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Increpan a la dueña del piso de Gijón en el que se desahució al hombre del hacha: “No es mi culpa, llevaba dos años sin pagar la renta”

El detenido, reducido a tiros por los agentes, padece diógenes y llevaba 35 años en ese piso de Nuevo Gijón | “Prefiero la cárcel a la calle", gritó

Así fue la detención de un hombre que agredió a la policía con un hacha cuando iba a ser desahuciado

Momentos de angustia y mucha tensión se vivieron ayer por la mañana en el barrio de Nuevo Gijón después de que un vecino de 65 años que iba a ser desahuciado de su piso, en el número 13 de la calle Trueba, atacase con un hacha de grandes dimensiones y un cuchillo a dos agentes de la Policía Local, que salvaron la vida gracias a que llevaban el chaleco antibalas que amortiguó las puñaladas. “Prefiero la cárcel a estar en la calle; de mi casa no salgo”, gritó repetidas veces el hombre, que recibió tres heridas de bala (dos en el abdomen y una en el pie) ante su negativa a tirar sus dos armas y seguir acometiendo contra los agentes.

El incidente tuvo lugar sobre las 12.30 horas. Dos agentes, como suele ocurrir en estos casos, acudieron hasta el inmueble para acompañar a la comisión judicial que iba a proceder al lanzamiento. El aviso de una vecina, que les advirtió de que este hombre, de iniciales J. L. F. S., estaba muy nervioso y podía ser agresivo, llevó a los dos policías a volver al coche a ponerse el chaleco. Eso les salvó la vida, porque nada más abrir la puerta el individuo se abalanzó sobre ellos, llegando a clavar el cuchillo a uno y propinar un hachazo a otro. Los chalecos dejaron el impacto en hematomas. Luego, muy agresivo y asegurando que nadie le iba a echar de su casa, siguió a los agentes desde su piso, en la tercera planta, y bajó hasta la calle amenazándoles. En cuestión de segundos llegaron los refuerzos y rápidamente se llenó la zona de patrullas de la Policía Local y de la Policía Nacional.

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Los agentes disparan contra un hombre armado con un hacha en Gijón ÁNGEL GONZÁLEZ

Una vez en la vía pública, los agentes trataron de que se calmara y tirase el hacha y el cuchillo, pero sin éxito. Las defensas y los sprays tampoco sirvieron para acercarse a este individuo y reducirle. Él seguía exhibiendo las armas, moviéndolas para todos los lados y así impidiendo que nadie se le acercase. “Estaba fuera de sí, solo decía que no le tocasen y yo le pedía que se fuera por las buenas”, describió su vecina del primero, Zulima Rojo, que define al hombre como “una buena persona, con problemas y mala suerte en la vida”. En un momento dado, y al girar ya la esquina, a la calle Jove y Hevia (justo en frente del Centro de Educación de Personas Adultas de Gijón), los agentes “tuvieron que hacer uso de sus armas reglamentarias en defensa propia”, explican fuentes municipales.

Los primeros disparos, que alertaron a los pocos vecinos que aún no se habían enterado del incidente, fueron al aire, pero las repetidas acometidas de J. L. F. S. motivaron que apuntasen directamente a él, aunque a zonas no vitales. Recibió tres impactos de bala, uno en el pie y otros dos en el abdomen, que le dejaron aún con fuerzas, mermadas eso sí, para seguir ofreciendo resistencia antes de ser reducido en la acera finalmente. Se dio aviso con rapidez a los servicios sanitarios, que se personaron con dos dotaciones hasta que una UVI móvil trasladó al herido, consciente, hasta el Hospital de Cabueñes.

Zulima Rojo, vecina del afectado.

El hombre es muy conocido en el barrio de Nuevo Gijón. “Tenía pinta rara, a veces, daba voces, pero no generaba problemas con nadie”, describió Adrián Galdeano, vecino de la calle. Una de sus compañías era la propia Zulima Rojo. “Me llamaba ‘hermanina’, me traía a veces la compra y era muy bueno conmigo; no se merece lo que le pasó”, lamentaba su vecina, que le conoce desde hace más de tres décadas. “Por lo menos llevamos viviendo aquí 35 años. Él antes estaba con su madre, que sufría Alzhéimer y ya murió; también tenía un hermano que se suicidó en el País Vasco y otro aquí, que se mató con gas”, describe esta mujer, que también apunta a que en los últimos años su vecino fue perdiendo la cabeza. “La casa estaba imposible, llena de cosas, de basura... hasta con telarañas”, añadió, muy apenada por lo ocurrido y que, según ella, trató de calmarle para evitar ese desenlace.

Poco después del incidente, la Policía Científica estuvo recabando todas las pruebas de la escena, señalando los casquillos de balas y tomando fotografías. Además, un operario de Emulsa procedió a limpiar los restos de sangre de la calle. En esos momentos, llegó al inmueble la dueña del piso, que fue increpada por algún que otro vecino, señalándola por denunciar los impagos de la renta de este individuo, que vivía de ayudas sociales y según sus conocidos no percibía más de 400 euros. “Me echan a mí la culpa, pero no lo es. Llevaba dos años sin pagar la renta, y por eso solicitamos su desahucio; siento que esto acabase así”, explicó la titular de este piso, heredado de su madre, a este periódico. “El piso está horrible, lleno de basura, y hasta con una cesta llena de cuchillos grandes”, describió la mujer tras hablar con los agentes y visitar la vivienda, ya desalojada.

VÍDEO: La Policía Local dispara contra un hombre armado con un hacha en Gijón

“Faltan protocolos para estas intervenciones”, dice el SIPLA

“Queremos dar nuestro máximo apoyo a los compañeros. Estas situaciones son desagradables, pero si los dos agentes no hubiesen llevado el chaleco estaríamos hablando de un agente herido o muerto”. Esta es la valoración del secretario general del Sindicato Independiente de la Policía Local de Asturias (SIPLA), Ildefonso Rodríguez, a los hechos ocurridos ayer en Nuevo Gijón. Todo se trató de “una situación muy comprometida, algo que debes resolver en cuestión de segundos después de que te reciban con un hacha y golpeen a tus compañeros”. Es por ello que desde el SIPLA abogan porque haya “protocolos claros” ante este tipo de intervenciones. “Esto no dista mucho de los ingresos forzosos en psiquiatría. De los 30 que podemos hacer, hay cinco complicados y uno muy complicado, como este. Necesitamos formación, un protocolo, hacer prácticas y entrenar este tipo de intervenciones”, solicitan desde la organización.

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