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Del "breack dance" a la petanca: el deporte al aire libre florece en las pistas de Gijón por su seguridad ante el covid

La actividad bulle en las canchas de la ciudad por la suspensión de partidos oficiales y su seguridad ante los contagios: “Es mejor que estar en casa viendo la tele”

José Luis Pérez Talavera, en la cancha de petanca del barrio de Pumarín.

José Luis Pérez Talavera, en la cancha de petanca del barrio de Pumarín.

Canastas oxidadas en una cancha de asfalto, música rap de fondo sonando por un altavoz y jugadores callejeros tirando triples imposibles. Podría parecer una película ambientada en Estados Unidos, pero es la pista de Nuevo Gijón, donde cada día decenas de jóvenes matan las horas botando la pelota. La pandemia ha borrado del mapa las competiciones escolares y buena parte de las regionales, pero no ha confinado la pasión por el deporte. La actividad física florece en las esquinas y en las canchas de barrio. Pachangas de fútbol y baloncesto, patinadores, bailadores de “break dance” y aficionados a la petanca componen una alineación cuya mejor victoria es matar el rato. “Mejor estar aquí que en el sofá de casa viendo la tele”, explican los deportistas callejeros.

A José Luis Pérez todo el mundo le conoce como “Talavera”. Ni es manchego, ni tiene relación con la cerámica, pero así le llaman en Pumarín. Tiene 68 años y es jubilado de Arcelor. También es un habilidoso jugador de petanca, que se deja caer día sí y día también por las pistas enfrente del colegio público Pumarín –antes Elisburu–. No es el único, porque en tardes de buen tiempo como la de ayer, se juntan fácilmente 20 personas poniendo a prueba su puntería. Tan está enraizando el deporte en ellos, que barajan fundar su propio club y pedirán jugar en la antigua pista de bolos leoneses de El Llano. “Solo podemos venir cuando no llueve. Es una buena forma de pasar el tiempo”, explica Pérez. “Además somos internacionales, tenemos hasta un francés y un portugués”, bromea.

El bailarín brasileño Dala Bandera, haciendo break dance en el parque fluvial de Viesques. | M. L.

Sergio Junquera y Mateo Morales tienen 16 años. Dos más que Enol Rubiera. Los tres juegan en la sección de baloncesto del IES Número 1. O mejor dicho, jugaban. Con el coronavirus no hay entrenamientos que valgan. Eso sí, siguen practicando su afición por el deporte de la canasta casi a diario. Es fácil verles en la pista de Nuevo Gijón, para que reclaman algunas mejoras. “Está bastante sucia, sobre todo las papeleras, que están llenas”, reflexionan. Eso inconvenientes no les impiden echar largos partidos casi cada tarde. “No poder entrenar y jugar no es agradable, pero al menos aquí podemos practicar. Hay muy buen ambiente”, explican.

El deporte al aire libre da un salto en los barrios

El parque fluvial de Viesques suele ser un hervidero de corredores y ciclistas. Pero también se puede ver deportistas cuya pericia no se ve todos los días. Uno de ellos es Dala Bandera Santiago, un brasileño de 30 años que un as del “break dance”, una danza que será disciplina olímpica en París 2024. El joven arrastra una lesión de rodilla desde hace varios años. Se rompió el menisco y el ligamento cruzado anterior. En su pantalón se advierte una rodillera. Eso no le impide rodar con su espalda por el suelo como si fuera una peonza. “Antes practicaba cinco horas al día, sobre todo, en Begoña”, cuenta un joven que, junto a otros, medita formar lo que será la Federación Asturiana de esta modalidad. Bandera también es diestro en el skate, una de las decenas de disciplinas que brilla en las calles de Gijón.

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