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Café y charla, antídoto para la soledad en la calle

Voluntarios de Enalba recorren cada sábado las calles del centro para ayudar a personas sin hogar: “Tienen mucho que contar”

Café y charla, antídoto para la soledad en la calle Pablo Palomo

A Manuel Tolivia es habitual verle sentado en un taburete de plástico, devorando alguna novela, mientras pide limosna a la puerta de un supermercado de la calle Ezcurdia. Lleva más de 30 años en la calle y desde hace algunas semanas sus mañanas de sábado son algo menos duras gracias a la asociación juvenil Enalba y la ONG Cooperación Internacional que desde octubre peinan las calles del centro para llevar el desayuno a personas en situación de vulnerabilidad. “El café es una excusa, lo que más agradecen es la charla”, apunta Susana Calvo, una de las responsables de esta iniciativa, que busca más voluntarios.

Yida Rashid tiene 15 años y ayer fue su primer día colaborando con Enalba. Se enfundó el peto azul que identifica a los voluntarios del colectivo y se echó a la calle Uría dispuesta a ofrecer bollos de pan de leche y bebida caliente a todo el que lo necesitara. “Son personas que tienen mucho que contar”, asegura la joven.

Una de esas personas fue Lucía, una rumana de 65 años que lleva tiempo viviendo en Gijón, una ciudad que “aprecia”. Remueve su café con leche con una cucharilla de plástico, sentada a las puertas de la iglesia de San Antonio de Padua. Said tiene 35 años y es de Nigeria. Lleva colgado del cuello un retrato de un sacerdote de su tierra. Es católico. “Me gusta la gente de Gijón”, dice en inglés. Fessus Aisomwan es su compatriota. Tiene un buen humor contagioso y recibe el cuidado de los vecinos de la calle Ezcurdia. Como su compañero, rechaza el café. Prefiere la charla. “Me siento acompañado por la gente, son mi familia. Prefiero estar en la calle que cometer delitos”, cuenta también en la lengua de Shakespeare.

Los voluntarios de Enalba quedan sobre las diez de la mañana para preparar sus viandas. Usan una cafetera eléctrica para preparar su rico café. Llenan dos termos, que les da autonomía para 12 tazas cada uno. Buscan gente joven, voluntarios como ellos, para aumentar sus filas y poder llevar su antídoto contra la soledad en forma de café y charla a cuantas más personas mejor.

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