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Gijón en retrovisor

La "era del hormigón" de Areces se inició en el paseo de Begoña

El llamado "anzuelo" de Joaquín Aranda, en la calle de Covadonga.

El llamado "anzuelo" de Joaquín Aranda, en la calle de Covadonga. JMANSO

Si el alcalde José Manuel Palacio puso unos sólidos cimientos urbanísticos, gracias al Plan General concebido con gran rigor por Ramón Fernández-Rañada y su prestigioso equipo de profesionales, que estuvo al margen de todo tipo de presiones especulativas, por lo que fue objeto de furibundos ataques por parte de los conservadores de toda la vida que negaban que Gijón estuviese en aquellos años en el crecimiento cero -lo que así fue, como quedó demostrado con el tiempo- y su oposición al catálogo de edificios con alto valor arquitectónico, con lo que se trataba de frenar la piqueta especulativa que destruyó gran parte del histórico patrimonio en nuestra ciudad, luego todo cambió.

Tras la llegada al Ayuntamiento del alcalde Areces y su equipo de reciclados comunistas que encontraron en la Casa Consistorial su refugio para la supervivencia personal, unja de las primeras medidas fue controlar el urbanismo y desactivas muchas medidas protectoras del Plan General sobre las zonas verdes. Al posteriormente premiado arquitecto Ramón Fernández-Rañada no le dolieron prendas para calificarlo públicamente como "las tropelías urbanísticas de Areces". De ahí que cuando se procedió a la revisión del Plan General de Ordenación Urbana se le dejó fuera del concurso público aduciendo un supuesto defecto de forma. Me parece que este es un hecho fundamental que ha pasado muy desapercibido hasta ahora, pero el abogado que defendió en los tribunales a Ramón Fernández-Rañada y ganó -por supuesto- fue Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos, con la correspondiente indemnización dineraria por los perjuicios profesionales ocasionados por la negligencia administrativa municipal. No importaba porque, como siempre, los ciudadanos somos los que pagamos con nuestros impuestos los errores y caprichos de quienes nos gobiernan. Las arcas públicas lo aguantan todo y si te he visto no me acuerdo. Pero la historia así es y nadie la puede cambiar. Ya lo había advertido con una frase genial "La Codorniz" en la década de los sesenta: donde no hay publicidad resplandece la verdad.

Cambios en la Oficina Municipal de Urbanismo. Tras el cese del ingeniero Juan Álvarez como responsable del control del Plan General de Ordenación Urbana, el presidente de la Comisión de Urbanismo, Jesús Morales Miravalles procedió a mover fichas y realizar cambios sustanciales en la organización de la Oficina Municipal de Urbanismo. Así el arquitecto José Ovidio Blanco Suárez asumió las responsabilidades de la Oficina de Gestión del Plan General de Ordenación Urbana y la arquitecta Belén Fernández Amado le reforzó como responsable del desarrollo complementario al planeamiento hecho por el equipo de Ramón Fernández-Rañada. De la concesión de licencias municipales se encargó de esa labor a la arquitecta María del Mar Benito Pallarés -casada con el veterano militante del PSOE, Aladino Cordero, quien se dedicaba a dirigir el Festival de Cine, con los criterios de todo un aficionado sin capacidad de gestión-, mientras que al arquitecto José Luis Carballo se le encomendaron la realización de proyectos y el control de las obras municipales.

Tres esculturas de hormigón en el paseo de Begoña. Quizás sea nuestro popular paseo de Begoña el lugar donde, desde el principio, allí quedó muy clara la nueva época del hormigón en nuestra ciudad bajo el mandato del alcalde Areces. Tres esculturas: dos de Joaquín Rubio Camín -el obelisco de pilares amontonados de hormigón y "Génesis" que daba nombre al principio de la nueva era- y la otra del arquitecto Joaquín Aranda Iriarte, a modo de estanque con fuentes en la peatonalizada calle de Covadonga que la sabiduría popular pronto bautizó como "el anzuelo". Muchos fuimos los que demostramos nuestra preocupación por algo que no encajaba estéticamente en aquel entorno, pero el ingeniero-jefe municipal Fernando González Landa me advirtió, con sus conocimientos técnicos, que iba a tener muy mala vejez. No se equivocó en esto: dos décadas la demolieron.

Al ser trasladado el obelisco de hormigón a la entrada de Gijón por la antigua carretera de Oviedo, para dar la bienvenida a los visitantes con el gran atractivo de la "obra de Arte" de Joaquín Rubio Camín; ya solamente quedó, en medio de árboles en un lugar discreto del paseo de Begoña, la composición pétrea a la que su autor calificó como "Génesis".

Dos años después, aquel cántico artístico al hormigón culminaría con la inauguración oficial del "Elogio del horizonte" de Eduardo Chillida en el cerro de Santa Catalina que, en buena lógica y como síntesis de aquella era urbanística en la que todo valía -no se puede olvidar que fue adjudicado "dedocráticamente", sin intervención de ningún órgano del gobierno municipal, ya que el expediente para su legalización fue iniciado vergonzosamente cuatro años después- no tardó en ser declarado como símbolo de la ciudad. Elemental, vamos.

Sin olvidarnos, claro, de que también se daban los primeros pasos para la construcción del gran dique del puerto de El Musel al que entonces jefe de la Demarcación de Costas del MOPU en Asturias, Alejandro Checa -que se enfrentó a quienes mantenían que iba a ser una barbaridad que destrozaría el horizonte de la playa de San Lorenzo- hizo una desafortunada valoración al pronosticar que el dique iba a ser como una hormiga en una bañera. A la vista está esa desproporcionada inversión en hormigón que tampoco se ha librado de los procedimientos judiciales para saber dónde quedó, en el proceso de construcción, mucho dinero.

Adosados en La Providencia y Somió. La nueva política urbanística toleró la proliferación de chalés en las zonas residenciales de La Providencia y Somió rompiendo un tradicional paisaje, con grandes protestas por la voluminosa urbanización en el prado del Rinconín. Quien dio entonces la voz de alarma fue el "Partíu Asturianista" que fundó y dirigió Xuan Xosé Sánchez Vicente, al presentar un escrito dirigido al alcalde en el que dejaba las cosas claras protestando oficialmente sobre la nueva política urbanística de la Corporación Municipal: "En concreto queremos señalar uno especialmente grave y que ya solo de forma parcial es posible detener y paliar. Nos referimos a las construcciones de chalés adosados en La Providencia y Somió, dos zonas auténticamente maravillosas de las que nuestra ciudad puede ufanarse. Los adosados, verdaderos monstruos de fealdad y vulgaridad rompen un entorno único, a medias residencial y aldeano. Le proponemos, por tanto, que realice cambios en su política urbanística. No parece adecuado unir una nueva degradación a la profunda crisis que Gijón sufre".

Cierre del "Teatro Jovellanos". A finales de aquel año de 1988, la empresa Circuitos Fernández-Arango que había explotado la mayoría de las salas cinematográficas de la ciudad y que las fue cerrando paulatinamente, también bajó la persiana al "Teatro Jovellanos", lo que provocó una oleada de protestas. El imaginativo Chus Quirós quiso reconvertirlo en un teatro con el patio de butacas en circular para que pudiera acoger otros aprovechamientos festivos, pero su idea fue desechada con cierta indignación. De ahí que al Ayuntamiento no le quedase más remedio que iniciar el proceso de expropiación para asumir la responsabilidad de su explotación.

Al recordar todo aquella ejemplar reivindicación de la ciudadanía para no perder un escenario emblemático, se me abren las carnes al entristecerme por los últimos destinos que se han dado al "Teatro Arango". A veces da la impresión de que los conspicuos de nuestro Gijón del alma estén anestesiados.

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