03 de julio de 2020
03.07.2020
La Nueva España

El "desbloqueo" pictórico de Jesús Zurita

El artista ceutí, avecindado en Granada, lleva hoy a la sala Gema Llamazares una exposición resuelta durante la pandemia

03.07.2020 | 00:57
Jesús Zurita, ante una de sus obras.

J. L. ARGÜELLES

"Una exposición atípica en mi forma de trabajar". Así describe el pintor Jesús Zurita (Ceuta, 1974) los contenidos de "Al final, me asomé", que puede verse des hoy y hasta el próximo 29 de agosto en la galería gijonesa Gema Llamazares. Un total de trece cuadros, más un políptico compuesto por cinco dibujos, con los que el artista, afincado desde muy joven en Granada, rompió uno de esos "bloqueos" creativos que coincidió con la declaración del estado de alarma por la pandemia del covid-19. Y que se resolvió en estas obras que pintó el pasado junio, en apenas un mes de feraz trabajo.

La pintura de "Al final, me asomé" está pues casi fresca, podríamos decir. "Normalmente, trabajo con bocetos previos, pero en esta ocasión no ha sido así; son cuadros que han ido surgiendo según me enfrentaba a la propia obra", explicó ayer Zurita, de quien pudimos ver en noviembre de 2017, también en Gijón, su elogiada exposición "Saber desnortado". El artista es, además, un consumado muralista y sus piezsa han viajado con la galerista gijonesa a varias ferias nacionales e internacionales.

¿Qué ha cambiado desde "Saber desnortado" a "Al final, me asomé"? "Esta última exposición ha surgido de manera explosiva, tras ese bloqueo y con la presión de la fecha de esta exposición; es pintura que ha salido así, de golpe, coincidiendo con la desescalada (de la pandemia)", indicó el pintor. Y dijo aún más: "Es como si hubiera estado confinado también mentalmente, así que todas estas obras son el resultado de la ruptura con esa situación".

Un crítico como Óscar Alonso Molina situó las claves pictóricas de Zurita, a raíz de "Saber desnortado" (es decir, "el saber no sabiendo" del poeta santo Juan de Yepes), bajo las amplias cúpulas del Barroco, pero con los desarrollos propios del Romanticismo que desembocaron en algunas de las líneas exploradas por los simbolistas. Es también, como se ha señalado, pintor de "escenas" murales muy originales.

"Al final, me asomé" incorpora, como no puede ser de otra manera, todas esas capas que han hecho de Zurita uno de los autores más interesantes de la nueva pintura andaluza. Pero la emulsión es nueva por la manera en la que el pintor se ha enfrentado a cada una de esas trece telas en crudo. Acrílicos que, en la mayoría de los casos, se resolvieron a partir de una mancha, un gesto, una pulsión: "La imagen final germinó desde esa mancha inicial y simultánea al proceso de pintura del cuadro".

Ventanas abiertas al azar en alguien acostumbrado a planificar, a pintar desde la idea más que desde el impulso. "En realidad, me he considerado siempre un dibujante y pienso que el dibujo es una maner de pensar", aclaró Zurita, antes de confesar: "Mientras que la pintura es fundamentalmente materia y posee una física propia con la que tienes que dialogar". Y esa es la marca de agua de "Al final, me asomé", una liberación sin pausa, rápida, en la que su autor da rienda suelta a todo lo que fue fertilizando en su interior durante ese tiempo de inactividad. El arte encuentra siempre caminos, a veces insospechados, para manifestarse. No es infrecuente que aproveche los largos silencios para encontrar nuevas cosas que decir, escribir o pintar.

"Soy dibujante, pero quiero ser pintor", subrayó ayer Zurita, alejado desde hace tiempo de esa oposición ya más bien académica entre abstractos y figurativos: "Es algo que ha quedado atrás; lo que precisamente me interesa es lo híbrido, lo heterogéneo". Y prefiere situarse en los campos de la heterodoxia, palabra que elige para su propia pintura: "El asunto es tener esa mirada global".

Lo que el espectador ve en "Al final, me asomé" son imágenes que brotan de la tela como signos pictóricos que van configurándose desde el azar y la necesidad. "A diferencia de lo que hacía antes, nada hay previo al propio hecho de pintar", insistió Zurita. Obras que plantean una de las tensiones que atraviesa la historia misma de la pintura: las relaciones que se crean entre el hecho de acercarse y alejarse de una obra. Pintura también con interrogantes: "¿Quién soy, por dónde voy y hacia dónde?".

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