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Óscar Fresno Director de la residencia Covadonga, recibe un premio en Norbienestar

“Estamos en una guerra contra el virus y hay que luchar asumiendo riesgos”

“Cuando ves que una persona que está bien se te va de las manos en cuestión de días, sientes que el mundo se te cae encima”

Óscar Fresno, delante de la residencia Covadonga.

Óscar Fresno, delante de la residencia Covadonga. Ángel González

Óscar Fresno es el dueño y director de la residencia de mayores Nuestra Señora de Covadonga, un establecimiento con capacidad para 21 residentes que fue de los primeros de este tipo que se crearon en Gijón, hace ya más de 35 años. Una larga trayectoria que ha hecho al equipamiento merecedor de un premio este año en el congreso Norbienestar, que reconoce la labor que desempeñó durante la pandemia del covid, la vivencia más dura que le ha tocado. El evento comienza hoy en el recinto ferial Luis Adaro.

–¿Qué supone este galardón?

–Este galardón en realidad es el reconocimiento de la labor de muchas personas: empresas colaboradoras, compañeros de profesión de ayuda a domicilio, de residencias, de centros de día, trabajadores, familias y clientes. Y es por ellas y gracias a ellas que ADESSPA presentara la candidatura de Residencia Covadonga al premio. Para nosotros es una satisfacción y un honor compartirlo con los anteriores premiados, más aún cuando llega de amigos y compañeros con quienes compartes profesión e inquietudes desde hace tantos años.

–¿Ha pasado lo peor para las residencias con la vacunación?

–Lo que si está claro es que la vacuna hoy por hoy es la mejor estrategia para tratar de controlar el covid. En lo que se refiere al ámbito social y económico nos queda mucho camino por andar, hay una parte de la población que pagó con mucho las consecuencias de la pandemia y que se sigue sacrificando con creces con respecto al resto: nuestros mayores, sus familias y nuestros profesionales. Necesitamos confianza, cordura, coordinación, apoyo y colaboración, porque a las personas que atendemos les debemos la sociedad que hoy tenemos.

–En su caso, la segunda ola fue especialmente agresiva... ¿Cómo la vivieron?

–La verdad que muy mal, no hay palabras para describirlo. Aún estando como estamos en nuestra profesión, tan cercanos a ese umbral entre la vida y la muerte, ves y vives muchas cosas. Pero cuando vemos que una persona que está bien, que no tiene ningún síntoma, se te escapa de las manos y eso se repite... es una impotencia total, una desolación que hace que se te caiga el mundo encima, es de una crueldad absoluta. Te cuesta asumir que no puedas hacer nada para pararlo, las personas pasan de la vida a la muerte en minutos por mucho que luches y no hay descanso.

–¿Se ha puesto de relieve la importancia de las residencias con toda esta crisis sanitaria?

–Las residencias, la ayuda a domicilio, los centros de día... siempre fuimos el “hermano pobre” al que nunca se le reconoció su labor, el hecho de cuidar. Nosotros cuidamos de nuestros mayores tratando de darles calidad de vida y calidez en sus propios domicilios o en nuestros centros intentando semejarlos a su casa, puesto que ahora son su nuevo domicilio. Gracias a que en muchas residencias también disponen de una parte sanitaria básica, hemos podido hacer frente a esta pandemia. El esfuerzo y tesón de nuestro personal fue y es impagable.

–¿Qué han echado en falta?

–Creo que lo que todos los sectores de este país y todas las empresas: consenso, meditación, pedir consejo, escuchar, claridad, decidir en base al mejor de los criterios informado de la realidad, asumir responsabilidades sin traspasarlas de unos a otros, aprender de los errores y corregirlos basándose en lo ya vivido y escuchado, sumar esfuerzos, repartir la carga para que el más débil no se hunda en el fango.

–¿Cómo ven el futuro?

–Estamos en una guerra y las guerras no se ganan encerrados en casa, hay que tener material, alimentarnos y superarnos para recuperar empleo y nuestro estado de bienestar. Hay que sobrevivir y luchar asumiendo riesgos porque la guerra arrasa y desola todo lo que se encuentra, con lo cual hay que reconstruir y hay que salir de la trinchera para construir nuevas vías de futuro, para prestar al ciudadano y a las empresas apoyo y colaboración sin costes añadidos.

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