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Marina Civil, el éxito de estudiar en familia: así es la escuela recién reconocida a nivel nacional

El alumnado del centro destaca la cercanía con los docentes y la calidad de los simuladores para prácticas

Estudiantes, a la salida de la Escuela de Marina Civil. Marcos León

El “trato cercano” y la “alta calidad de los simuladores” son los dos puntos fuertes de la formación en la Escuela de Marina Civil, en palabras de los alumnos del centro universitario, que acaba de recibir el sello de excelencia educativa. Se trata de una distinción que “garantiza su calidad académica global” y que concede la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación). Pocas facultades española lo tienen. Y en Asturias solo hay dos: la Escuela Politécnica de Ingeniería y, ahora, la Escuela de Marina Civil, ambas en Gijón.

Malena Carlón, alumna de primero, aún está situándose en la escuela. “De lo que he visto hasta ahora, en estos primeros meses de curso, lo que más me gusta es el trato familiar que recibimos”, señala. Lo confirma Álvaro Pérez, que ya es estudiante de cuarto curso: “Al ser una escuela con menos estudiantes que en otras próximas, sentimos que no somos solo un número”. “Podemos exponer las dudas que nos surgen y recibimos un trato más cercano y personalizado”, añade.

Lo que más llamó la atención de Carlón para formalizar la matrícula en la escuela, donde se imparten dos grados (Marina y Naútica y Transporte Marítimo) fueron los simuladores. Ya mirando casi atrás, porque está a punto de finalizar los estudios, dice Adrián Morán que fue lo que él más disfrutó. “Es digno de mención. Tenemos de todo, de carga, de navegación y demás”, apunta. “Está muy bien porque tenemos práctica desde bastante pronto, aunque lo ideal sería que pudiéramos embarcar antes”, matiza el estudiante Álvaro González.

Este alumno de cuarto curso, del barrio de Cimadevilla, dice que lo que más le gusta es la mar: “Por eso, no tengo nada de angustia pensando en el día que tenga que hacer las prácticas, Pero entiendo que puede haber gente a la que le eche para atrás”. “Tenemos que embarcar seis meses cuando acabamos el grado, pero debería de ser antes”, explica. “Imagínate que llegas el primer día y que ya no quieres estar más en un barco”, matiza su compañero, Ismael Riesgo, en tercer curso e hijo de pescador. También propone más visitas a El Musel, “para ver los barcos y para familiarizarnos más con el entorno”.

Una cuestión que mejorar, aunque en general “la formación es de calidad”. “Y no lo decimos porque ahora lo reconozcan desde fuera”, apostillan Riesgo y González cuando se despiden. A la puerta de la Escuela de Marina Civil espera por su clase, ya a punto de empezar, Luis Martínez: “¿Lo del reconocimiento de calidad? Sí, lo escuché hoy por la mañana. Me parece que da distinción a la escuela, al profesorado y también a nosotros, los alumnos”. Queda dicho.

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