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Cataluña

Copa América, Juegos de Invierno, nueva inmersión lingüística, ¿se rompen los bloques en Cataluña?

Presentación de la Copa América en Barcelona.

La gobernación en Cataluña es cosa de tres partidos y Ada Colau. Desde que Pere Aragonès aguantó el tirón de la CUP en los presupuestos catalanes y los sacó adelante con los Comuns a cambio de que Esquerra votara los del Barcelona, la dinámica política ha cambiado y los exabruptos de los anticapitalistas solo asustan al alma activista de Junts que mide sus fuerzas internas en el congreso que celebrarán en los próximos meses. Sin aspavientos, algunas cosas van saliendo adelante, muchas en base a acuerdos fundamentados en la discreción, un método en el que se sienten cómodos tanto Aragonès como Salvador Illa y el alma política de Junts o de los Comuns.  

Cúmulo de acuerdos transversales

La foto de los impulsores de la consecución de la celebración de la Copa América de Vela en Barcelona en el 2024 es quizás el ejemplo más visible. Estaba Colau, la que más costó que se sumara, Aragonès y su equipo de empresa, Jaume Collboni y Damià Calvet, el hombre que dirige el Port de Barcelona con enorme profesionalidad pero al que nadie en Junts le puede discutir su pedigrí independentista. Los reunió la Barcelona Global de Aurora Catà. Menos fotogénicos han sido otros acuerdos, quizás más importantes, como el de la reforma legal para amparar a los profesores frente a la sentencia del 25% obligatorio en castellano y el del gobierno de los medios públicos (TV3 y Catalunya Ràdio). Respecto a los Juegos de Invierno ha fallado a última hora la pata aragonesa, pero la discreción puede acabar doblegando incluso a Javier Lambán.

El pulso de los próximos meses

Este clima de progresiva tranquilidad institucional tiene en los próximos meses algunas amenazas y también nuevas oportunidades. Es evidente que, después del verano, los partidos entrarán en modo elecciones municipales y los acuerdos serán más caros. El sector inteligente de Junts ha empezado a dar muestras de que, en ese contexto, quedarse encadenados al bloque independentista puede ser un muy mal negocio. Lo ha dicho públicamente la consellera Ciuró y lo dicen privadamente los que su paso por la política no depende del número de followers en el ya obsoleto Twitter. El emblema es el gobierno de la Diputació de Barcelona. Es más una cuestión de bajar precio en los pactos que de principios políticos. Este modo de ver las cosas también considera que, tras las próximas elecciones generales, Junts puede tener un papel estelar para frenar a Vox, lo cual puede ser un incentivo para que Pedro Sánchez deje hacer a Illa en Catalunya. En este esquema, quizás la mayor dificultad es que, para mantener este clima, tiene que pasar alguna cosa en la Mesa de Diálogo entre los gobiernos de manera que deje de ser un campo de desgaste de Esquerra por parte de Junts. En la Moncloa lo saben, pero les cuesta acertar con algo que les permita esa inversión de futuro sin dar alas a Vox. Pronto habrá novedades. Si Feijóo concede a Sánchez un par de pactos de Estado antes del verano y deja de llamarle “presidente ilegítimo”, la cosa puede funcionar.

Alerta con quién lidera el momento

Sin duda, una pieza que completaría este tablero de cambio de ciclo (a la espera de que las resoluciones europeas sobre la situación de Puigdemont que arrancan este martes proporcionen o no otro momentum al independentismo) sería la creación de esa mesa de diálogo en Cataluña que reclaman los socialistas con el beneplácito de los Comuns. Aragonès nunca dice que no, pero tampoco arranca el proyecto. Es su manera de presionar para que pasen cosas en la mesa con el Estado, pero debería medir mucho la dinámica en la que entra y que no se encuentre con que el diálogo arranque y no se celebre en el Palau de la Generalitat bajo su presidencia. Algunos de los acuerdos de estas últimas semanas han llegado a su mesa cocinados desde la oposición que es gobierno en otras administraciones. De momento, nadie deja de invitarle a la foto pero si no hay un win win, podría llegar a pasar lo que pasó en la última legislatura de Jordi Pujol cuando Maragall lideró los acuerdos de reforma del Parlament, de la CCMA, del Estatut y estuvo a punto de cambiar el mapa territorial. Y Mas se lo devolvió eclipsándolo en el debate estatuario a partir del 2003. Es lo que pasa cuando el que gobierna olvida que no es el más votado. 

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