, ni se le espera».

-¿Qué hace, mientras, el general Armada?

-Mi padre está continuamente rodeado de gente en el Cuartel General porque empiezan a llegar generales. Todas las declaraciones de éstos en el juicio fueron laudatorias hacia mi padre: tomó decisiones a las órdenes de su superior, el general Gabeiras; llamó a Milans, a los capitanes generales y al coronel del regimiento del cuartel de Campamento, que era amigo suyo y que había tomada RTVE, para que se retirara. Cuando habla con Milans, y ello figura en el sumario, le dice que aquello era una barbaridad y esas frases se las oyen decir a mi padre quienes estaban a su lado esa tarde. Llegó un momento en el que se decide que hay que ir a parlamentar con Tejero. Llaman al Congreso y Tejero dice que como vaya el general Gabeiras le pega un tiro. Entonces Gabeiras dijo: «Alfonso, vete tú». Mi padre llamó a la Zarzuela y habló con el Rey y con Sabino, para ver que podía ofrecer a Tejero para que cediera. Después hizo otra llamada: a mi madre, para despedirse por si no volvía. Yo estaba entonces destinado en Don Benito (Badajoz) y mi madre me telefoneó: «Tu padre va ahora mandado por Gabeiras al Congreso y llamó para despedirse, por si no vuelve». Es decir, la situación no era buena y mi padre iba con cierto miedo. Mi padre va a título personal después de que el Rey le ha dicho que haga la gestión. También le han dado una serie de cosas que ofrecer: un avión, etcétera... No las conozco con detalle. Mi padre se presenta a Tejero como el general Armada, porque no lo conocía, y Tejero no lo recibe como superior suyo que va a hacerse cargo de la situación, sino como alguien con quien va a parlamentar. Lo recibe pistola en mano.

-¿Qué le ofrece su padre a Tejero?

-La obsesión de mi padre aquella noche es que no hubiera muertos y de ahí viene, por ejemplo, su enfrentamiento con Laína, director de la Seguridad del Estado; de mi padre y de otros generales que decían que no se podía asaltar el Congreso porque podía haber una matanza. En una estancia del Congreso, mi padre le dice a Tejero que libere a los diputados y le ofrece el avión y otras cosas. En un momento dado, mi padre saca un papel del bolsillo. Eso ha dado lugar a una historia que a él lo pone furioso: que le ofreció crear un Gobierno de concentración. Mi padre dice que eso es no saber quién es él. El papel, pequeño, lleva escrito un teléfono que le había dado Milans a mi padre, una línea privada porque otras estaban cortadas. Tejero decía que no obedecía más que a Milans y mi padre le dice: "Pues llame usted a Milans", y le da el papel. Mi padre siempre ha dicho que cómo iba a hacer él un Gobierno con Santiago Carrillo. Lo repite por activa y por pasiva, pero eso se lo ha inventado alguien y ha tenido un gran éxito periodístico. Mi padre había hecho la guerra civil, y había estado en la División Azul; aunque respetuoso, no era precisamente Carrillo santo de su devoción.

-¿Qué quiere Tejero?

-Tejero llama a Milans y le dice que la Acorazada está yendo hacia el Congreso. En realidad, eran los capitanes de la Policía Militar, con Pardo Zancada, que iban a sumarse simbólicamente, pero él creía que era la Acorazada la que se sumaba. Mi padre no sabía nada de eso, pero Tejero se muestra firme, aunque Milans le dice que haga caso a Armada, que es mucho más sensato, que aquello no tiene salida y que él ya se ha retirado. Tejero se enfada y dice que con la patria en peligro no se puede ir a dormir. Mi padre sale del Congreso con dos sensaciones: una de fracaso y otra de alivio, porque le dice a Tejero que no haya ninguna desgracia y le contesta que ellos no son una panda de asesinos, pero que si los atacan se defenderán. De ahí la obsesión de mi padre de que no metan a los GEO. Sale, llama inmediatamente a la Zarzuela y cuenta lo que ha pasado y sus impresiones. Después, viene la pelea con Laína, que dirá lo quiera, pero aquella noche quería meter a los GEO y hay testimonios de varios generales.

-Su padre vuelve al Congreso a la mañana siguiente.

-Unos minutos después de hablar mi padre con la Zarzuela se emite el mensaje del Rey por televisión. Yo no sé lo que pasaba en la Zarzuela, pero tengo la sensación de que estaban esperando la información que diera mi padre, que vuelve al cuartel general y pasa allí la noche. Por la mañana lo mandan otra vez al Congreso a pactar la rendición y firma el «pacto del capó». Salen todos los diputados y le dan grandes abrazos, incluso los que lo tenían entre ceja y ceja, como Suárez, que le dice que los ha salvado. El día 24-F al mediodía mi padre es un héroe que ha salvado la situación y ha conseguido que aquello termine sin un rasguño. Pero el día 24 por la tarde hay una reunión en la Zarzuela de la Junta de Defensa nacional, pero con más personas, y de ahí salió el cese de mi padre. No sé qué se manejó en esa reunión y por qué mi padre fue el precio del algo, no sé si un chantaje de Estado. Gabeiras le dice que ha sido cosa de Suárez y de Rodríguez Sahagún, pero que supone que le darán otro destino. Posteriormente, en cambio, es arrestado. Cuando llegan a su casa a arrestarlo, Armada pide permiso para hablar por teléfono con Gabeiras y le pide que le explique por qué lo arrestan. Gabeiras le dice que «no sabe qué presiones» ha tenido. Gabeiras, en el juicio, declaró que Armada había estado siempre cumpliendo sus órdenes con total obediencia y eficacia.

-¿Por qué entonces una condena tan elevada?

-Todo el mundo da por supuesto que mi padre es un golpista y ésa ha sido la versión oficial. Pero vamos a ver: a mi padre lo condena el Supremo a 30 años por rebelión militar, un delito tipificado en el Código Militar por sublevación contra las órdenes de los superiores o por mandar tropas con uniforme militares y armas de guerra. Mi padre no se sublevó (todo lo que figura es que estuvo cumpliendo órdenes), ni mandó tropas ni tomó el Congreso ni tomó Valencia. Me ha dicho muchas veces: «Pero tu padre estaba metido». ¿En qué? No sé en qué pudo estar metido, pero no en los hechos que se juzgaron del 23-F. Se habla de la «operación De Gaulle» y de otras hipótesis, pero eso no sucedió y en los juicios se juzgan hechos probados. Mi padre se reía (aunque no tiene gracia porque le costó un montón de años de cárcel), cuando dicen que iba con uniforme de gala para tomar el poder. Pero no iba con uniforme de gala; podía haber ido porque esa mañana había ido a un acto de la Brigada Paracaidista, pero se cambió después a uniforme de diario. Hay fotos e imágenes de televisión.

-Previamente la condena militar había sido inferior.

-En el juicio de Campamento, del Tribunal Supremo Militar, a mi padre lo condenaron a seis años por conspiración, pero sin hechos probados porque lo único que tenían es que había ido a Valencia. Fue con mi madre, una hija y el cuñado a ver una casa. Como él era un general con mando en la división de Urgell, Lérida, es costumbre avisar al capitán general del lugar al que se desplazaba. Milans lo invitó a comer y, dado el ambiente del momento, le diría a mi padre lo que quisiera, y mi padre también lo haría. Milans declaró que mi padre le había dicho que el Rey estaba harto de Suárez y mi padre dice que puede ser que lo dijera, peor era verdad, era una cosa sabida. Pero eso no es una conspiración. Y en ninguna de las reuniones probadas de Milans con Tejero o con otros está mi padre. La impresión que sacaron los abogados del juicio era que los militares no se habían atrevido a absolver a Armada, pero dejan una cosa muy floja para que el Supremo lo absuelva. Pero el Supremo no sólo no lo absolvió por falta de pruebas, sino que subió la condena a 30 años, y mi padre y yo seguimos sin saber por qué.

-Según usted, Tejero actúa en solitario.

-En el asalto al Congreso está Tejero y no hay nadie más. No había nadie detrás de Tejero, como se pudo comprobar. Había gente que trató con Tejero, como Milans, pero no era el golpe de Milans, que se ponía furioso en el juicio y se levantaba para decir que «¡éste no era mi golpe; esto fue una chapuza. Mi golpe era otro e iba a estar bien organizado, no como éste!». Y cuando alguien le preguntó por un mando bicéfalo Milans-Armada, soltó hasta tacos diciendo que quién era el imbécil que decía eso, porque en el Ejército no hay mandos bicéfalos y mucho menos iba él a compartir el mando con un inferior. Milans era teniente general y mi padre, general de división.

-¿Propone desmitificar el 23-F?

-Si desmitificamos, creo que el golpe de mano de Tejero no tiene a nadie detrás y el único que aparece es Milans, porque los capitanes generales que estuvieron dudando, como no se hablaban con Gabeiras, hablan con mi padre, que fue convenciendo a unos y a otros de que aquello no tenía ni pies ni cabeza y que se quedaran quietos. El «efecto dominó» lo pararon entre mi padre y el Rey. Lo de mi padre, seguro, porque figura en el sumario, aunque lo que hizo el Rey no figura. Pero supongo que llamaría a los capitanes generales.

-¿Implicación del Rey?

-Hay gente que dice que el Rey estaba detrás y que mi padre lo estaba defendiendo con una lealtad insobornable. Pero es que yo creo que el Rey no estaba detrás porque, repito, no había nadie detrás de Tejero, ni siquiera Milans, que está ahí agarrado por el cuello porque Tejero le dice que él tiraba para adelante. Ahora bien, ¿había otras cosas el 23 de febrero que no se pusieron en marcha? Sí da la impresión, por ejemplo, la hipótesis del CESID tiene cierto peso, el pensar que el CESID empujó a Tejero para que, provocando aquello y fallando, se abortara todo. Pero eso era jugar con fuego, y si lo hicieron fue muy peligroso.

-¿Cuál fue la relación de su padre con el ministro Mellado?

-Otra cosa que mi padre dice mucho es que lo llevaron a Madrid como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército porque había una situación muy complicada: los capitanes generales no se hablaban ni con el ministro Gutiérrez Mellado ni con Gabeiras, jefe del Estado Mayor. Mi padre va el día 13 de febrero a la Zarzuela e informa al Rey de todo lo que se comenta, que también salía en todos los periódicos, lo que llamaban «ruido de sables en los cuartos de banderas». Entonces el Rey le dice que vaya a contarle todo eso a Gutiérrez Mellado y éste se pone furioso y le dice que todo eso son imaginaciones, y que él tiene mucha mejor información, y que no hace ningún bien dándole esas noticias al Rey. Pero mi padre cumplió con su deber de informar. Ante el juicio, mi padre pidió permiso al Rey para contar lo que habían hablado el día 13 y por alguna razón la Zarzuela no le dio autorización.

-Tuvo también relación con políticos.

-El año de Lérida fue triunfal para mi padre. Su ilusión era mandar una división y lo destinaron a Lérida, a la división Urgell de Montaña. Allí disfrutó enormemente porque encontró muchas posibilidades de trabajo y muy buena colaboración, por ejemplo, con el alcalde Ciurana, del PSOE. Empezaron a hacer obras conjuntas, como una traída de aguas que parte pagó el Ejército y parte el Ayuntamiento. Ciurana debió de hablar muy bien de mi padre, un general con el que se puede hablar, colaborador, con ganas de hacer cosas. Y pasó Múgica por allí para verlo. Pero de ahí a la lista de un Gobierno de concentración no se puede dar el salto, porque mi padre no estaba en ello.

-¿Qué concluye usted, 30 años después?

-Quien conozca a mi padre, como todos los generales que declararon en el juicio, de golpista no tiene nada. Ha sido un hombre de la línea intelectual del Ejército. Se formó en Estado Mayor y fue a la Escuela de Guerra de París con las máximas calificaciones y fue profesor de la Escuela Superior del Ejército. Mi padre no era de la línea de cuartel, como Milans, y con una línea como la de Tejero estaba lejanísimo.

-A su padre le atribuyen esta frase: «El Rey es como un hijo para mí y a un hijo se le perdona todo».

-No creo que la haya dicho, pero que él le tenía y le tiene un cariño grande es cierto. Cuando se habla mal del Rey delante de mi padre se calla y ya no vuelve a intervenir en la conversación. Le duele que se hable mal de don Juan Carlos.

-¿Se han visto en estos 30 años?

-Una vez en el Refugio, una hermandad como la Cocina Económica o el Albergue Covadonga, pero fundada en 1705. Mi padre pertenece a esa hermandad y el Rey es presidente de honor. En un acto en el que estaba mi padre llegaron el Rey y la Reina. Mi padre no ha contado nada de eso , pero sí otra persona que estaba presente. La Reina vio a mi padre y le dijo al Rey que allí estaba Alfonso. Ella saltó a varios para el saludo y fue junto a mi padre. El Rey siguió la hilera de saludos y llegó a él. Hablaron, pero lo que se dijeron no lo oyó ni el de al lado.

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