Curados contra la homeopatía
Varios activistas se suman a una iniciativa internacional y consumen sobredosis de medicamentos alternativos para denunciar su ineficacia y «el engaño» que suponen

Los activistas toman una «sobredosis» de productos homeopáticos. / juan plaza
Eloy MÉNDEZ
A las 20.23 horas de ayer, con puntualidad meridiana, una veintena de activistas en contra de los métodos homeopáticos consumió en un pub de la calle Marqués de Casa Valdés una sobredosis de estos productos, que se venden como alternativa a la medicina convencional y que, según los participantes en el acto de protesta, constituyen «un engaño». Así, se sumaron a una iniciativa que se realizaba simultáneamente en varios países con el fin de dejar bien claro que «si estas pastillas no matan, es porque tampoco tienen efectos curativos». Una peculiar manera de luchar contra «esta práctica, más próxima a la magia que a cualquier otra cosa».
Mauricio Schwarz era un hombre «completamente tranquilo» minutos antes de ingerir cuarenta pastillas de un producto que se vende como alternativa al Valium. «Dicen que con dos de éstas debería dormirme. Voy a demostrar con una cantidad infinitamente mayor, no me va a pasar nada», aseguraba el impulsor local del «suicidio homeopático», miembro de la asociación nacional Círculo Escéptico que celebra reuniones mensuales en el pub La Cuestión para criticar los métodos «paranormales».
Y lo cierto es que, después de ingerir lo prometido y mezclarlo con varios tragos de cerveza, Schwarz estaba perfectamente una hora más tarde. «De esta forma queremos concienciar a los ciudadanos y a las autoridades de que la homeopatía carece de cualquiera de los efectos que dice tener», explicaba Schwarz, tras subrayar que «por algo la Agencia Española del Medicamento no valida ninguno de estos productos» que se venden en tiendas especializadas. «Ahora ya sabemos que muchas farmacéuticas reales están detrás de las supuestas farmacéuticas que producen estas pastillas. Juegan en los dos sitios para ganar más dinero», sentenció.
La iniciativa, surgida en el Reino Unido, lleva por nombre 10.23, debido al número de Avogadro, una constante científica que expresa el número de moléculas existentes en un mol de cualquier sustancia y que, según los organizadores, «sirve para demostrar que muchas pociones homeopáticas no contienen principio activo alguno» y que, las que lo contienen, «lo hacen en unas dosis tan bajas que nunca pueden producir ningún efecto». «Simplemente luchamos contra un engaño masivo», finalizó ayer uno de los activistas gijoneses.
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