02 de junio de 2020
02.06.2020
La Nueva España

Realojados en hoteles los vecinos de la torre de La Estrella: "Aún no se respira"

El Principado anuncia un suministro temporal de electricidad para que parte de los residentes puedan volver a sus casas este fin de semana

02.06.2020 | 00:51
Magdalena Mourelle, ayer, en la sala del cuadro de contadores, donde se inició el fuego de la torre sur de La Estrella.

"Algunos llevan durmiendo en casa dos días porque no tiene otra opción. Se está poniendo a la gente en peligro". Los vecinos de la torre sur de La Estrella de El Natahoyo, que sufrió un aparatoso incendio en la noche del pasado sábado, podrán acceder a alojamientos temporales en hoteles a través del seguro de su comunidad. Aunque todavía se está decidiendo qué centros abrirán sus puertas y cuántas plazas ofertarán, algunos ya han empezado a cobijar a afectados a la espera de que se tramite de forma oficial, en señal de solidaridad. La mayoría de los más de 200 residentes afectados se han ido apañando por su cuenta y viven estos días con familiares y conocidos, pero varios inquilinos, alertan, no disponen de esta opción: "Han dejado a la gente tirada todo el fin de semana". El Principado anunció ayer que instalará un suministro temporal de electricidad para que "gran parte" de los residentes regresen a sus casas este mismo fin de semana.

Pilar Calle es una de las que ayer seguía en su vivienda de la sexta planta con su marido y su hijo porque, explica, no dispone de "otro recurso". Tiene las ventanas abiertas las 24 horas del día para ventilar, pero carece de luz y agua caliente. La fría, además, sale a muy baja presión al no funcionar el sistema de bombeo. "Nos han traído un hornillo de gas para cocinar y vamos tirando", explicaba ayer desde su rellano en penumbra. También se estaba quedando hasta ayer a dormir en su domicilio Matías González, que se ha llevado el "gran susto" de su vida con relativo optimismo. "Es un aburrimiento porque no puedo poner la radio ni la tele, pero al menos ahora estamos comiendo de restaurante todos los días", bromeaba. Por la tarde, sin embargo, consiguió una plaza en el Hotel 44 -que reservó ayer ocho habitaciones para los afectados-, donde agradeció poder haberse dado "una ducha en condiciones". González, mientras tanto, reivindica la "solidaridad" del barrio. "Se está notando cómo es la comunidad. No para de sonarme el teléfono de amigos y conocidos que me ofrecen poder ir a cargar la tablet a su casa y mostrar su disposición para lo que necesite. Hay gente muy buena", agradecía. Otra de las realojadas en este hotel fue Inmaculada Hurtado, en compañía de sus dos hijos: "Es un alivio".


Los hubo con más suerte, porque la mayoría de los residentes que se acercaron ayer a su piso lo hicieron solo para limpiar y llevarse alguna cosa más a las casas de amigos y familiares que les han ofrecido cobijo. Miguel Fernández y su pareja pudieron abandonar al momento su vivienda de la planta 11ª y refugiarse en un piso que una tía de él tiene deshabitado en El Llano. O María del Mar Mera, que se instaló definitivamente en casa de su suegra -ya iba para comer y cenar al no poder encender la vitrocerámica de su piso- tras ver que "sigue siendo imposible respirar en los pasillos". O Claudia Fernández, que se había podido ir con su pareja, Frelys Soto, a la casa de la madre de ella, aunque después, por la tarde, ambos consiguieron una plaza en el Hotel Don Manuel. "Tuvimos que mover nosotros lo de los hoteles porque estamos pagando a un seguro todos los años para algo. Se tenía que haber cambiado un cuadro de la luz y de ahí vino todo esto", protestaba. Magdalena Mourelle, limpiadora del edificio desde hace 15 años, añadía que el incendio llegó a derretir una tubería de agua: "Acabó saliendo humo hasta de los timbres". El grupo municipal de Podemos-Equo pidió ayer el realojo inmediato de los afectados.

Duro golpe a los comercios

Los propietarios de bajos comerciales próximos al número 86 de la avenida de Galicia estaban ayer en corrillo, de brazos cruzados, viendo cómo los técnicos seguían retirando cables y material destrozado. Para ellos, tras más de dos meses de cierre obligado por la pandemia de coronavirus, lo del sábado es "la ruina". El negocio más afectado es la pizzería y pollería instalada justo a la entrada del portal, en el margen derecho. "El destrozo ha sido importante porque hemos tenido que tirar muchísima comida y limpiar a destajo. Estábamos todavía abiertos cuando empezó a parpadear la luz. Al poco se apagó todo", explicaba Fran Dos Santos, uno de los trabajadores.

Otro local colindante es el de Iván López, que regenta un taller de zapatería. "El sector todavía no había conseguido arrancar del todo. No puedo hacer nada porque no puedo usar la maquinaria", lamentaba. Sí está abierto el quiosco de la zona, ubicado en el margen izquierdo respecto al portal y regentado por María Morales: "Me traje una báscula de casa y hago las cuentas de memoria, pero al menos trabajo". También está abierta la panadería, en este mismo margen izquierdo, que vende el género horneado en su obrador de Tremañes. Su responsable, Manuel Méndez, aboga por instalar generadores provisionales, aunque está a la espera de alcanzar un consenso con el resto de negocios.

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