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Carmen Veiga | Viuda de Francisco Prendes Quirós e impulsora del libro “Caldereta gijonesa”, con artículos del jurista

“Paco tenía que haber sido cronista de Gijón y lo fue ‘in péctore’; este libro es ejemplo”

“Releer sus artículos es volver a la ciudad de antes, que no es la de ahora, y también reencontrarse con su espíritu incisivo y esa coña marinera con la que se metía con todos”

Carmen Veiga, ayer, en el puerto deportivo. Sobre estas líneas, la portada de “Caldereta gijonesa”. Ángel González

Ahora mismo la gran pena de Carmen Veiga es pensar en la cantidad de amigos de su marido, Paco Prendes Quirós, al que las limitaciones de aforo impedirán estar mañana en la antigua Escuela de Comercio para asistir a la presentación de “Caldereta gijonesa”. Así se titula esta primera selección de los artículos que el abogado, político, historiador y escritor fallecido en enero de 2019 publicó en LA NUEVA ESPAÑA entre los años 2002 a 2006. La presentación del libro será a las seis de la tarde. Sus introductores Pedro de Silva, que también firma el prólogo, y el subdirector de LA NUEVA ESPAÑA, Francisco García.

–¿Cómo fue la elaboración de esta “Caldereta gijonesa”?

–Paco murió en enero de 2019 y, poco después, a principios de febrero, se hizo un acto conmemorativo con muchos amigos. Paz Fernández Felgueroso, gran amiga nuestra, fue quien dijo que sería bonito recuperar los escritos de Paco en LA NUEVA ESPAÑA. Quien conoce a Paz sabe que además de tener ideas es muy persistente en ellas. No cejó en el empeño y, por supuesto, me enredó a mí en el asunto. Yo encantada.

–¿Y cuál es el menú?

–Una caldereta es un compendio de muchas cosas y en sus colaboraciones periodísticas, Paco hablaba de muchos temas, así que nos pareció que además de un título llamativo esa “caldereta gijonesa”, de la que se habla en el capítulo dedicado al buen comer, manifestaba lo que era el libro: un compendio de muchas cosas.

–¿Por qué solo esos años?

–La cantidad de artículos que hizo Paco es ingente. Da para muchos tomos, así que había que acotar. Y lo que cuenta en esos años ya empieza a ser historia de Gijón. Algo que también resultaba muy sugerente. Tras mucho expurgar en lo escrito esos años nos hemos quedado en 400 páginas. ¡Así que imagínense si hubieran sido de 2002 a 2019! Lo bueno es que es un libro de consulta. No hay que ir leyendo de principio a fin, se puede leer a trozos.

–¿Qué ha descubierto al releer esos artículos con mirada de editora?

–La ausencia física existe pero para mi Paco sigue estando muy presente. Es el sentimiento que tengo. Yo sabía de sus sentimientos, de que es lo que pensaba sobre cada cosa, de lo que escribía... y me he reencontrado con el Paco de siempre. He vuelto a encontrar en sus textos ese espíritu incisivo, esa coña marinera gijonesa, el no quedarse con nada... Para Paco escribir en LA NUEVA ESPAÑA supuso que nadie coartaba sus puntos de vista y eso era muy importante para él. Se metía con todos. Paz (por Fernández Felgueroso) y yo nos hemos reído porque a veces se metía con cosas del Ayuntamiento y la avisaba. Le decía: “Señora Alcaldesa, voy a hablar de esto y no va a ser bien”. A lo largo del libro se nota el cariño que tenía por Paz y por otras muchas personas.

–¿Y por Gijón?

–Ese era fundamental. Gijón para él era muy vivido. Nunca jamás quiso marcharse de Gijón. Yo soy hija única y cuando nos casamos todo el mundo entendía que nos iríamos a vivir a Galicia. Nunca se me ocurrió plantearle irnos a vivir fuera de Gijón. Esta ciudad era su espíritu vital. Estos artículos son volver al Gijón de entonces, que ya no es el Gijón de ahora.

–Un Gijón en pandemia. ¿Cómo lo hubiera llevado?

– Mal, muy mal. Se hubiera desmoralizado mucho paseando por un Gijón que ha perdido mucha vitalidad. ¡Sólo con ver los comercios que han cerrado!. Él veía que cerraba una tienda, aunque fuera por jubilación, y se llevaba un disgusto morrocotonudo. Esperemos que la ciudad recupere esa vitalidad pero hoy por hoy Gijón no es lo que era; como el mundo ya no es lo que era. Estar encerrado en casa sin pasear también lo hubiera llevado muy mal. Le encantaba pasear. La portada del libro es una foto hecha por Marcos León para una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA donde Paco está con su bastón y su perro Colás paseando. Esa foto le define.

–Ahora toca el libro y el día 29, por San Pedro, recibir el reconocimiento de hijo predilecto que le dio el Ayuntamiento el año pasado

–Es algo que él no se hubiera imaginado nunca. Yo, personalmente, creo es un reconocimiento muy merecido; aunque él seguro que me hubiera respondido “pero que cosas estás diciendo, de eso nada”. Se que él tenía predilección por Gijón y que la ciudadanía de Gijón la tenía por él. Este reconocimiento es muy de agradecer. Es la mayor distinción que pueda tenerse.

–¿Encuentra algún heredero al trabajo de Prendes Quirós?

–Yo siempre dije, y lo decía más gente, que él tenía que haber sido el cronista oficial de Gijón. Y él “que no, que había mucha gente mejor que él, que si tal, que si cual...”. Todos tenemos en la mente gente que escribe sobre Gijón y que escribe muy bien pero Paco hubiera sido un magnífico cronista de esta ciudad. Y de hecho, “in péctore”, lo fue. Este reconocimiento último y este libro son unos ejemplos.

–Abogado, escritor, político, novelista, republicano, tertuliano... ¿qué fue realmente Paco Prendes Quirós?

–Era abogado y su profesión era muy importante para él, pero lo que más le gustaba era leer. Era un lector voraz, era exagerado lo que leía. Y después, investigar. Mucho y de muchas cosas. Sobre Gijón, sobre sus personajes, sobre la República... Salen muchos libros con todo lo que hizo.

El libro

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