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Las escaleras del rock, a todo color

"Son icónicas", afirman los vecinos de Cimadevilla tras repintar los peldaños

Tania Raposo y Bruce Marcos se hacen un selfie en las escaleras del rock.

Tania Raposo y Bruce Marcos se hacen un selfie en las escaleras del rock. Juan PLAZA

Una buena mano de pintura y a seguir acaparando miradas y fotografías. Así es la nueva "vida" de las escaleras del rock de Cimadevilla después de a mitad de la semana pasada sus peldaños fueran repintados. Ahora, vuelven a lucir como en sus mejores tiempos, recolectan selfies de los turistas y enorgullecen a los vecinos del barrio. "Son un icono de Cimavilla, aseguraba María Elena García, una vecina.

María Elena García paseaba ayer por Óscar Olavarría. Bajó los peldaños de las escaleras del rock como casi todos los días. Se apoyaba en la barandilla mientras llevaba las bolsas de la compra. "Esta barandilla la pidió mi madre para no tropezar", recordaba con orgullo una mujer que nació en la calle Atocha como su hermana gemela.

"Están muy guapas, vuelven a llamar la atención", añadía García. Pero no solo los gijoneses giran la vista cuando ven la travesía que une Óscar Olavarría con la calle Claudio Alvargonzález. Los turistas son los que más rápidos se quedan prendados de la construcción. Y es que como otros monumentos de la ciudad como Las Letronas, las escaleras del rock son una máquina de generar selfies.

"Las hemos visto, hemos dicho 'mira qué monas son' y para Instagram que van", comentaban Yoana Casquero y Paula Nieto, dos visitantes procedentes de Valladolid de 23 años. "Estuve en Gijón hace unos cuantos años y ya me saqué una foto cuando estaban viejas, ahora toca repetir", adjuntaba Aroa García, de Alicante. "La verdad que no necesitan filtro", puntualizaba Alicia Cifuentes, compañera de la primera, aunque de Murcia.

"Antes tenían nombres de grupos en los escalones, en 2015 me hice la foto y hoy -por ayer- repito", anunciaba Tania Raposo, de 27 años, de visita en Gijón junto a su novio, Bruce Marcos, de 30 años, y ambos procedentes de Valladolid. Los dos como muchos otros pudieron ver en su máximo esplendor uno de los sitios más míticos de Cimadevilla, las escaleras del rock que recuperaron su color.

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