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De viaje con Jovellanos | Gran viaje de 1791 (II)

El camino más perverso de Asturias

El robledal de delante de la capilla San Antonio en Cangas de Onís.

El robledal de delante de la capilla San Antonio en Cangas de Onís.

Nuestro viajero ilustrado llega al concejo de Piloña y a su capital, Infiesto, el 6 de agosto de aquel año de 1791. Bien temprano, tras oír misa, reinicia su trayecto que veremos dónde le lleva.

Escribe lo siguiente don Gaspar al día siguiente. "Misa en el Infiesto, dicha por el cura de Sorribas; salida a las siete menos cuarto; dos leguas a Llames, con tal cual mal paso; en lo demás buen camino. Desde la salida de la casa de Pandiello (triste para mí por las memorias de mi difunta hermana), empieza uno de los caminos más perversos de Asturias, no sólo en el famoso Golondrón, sino antes y después hasta llegar al puente de Cangas. Jamás podrá ser este camino tolerable, por correr en lo alto de los montes o en las estrechísimas orillas del río".

Desgranemos este párrafo que, como siempre, tiene gran interés. Desde Infiesto, y tras unos 14 km de recorrido transitando prácticamente el mismo trayecto que la actual carretera nacional, llega a Llames de Parres, bien cerca ya de la actual capital, Arriondas. Habla con nostalgia de la casa de Pandiello por el recuerdo de su hermana Juana Jacinta, diez años mayor que nuestro protagonista. Ella había nacido el 8 de febrero de 1734 y con apenas 23 años se casó con Juan Antonio Lopez Pandiello. Este hombre rondaba los 60 años y para él eran segundas nupcias. Estaba bien posicionado social y económicamente hablando. La casona en Llames, donde residieron, aun se conserva. En 1757 se casan y allí viven hasta que Pandiello muere ocho años después, quedando Juana viuda a los 31 años. "Se distinguía por su hermosura, gracia y talento y que atraía a sí el cariño de cuantos con ella se relacionaban", escribió Jovellanos de su hermana.

Viuda joven y sin descendencia, Juana quedó con un cuantioso capital procedente, en parte, de la familia del que fue su marido. Al año siguiente se casó de nuevo con Sebastian de Posada y Soto, ya nombrado en estos artículos, y que volverá a aparecer en breve. De su segundo marido tuvo tres hijos, que fueron María de Posada y Jovellanos -llegó a casarse con el señor de la casa de Nava-, Lorenza -se casó con Pedro de Soto y Posada-, y Joaquín, que nació en 1772, sirvió en la marina y fue alférez de navío. Tras el parto de este último, Juana sufrió complicaciones que la llevaron a morir con tan solo 39 años.

Jovellanos visitó esta casa y habló de las bellezas del paisaje que desde allí se vislumbraban en más de una ocasión. Pero en su diario, el prócer escribe sobre las dificultades del camino desde aquí hacia Canga. De hecho, dice que es uno de los más perversos de Asturias.

Esos senderos, aún hoy son duros, pero de paisajes espectaculares y además la terminología del Golondrón de su denominación también se conserva. Como curiosidad, añadir que por los concejos de Parres y Cangas de Onís comparten sendero dos trazados, el camino de Gijón a Covadonga y el llamado Camín de la Reina, ambos muy transitados hoy día por senderistas y amantes de la naturaleza. Este último se denominado así por los arreglos que se hicieron para la visita de la reina Isabel II en 1858 al santuario de Covadonga. Discurre sobre lo que fue una antigua calzada romana, y paneles informativos recuerdan hoy su historia. Se cuenta, por ejemplo, que "Isabel II llega al concejo de Parres el 27 de agosto, después de visitar el santuario de la Virgen de la Cueva en Piloña. Antes de su recibimiento en el Collado de Otero, la Reina decide hacer una parada para descansar y reposar sentada sobre el banco de piedra en la Quintana del Caspiu de Llames de Parres". Este banco sigue existiendo y se conserva a día de hoy.

El viaje continúa y Jovino escribe: "Del Infiesto a Llames dos leguas; de allí a Cangas otras dos mortales. Llegada a Cangas a las once, con mucho calor; hospedamos en la casa de doña Josefa Posada, viuda de Cortés. Recibiónos en el camino el marido de la sobrina Marica Posada y Jovellanos. Comimos bien; buena y larga siesta; truenos y lluvia. Resuélvese no salir hasta mañana; aviso al señor Ribero. Noticia tomada de una suscripción para abrir comunicación a Castilla por el puerto de Tarna. Deben concurrir con dinero eclesiásticos y caballeros, y con su trabajo el pueblo. La promueve con calor don Vicente Antayo (lengua del conde De la Vega) que salió del Principado por Tarna; se cree haya ido a Madrid; otros que a León".

Nombra Jovellanos varias personas en este párrafo, y con un planteamiento de fondo que era desarrollar una carretera hacia tierras leonesas por el puerto de Tarna. La primera es Josefa de Posada y Soto, viuda en aquel momento de Antonio Cortés y ya mencionados en las expediciones mineras. Josefa era hija de Joaquín Posada y de Josefa de Soto y Posada, casados en febrero de 1729. Este matrimonio, además de Josefa, tuvo a Ramón de Posada y Soto que, entre muchos cargos relevantes, fue oidor de la Audiencia de Guatemala, fiscal de Hacienda en México y primer presidente del Tribunal Supremo en España, creado en 1812, y a Sebastián de Posada y Soto el segundo marido de Juana, la hermana de Jovellanos.

El señor Ribero citado sería Joaquín del Ribero y Gómez de Lamadrid, alférez de milicias, juez en tres ocasiones de la villa de Llanes, juez subdelegado de Marina y procurador del Principado. Don Vicente Antayo Bermúdez de Espinaredo, que Jovellanos define como "lengua del conde de la Vega del Sella", sería el hijo del matrimonio formado por Antonio Agustín de Antayo, primer marqués de Vista Alegre y regidor perpetuo de Oviedo, y de Maria Teresa Bermúdez de Espinaredo, señora de las casas de Roces, Espinaredo y Sofelguera.

El conde de la Vega del Sella era en aquel momento Manuel Duque de Estrada y Atorrasagasti. Era el quinto conde tras la aparición de este título, que tiene su origen en 1647, cuando Felipe IV se lo otorga a Fernando Duque de Estrada, a la sazón I conde de la Vega del Sella.

A continuación, escribe Jovino lo siguiente: "Paseo a la iglesia; plantío hecho por Posada en el campo que está delante, de buenos robles; en medio un luneto, un fresno en el centro, tres o cuatro llameras, especie de alisos, y un hermosísimo tejo a un lado. Será gracioso esparcimiento, pero la subida es malísima; puede mejorarse, pero nunca dejará de ser agria. Por la tarde vino a verme un hijo de Manuel Reguera con carta de su padre, que está en Covadonga. Se excusa de venir por un remate. A otra cosa: trabajan allí de sesenta a setenta hombres; hay poco dinero".

El día 7 pernocta en Cangas pero antes de irse a descansar en el Palacio de Cortés y recibir al hijo del arquitecto Reguera, que le contaría detalles sobre las obras en Covadonga, visita justo por detrás del palacio, la antigua parroquial de Santa María y el famoso robledal de San Antonio. La iglesia de Santa Maria data del siglo XV, en su ábside aún conserva restos de ese periodo , aunque la mayor parte de la construcción es contemporánea con la época de Jovellanos, actualmente alberga el Aula del Reino de Asturias ya que la parroquial de Cangas es la iglesia de la Asunción.

Los robles centenarios situados justo delante de la capilla de San Antonio, patrón de la ciudad de Cangas de Onís, cuya festividad y día grande de la romería canguesa es el 13 de junio, fueron plantados precisamente por Sebastián Posada y Soto, segundo marido de Juana, la hermana de don Gaspar, en 1786, como así lo recuerda todavía hoy la inscripción en la mesa de piedra en medio del robledal. Lugar de indudable valor religioso, histórico, sentimental y ecológico en Cangas de Onís.

El día 8 reinicia el camino, pero eso lo veremos, siguiendo las huellas de nuestro ilustrado, en el próximo capítulo.

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