06 de mayo de 2019
06.05.2019

Homenaje en Bretaña a los refugiados españoles

Una placa y testimonios recuerdan a los miles de expatriados, muchos de ellos asturianos, acogidos durante la Guerra Civil

06.05.2019 | 02:39
Asistentes a los actos de homenaje a los refugiados españoles en Bretaña.

En la localidad bretona de Plouhinec se situaba hace 80 años el mayor centro de acogida de refugiados españoles de todo el departamento francés de Finisterre. Los barracones destinados a "colonia de vacaciones" del barrio de Poulgoazec comenzaron a alojar a las mujeres, niños y ancianos que huían de las bombas y la muerte desde 1937 y, con la caída de Cataluña, en número aún mayor en 1939. Ochenta años después, con motivo de los homenajes que en toda Francia se están realizando para recordar el éxodo masivo de españoles provocado por el avance de las tropas franquistas, la asociación francesa de memoria histórica Mère 29 (Memoria del Exilio Republicano Español) promovió el sábado una jornada de recuerdo a los refugiados acogidos en esta localidad bretona.

Homenaje municipal. El acto contó con la participación del ayuntamiento de la localidad, cuyo alcalde inauguró una placa conmemorativa bajo la cual colocó dos ramos de flores con los colores de la República francesa y la República española. En su discurso, el alcalde recordó los momentos esenciales de la guerra civil española y de la acogida de miles de personas en pocos meses, para terminar, haciendo un alegato sobre el "deber de solidaridad y ayuda" que movió a sus antepasados y que debe seguir moviendo la acción política en la actualidad.

El público, compuesto por un gran número de descendientes de españoles, pudo asistir después a un vino de honor ofrecido por la alcaldía, seguido de una comida de confraternización. Por la tarde, los actos continuaron en la sala municipal, donde el vicepresidente de la asociación Mère 29 trazó con detalle los sucesos de la Guerra Civil que provocaron la emigración de miles de españoles y su llegada y acogida en tierras bretonas. Posteriormente, fue el turno de los descendientes de refugiados, que presentaron los testimonios sobre sus familiares: hombres, mujeres y niños que huían de la represión y algunos de los cuales decidieron quedarse en tierras bretonas, donde rehicieron su vida, aunque guardaron siempre el recuerdo de la dolorosa España que habían tenido que abandonar.

Dos oleadas de refugiados. Vascos, cántabros y asturianos formaron un numeroso grupo de los refugiados llegados a Plouhinec en dos etapas: la primera, desde junio de 1937, con la caída del frente norte y la ocupación franquista de Bilbao, Santander y finalmente Gijón, que empujó al Cantábrico a cientos de familias que se subían a cualquier embarcación que pudiera alejarlas de la guerra. Muchas de esas embarcaciones llegaban, a veces de manera completamente azarosa, a puertos bretones, y desde allí los refugiados eran redistribuidos en los centros de acogida que apresuradamente fueron abriéndose por toda Francia con ayuda de sindicatos como la CGT y el Partido Comunista. Aunque el grueso de los refugiados lo componían mujeres solas con niños, en esos meses de 1937 y sobre todo en los días previos a la caída de Gijón, el 21 de octubre, arribaron a puertos franceses decenas de barcos ocupados por milicianos y cargos de la República, como Belarmino Tomás, presidente del Consejo Soberano de Asturias y León, o Avelino González Mallada, alcalde de Gijón.

La segunda oleada de refugiados llegados a Bretaña se produce en el invierno de 1939, cuando las tropas franquistas toman Cataluña. Los miles de republicanos allí protegidos deben abandonar la zona y medio millón de ellos atraviesan a pie la frontera con Francia entre la nieve y el frío en apenas quince días; los civiles son destinados entonces a centros de acogida, mientras que milicianos y militares son enviados a campos de concentración.

Una familia gijonesa. Uno de aquellos refugiados fue Manuela Hidalgo Sanz, de entonces quince años, que abandonó Gijón antes de la entrada de las tropas franquistas junto a su madre y cinco de sus hermanos (el padre y el hermano mayor se habían quedado en la ciudad). Tras un periplo incierto que los llevó por barco hasta algún puerto del oeste francés, la familia fue repatriada a zona republicana en el Pirineo catalán, de donde debieron huir en enero de 1939; atendidos por la Cruz Roja francesa, son enviados a la otra punta del país, hasta la pequeña "comune" de Plouhinec, donde pasarán seis meses hasta su regreso a España en el mes de julio, donde deberán esperar varios años para ver a su padre, sobre el que pesaba una condena a muerte.

El recuerdo de Manuela, el relato a veces incompleto de su itinerario, sus convicciones y su agradecimiento al trato y la acogida recibidos en Francia fueron evocados en el acto del sábado por sus familiares ante un público bretón que, ochenta años después, sigue manteniendo viva la memoria del exilio republicano español.

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