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Concejal de Xixón Sí Puede

Xixón, del ocio al negocio

Razones para pensar que el modelo gijonés lleva una deriva peligrosa

"No ha menester que el gobierno le divierta, pero sí que le deje divertirse". Gaspar Melchor Jovellanos

En noviembre de 2012, cinco chicas fallecieron a causa del taponamiento en uno de los pasillos de evacuación de la pista del Madrid Arena donde se celebraba una macrofiesta de Halloween. Aquellos fallecimientos dieron pie a un encendido debate sobre el cúmulo de negligencias e ilícitos penales que provocaron la tragedia, así como las condiciones de seguridad a seguir en grandes eventos multitudinarios.

Estos trágicos hechos también generaron una controversia sobre el modelo y la oferta de ocio que se había instaurado en la ciudad de Madrid. La pregunta clave era: ¿Por qué 16.000 jóvenes decidieron ir a aquel macroconcierto? Con las gafas de ver de cerca, las razones directas eran bastante explícitas. De un lado, el interés por ver a un artista con una gran proyección mediática y, de otro, una acertada comunicación suficiente para persuadir a un conjunto importante de población.

Pero tras estas razones se escondía otra causa más profunda. Sencillamente, los jóvenes que fueron al concierto no tenían otros muchos sitios a donde ir ese día en Madrid. Algo que cuesta creer en una ciudad con tres millones de habitantes, pero que se entiende cuando se comprueba cómo durante los sucesivos gobiernos municipales del PP se fue deteriorando el tejido de ofertas de ocio asequibles y populares de pequeña escala. A principios de los 90, Madrid era una ciudad dinámica y viva, donde se hacía mucha vida en la calle, pero las políticas impulsadas desde los gobiernos del PP fueron virando hasta convertirla en una urbe anodina, "pacona", privativa y gris.

Salvando las distancias de escala, lo que está sucediendo en Xixón en relación con el modelo de ocio es totalmente equiparable. El modelo que se quiere instaurar en nuestra ciudad es parejo pues, al fin y al cabo, el discurso implícito bebe de la mismas fuentes ideológicas. En esto, PP y Foro son caras de la misma moneda.

El tránsito de un modelo a otro se caracteriza por la política del palo y la zanahoria. El palo consiste en disolver la posibilidad de que las personas disfrutemos de manera espontánea en la calle o en los pequeños locales de hostelería a los que se puede acceder sin pagar una entrada. Se sobrerregulariza el disfrute del ocio y se actúa coercitivamente. Se multa la música en la calle y en los locales de hostelería. Tras un falso conflicto "de convivencia" se desincentiva a músicos, hosteleros y pequeños promotores. En los medios se está dando cuenta de lo que está pasando estos días, donde el Gobierno de Foro quiere imponer la "ley del silencio" en nuestra ciudad provocando que empiece a cundir el miedo y se estén cancelando conciertos, "bolos" y que muchos músicos sin grandes productoras detrás ya no quieran venir a Xixón.

Y la zanahoria es, tal como hemos conocido recientemente con la presentación de la programación estival, la oferta de megaconciertos. Algunos tan "sui generis" como el Festival Tesla. La inmensa mayoría de estos serán en grandes recintos de la periferia -Molinón, la Ciudad de la Cultura, Pabellón de los Deportes "Adolfo Suárez", etcétera- Y la inmensa mayoría son de pago con precios prohibitivos.

Los hosteleros de la ciudad se llevan las manos a la cabeza. Saben cómo los clientes se rascan el bolsillo, y que cuando el público se desplaza a las afueras es difícil hacerlo volver a la ciudad. Sólo algún que otro pequeño evento, el Arcu Atlánticu y los conciertos de la Semana Grande, escapan a esta norma. Se celebrarán en la Plaza Mayor y son gratuitos.

También, de la misma manera que en Madrid, la organización de estos eventos corre a cargo de un selecto grupo de "managers" con una empresa pública actuando como mediadora. Allí, Madrid Espacios y Congresos, aquí Divertia. Con el añadido de que son decisiones que se están tomando al margen del máximo órgano de dirección y control de Divertia. Al no superarse el límite de la contratación pública de 50.000 euros, estos convenios y contratos no están pasando por el Consejo de Administración de la empresa. Una medida de huida del derecho administrativo o, dicho en román paladino, cultura de amiguetes.

Xixón Sí Puede ni comparte, ni apoya este modelo. No queremos que nuestra ciudad se convierta ni en una ciudad balneario ni en una ciudad de despedidas de soltero.

El espejo al de debemos mirarnos no es el de las ciudades grises neoliberales. Hay otros modelos que construyen tejido y comunidad a largo plazo y donde la cultura no es ocio pastiche, sino fuente de valor añadido y riqueza social.

Mientras, denunciaremos y fiscalizaremos estas prácticas. Exigiremos transparencia en las contrataciones, rigor en los planes de seguridad y claridad en los modelos de gestión social, económica y administrativa. A la par, defenderemos el libre derecho al ocio que no es negocio de unos pocos. Como decía Jovellanos, "no ha menester que el gobierno nos divierta, pero sí que nos deje divertirnos".

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