Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Casado: un tipo estupendo, con una sombra

El palentino vence a Santamaría bajando a la arena ideológica y haciendo profesión de fe de aznarismo, pero las dudas sobre su currículum pueden darle un disgusto

Pablo Casado.

Pablo Casado. MODEM PRESS

Pablo Casado (Palencia, 1981) cogió ayer las riendas del PP a la misma edad en que lo hizo José María Aznar en el congreso de Sevilla de 1990: a los 37 años. Y a la herencia de Aznar, como a los legados de Mariano Rajoy y de Adolfo Suárez, se acogió el vencedor del "cónclave de la sucesión" en su discurso tras derrotar a Soraya Sáenz de Santamaría. Pero la mención a Suárez -obligada por la sombra, omnipresente estos días tras el candidato, de Adolfo Suárez Illana, hijo del expresidente del Gobierno que armó la Transición- y la referencia, no menos obligada, al hombre al que sucede en el liderazgo del partido y que le ascendió a portavoz tres años atrás, no deben hacer olvidar que en quien Casado desea verse realmente reflejado es en el político que presidió el Ejecutivo entre 1996 y 2004 y que ya en 2015 lo dejó dicho todo sobre el triunfador de ayer, vaticinando casi su victoria: "Si alguien me tiene que renovar, que sea Pablo Casado, que es un tipo estupendo".

El diputado por Ávila que, siempre que puede, presume de haber obtenido su escaño con más votos que nadie (y Ávila es, no se olvide, la tierra natal de Suárez), no ha dudado en bajar a la arena ideológica durante la campaña, hablando de recuperar, como hizo Dolores de Cospedal en la fase de primarias, después valedora suya, principios y valores, echando pestes de la eutanasia y la exhumación de Franco y reclamando políticas "de familia" y por la conciliación, pero sin riesgo nunca de incurrir en feminismo. Eso, por no citar sus denuestos contra la "suave" aplicación del artículo 155 en Cataluña: un ataque directo a la mano derecha de Rajoy desde 2000. Un ataque, también, a Rajoy, y en el asunto que después de la crisis económica -al menos en lo temporal- le ha dado más quebraderos de cabeza.

Pero, por encima de todo ello, Casado le ha hecho otro guiño a Aznar, quizá el que más habrá satisfecho la egomanía del expresidente: ha repetido hasta la saciedad que quien relevara a Rajoy debía sentirse "orgulloso" del pasado del partido, ése que le hizo superar la barrera de los 11 millones de votos. Y, de hecho, se puede decir que al derrotar a Sáenz de Santamaría, el nuevo presidente del PP impide que el legado de Rajoy siga guiando la acción política de los populares, como así hubiera sido de ganar la exvicepresidenta del Gobierno, o si el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, hubiese decidido presentar batalla. Feijóo, que sin abandonar en ningún momento la exquisita neutralidad en el proceso que el "rajoyismo" exigía, no ha podido evitar sentirse más próximo al aspirante de 37 que a la candidata de 47.

A nadie debe extrañar que Casado haya hecho tal profesión de fe de aznarismo, pues fue el presidente del PP entre 1990 y 2004 quien se fijó en su retórica derechista -hoy ya bastante aligerada- y le dio su primera gran oportunidad en 2009, cuando lo convirtió en su director de gabinete, permitiéndole conocer a líderes internacionales como Tony Blair y atisbar una carrera política.

Antes, en 2007, había ganado un escaño en la Asamblea de Madrid. Y todavía antes, en 2003, se había afiliado al partido que desde ayer preside, haciendo valer una juventud que comparte con Albert Rivera (38 años), Pedro Sánchez (46) y Pablo Iglesias (40). O, fuera de España, con Emmanuel Macron (41).

En 2005 llegó a la presidencia de Nuevas Generaciones (NN GG), donde permaneció hasta 2013. Es diputado en el Congreso desde 2011. En 2015 se integró en la dirección del PP. En primer lugar, como portavoz de la campaña de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 y, más tarde, cuando Rajoy accedió a renovar la cúpula tras los malos resultados cosechados, como vicesecretario de Comunicación para rejuvenecer la imagen del partido.

Su único baldón lo constituyen, hasta ahora, las sombras en su currículum, en el que figuran estancias en la John Hopkins University o la Universidad de Georgetown. El juez que indaga el caso del polémico máster de Cristina Cifuentes ha abierto una pieza separada para investigar si la forma en que Casado obtuvo el suyo en la misma universidad, la Rey Juan Carlos (URJC), en 2008, fue irregular. Del juez depende que el asunto acabe en el Supremo, ya que Casado está aforado. Podría ser letal para su recién estrenada presidencia.

Compartir el artículo

stats