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Los venezolanos que recalan en Gijón viven "una situación dramática", alerta Cáritas

La entidad atiende un goteo constante de familias del país con niños que no tienen acceso a ninguna prestación por no estar empadronados

Yolanda Miranda y Arancha Mouriz, ayer, en la sede de Cáritas en Gijón.

Yolanda Miranda y Arancha Mouriz, ayer, en la sede de Cáritas en Gijón. MARCOS LEÓN

Es un goteo incesante y la situación es "dramática". Los responsables de Cáritas en Gijón alertan de la complicada situación a la que se enfrentan desde hace un par de años por la llegada constante de numerosos ciudadanos venezolanos, que se ven obligados a recurrir a la caridad por la imposibilidad de acceder a otras ayudas y por la saturación que viven otras entidades como Cruz Roja o Accem, que son las que procuran vivienda en primera instancia a las personas que llegan de otros países en demanda de protección internacional. El plazo de espera para asignar vivienda a estas personas es de medio año en muchos casos.

"Estamos viendo situaciones verdaderamente dramáticas, con familias de cuatro miembros malviviendo en una habitación realquilada, muchas veces en condiciones de infravivienda y a precios abusivos", relatan Yolanda Miranda, coordinadora de Cáritas Arciprestal en Gijón, y Arancha Mouriz, trabajadora social de la entidad en la ciudad. Lo más "doloroso" para estas personas, de las que no hay un cómputo todavía, estriba, señalan, en el hecho de que "se trata de familias con un perfil absolutamente normalizado, que tenían una pareja, unos hijos, vivienda y trabajo como cualquiera de nosotros y que en poco tiempo se han visto obligados a dejarlo todo atrás por la escasez de lo más básico y a veces el miedo a la propia integridad física por la situación que se está viviendo en Venezuela", relatan.

La situación además se agrava para ellos porque permanecen en un limbo a la hora de recibir ayudas. Son familias de clase media que se han visto obligadas a gastar casi todos sus ahorros para salir del país, y que necesitan apoyo para establecerse en España, pero "a pesar de que han seguido el trámite para conseguir la protección internacional, las ayudas se demoran mucho", lamenta Mouriz, habida cuenta de que "Servicios Sociales tiene establecido en Gijón que no da ayudas a las familias que no lleven al menos un año empadronadas en la ciudad". Así las cosas, "somos su único recurso, y tenemos que hacer frente a la solución de casi todas sus necesidades", relata la trabajadora social.

Porque "casi todos llegan con un equipaje muy ligero, sin ropa ni productos de higiene, y necesitan que les echemos una mano con eso. Además de la alimentación y la vivienda, que son lo más urgente", sostiene a su vez Yolanda Miranda. Cáritas costea habitaciones, reparte ropa y vales de comida y ejerce una importante labor de acompañamiento y acogida, porque como señala la coordinadora, "escuchar a la gente y hacerles saber que aquí cuentan con un espacio de referencia en el que les prestamos toda nuestra atención es fundamental para ellos".

Otro problema añadido es el hecho de que los menores están escolarizados, pero al no estar empadronados no tienen derecho a la beca de comedor. Y muchos necesitan además una ayuda para la integración en el sistema educativo español que se traduce ne forma de clases particulares, también a cargo de Cáritas. Y otro gran escollo que se encuentra la comunidad venezolana es la de poder convalidar sus estudios en España, un trámite tedioso y caro, hasta tal punto de que "se dan casos de personas con carreras superiores como la de Física que se ven obligadas a cursar la ESO para poder acceder a un certificado de profesionalidad, el que sea, para optar a poder obtener un trabajo y ganarse la vida", señala el personal de Cáritas. No en vano están acostumbrados a atender a "abogados, médicos, enfermeras y hasta forenses que se han visto en la obligación de empezar de nuevo y sin apoyos".

Cáritas prevé que la llegada de venezolanos se intensifique en los próximos meses en vista de las dificultades del país, y "por los mismos motivos, también están empezando a llegar ciudadanos de Colombia". Cada semana llegan a las parroquias de Gijón nuevas familias con necesidades básicas sin cubrir, y "cada vez son mayores, porque la gente con más posibilidades económicas llegó ya hace un par de años en una primera oleada".

Las responsables de la entidad en Gijón ponen el acento en la "dificultad insalvable de encontrar vivienda digna a precio asequible en Gijón; es un problema gravísimo y para el que se necesita una solución urgente", recalcan, en un contexto que también sigue siendo muy complejo para los españoles. "Las familias que se hundieron con la crisis no han salido a flote aún, y a ellos se añaden otros perfiles para los que hay muy pocas ayudas: el de las personas con problemas de salud mental, que cada vez acuden más a Cáritas", explica Arancha Mouriz.

Con todo, la entidad "alcanza hasta donde alcanza y de momento", porque el número de socios ha ido bajando a la par que las necesidades, cambiantes, se han ido manteniendo, con un grave riesgo de cronificación para muchos colectivos, especialmente para las mujeres solas con hijos a cargo. Otro de los perfiles que más preocupan, porque "al estar solas no pueden acceder a ciertos trabajos por no tener con quién dejar a los niños y se ven encerradas en un círculo vicioso de precariedad".

Por eso Cáritas pide que se le sumen colaboradores. Desde clínicas dentales hasta abogados que puedan ofrecer precios reducidos. Para quien no tiene casi nada, todo cuenta.

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