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Drama en el Piles

De la polémica en 1957 por la muerte, a dentelladas de un perro, de uno de los dos primeros cisnes negros del parque de Isabel la Católica y la intervención de la multinacional Philips

Los últimos cisnes negros del Parque (ya desaparecidos).

Los últimos cisnes negros del Parque (ya desaparecidos). MARCOS LEÓN

Autoridades municipales competentes certificaron, el pasado día 11 de noviembre, la muerte del último cisne negro del parque de Isabel la Católica, víctima, según los informes oficiales, de alguno de los individuos de la colonia de nutrias que desde hace años tiene a las aves que habitan en la gran mancha verde de la orilla izquierda del Piles como su despensa particular. La polémica está servida entre quienes pretenden atajar el problema capturando sin demora a los mamíferos carnívoros acuáticos y los que apuestan por "dejar hacer" en el reino animal.

No obstante, la polémica del último cisne negro del parque de Isabel la Católica no es nueva, ni mucho menos, en la historia de la villa. Debemos remontarnos a 1957 para recordar una formidable escandalera local, que tuvo, faltaría, su eco en la prensa nacional e internacional, nada menos, y que puso en aprietos al entonces alcalde de Gijón, el jurista José García-Bernardo y de la Sala, quien presidió la Corporación Municipal entre abril de 1948 y febrero de 1958.

Antes de entrar en materia, es preciso recordar desde cuando habitan cisnes en el parque de Isabel la Católica, y para ello nada mejor que recurrir a las páginas del libro titulado "El parque de Isabel la Católica. Un parque para las cuatro estaciones", que escribió en el año 2007, por encargo del Ayuntamiento de Gijón, el geógrafo Francisco Javier Granda Álvarez.

En uno de los capítulos del libro podemos leer que "las primeras adquisiciones documentadas de animales (para el parque de Isabel la Católica) se produjeron en 1952, año en el que se importaron del zoológico de Amberes tres parejas de cisnes (...) Los animales no llegaron a Gijón hasta el mes de agosto de 1953 (...) En enero de 1954, gracias a la mediación del embajador español en Bélgica, se importaron tres nuevas parejas de cisnes (entre ellos, la primera de cisnes negros)...".

Pero la felicidad de la pareja de cisnes belgas no duró tanto como la que se le supone al protagonista del cuento de Andersen "El patito feo". La tragedia ocurrió el 17 de marzo de 1957, un domingo tranquilo en la villa, a tenor del resumen del día festivo que se publicó en las páginas de la "Hoja del Lunes de Gijón": "La jornada de ayer se mostró con un franco matiz primaveral (...) El paseo de la calle Corrida y Muelle estuvo muy concurrido, especialmente a la hora del aperitivo. También el Muro estuvo muy concurrido, así como el parque de Isabel la Católica".

Pero nada más lejos de la realidad. En el primer gran parque de Gijón, surgido escasos años antes con el relleno de una parte de los esteros de la desembocadura del Piles, un perro vagabundo terminó, a dentelladas, con la hembra de la pareja de cisnes negros belgas. Una atrocidad que la autoridad municipal atajó de forma expeditiva "momentos después de ocurrido el hecho" y por medio de un agente de la guardia municipal, que ejecutó al can de un disparo. Y ahí saltó la polémica.

Vamos ahora a las páginas del diario local "Voluntad" del jueves 21 de marzo de 1957 para leer, en la sección que a diario firmaba Carbayín, la siguiente acerada crítica al señor García-Bernardo y de la Sala: "En esta perra vida mucho hay que oir. Y mucho también, hay que aguantar. Pero, amigos lectores, la vida es eso: oir y aguantar. Porque ayer, si nos hubiesen dejado, nos habríamos del disparador de la pistola que ejecutó al perro causante de la muerte a uno de los cisnes del Parque de Isabel la Católica. Amante y cuidador de toda clase de animales -algunos, bastantes, con carnet de identidad ciudadana-, no pasamos por eso; porque un hombre que gasta sombrero y viaja en coche-cama, aplique, así como así, la ley de Talión a un perro que cometió un simple desaguisado entre irracionales. Para esto, no merece la pena ser doctor en Derecho".

Como suele suceder la cosa se fue enredando y el 27 de marzo siguiente, en las páginas del diario "Abc", Diego Plata firmó un artículo de opinión, titulado "¡Noticia... Noticia!", en el que contaba la historia del cisne muerto y del perro "ejecutado" en el parque de Isabel la Católica. Cabe recordar que con el seudónimo de Diego Plata firmaba en el rotativo de los Luca de Tena una de las primeras plumas del periodismo español de la primera mitad del siglo XX: Víctor de la Serna y Espina (1896-1958), que era hijo de la escritora Concha Espina.

Secuestro y sacrificio

Escrito en forma epistolar al director del diario, Víctor de la Serna nos dejó las siguientes líneas: "Lo que se sabe es que la enamorada pareja de la hembra tan perramente muerta ha adolecido del incurable mal de que tantos galanes mueren. Y entonces ha venido lo gordo. Que el alcalde, persona sensible, ha decretado que todo perro que sea visto en el parque donde ocurrió lo que él mismo califica de 'muerte acaecida en circunstancias trágicas' será 'secuestrado y sacrificado'. Y más aún, señor director, el señor alcalde de Gijón ha comunicado a los compañeros de usted una noticia tremenda, estremecedora, pero ejemplar (...). La copio literalmente porque yo no quiero líos y en algunos me está usted metiendo: 'El perro asesino, el que destrozó a dentelladas a uno de los favoritos del parque, a la hembra del cisne negro, ha pagado su fechoría. El Ayuntamiento ha decretado su ejecución sumarísima y el perro lobo fue ejecutado' (sic)".

Finalmente, Víctor de la Serna proponía "que se le regale un cisne negro al Parque de Gijón entre todos los admiradores de la ciudad, todos los que la disfrutamos en furtivas escapadas amorosas. Pero que dejen en paz a los pobres perros".

Influyente el diario con doble sede en Madrid y en Sevilla, el asunto traspasó los Pirineos y llegó a los Países Bajos, nada más y nada menos que a los ojos del jefe de Publicidad de la casa central de la multinacional Philips, un tal señor Naninga, con despacho en la ciudad holandesa de Eindhoven.

El publicista vio la oportunidad, seguramente, de marcar un tanto a favor de la compañía y se puso en contacto con la delegación de Philips en España para recabar detalles más precisos.

El final de esta historia lo tomamos de las páginas del diario "Voluntad" del viernes 7 de junio de 1957. En su última plana, el periodista Bastián Faro (seudónimo del gijonés Evaristo García Valle) escribió, pero sin firmarla, una extensa información que tituló "Dos cisnes negros hembra engrosan desde ayer la familia del lago del Parque". Y de sumario: "Han sido regalados a Gijón por la Casa 'Philips", de Holanda", que tenía en Gijón, como representante, a la firma Electrogás, con establecimiento en el número 36 de la calle Corrida.

Los dos cisnes llegaron a Asturias en un avión de Aviaco, tras hacer escala en el aeropuerto de Barajas, "donde uno de los cisnes se escapó por la pista cuando un fotógrafo de la prensa madrileña iba a tirarle unas placas", pero "después de varios minutos pudo ser cogido", relató Bastián Faro.

El avión aterrizó en el aeródromo de Llanera (aún no se había construido el aeropuerto de Santiago del Monte), donde una amplia delegación gijonesa se hizo cargo de las aves, bautizadas como "Philetta" y "Philippa". Y a las siete y media de la tarde los dos cisnes fueron soltados en el lago del parque de Isabel la Católica, donde formaron, con el macho, "una nueva triada familiar de negros cuellos maravillosos".

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