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Gijón no se mueve

Un hombre de sonrisa memorable

Otro golpe, otro susto, otro disgusto. Este 2020 pretende dejarnos marcada a fuego su mala leche y sus malas intenciones. Lo que parecía una tranquila tarde de sábado, se convirtió en un terremoto emocional para aquellos que conocíamos y queríamos a Floro. Porque conocer a Florín era quererlo.

Para muchos gijoneses cuarentones como yo, Floro fue siempre el alma del Jardín. Su alma, su animador, su relaciones públicas. Y desde entonces, ha seguido siendo persona y personaje indispensable de la hostelería de Gijón. A Floro, el "relaciones", no le hacía falta presumir de abdominales, vestir apretadito de Gucci, ni peinarse como los modernos de MHYV. A Floro le bastaba con ser Floro.

Desde aquellos tiempos del Jardín como apoyo de Fernando y Corsino, el gran Floro siguió animando la tarde y sobre todo las noches de Gijón. Son ya memorables sus fiestas de fin de Feria, sus descensos del Sella, sus comidas en Los Nogales, sus días de Carmín y de los Huevos Pintos. Pero sobre todo será memorable su sonrisa, su buen humor, sus ganas de agradar, su copa de ron... Tan pequeño Florín y qué Grande.

Gijón no se mueve, se ha quedado quieto y mudo. A mi teléfono no le paran de llorar los whatsapps de amigos comunes. Los del Barrio de la Sidra, Fer Viñuela, de Mamaguaja; Fernando Castaño, de Gavia; Braulio González, de Red Bull... Solo pienso en sus mejores amigos y cómo le echarán de menos: el Parrochín, Gelu, Rober de El Planeta, Iván de la Plata, Elías, Javi Bodeguita, en Ricardo, en Alfonso, en tantos y tantos que me es imposible enumerar.

Para todos ellos, para su familia, para la familia de Mamaguaja y de Gavia, para sus amigos clientes y hosteleros, un fuerte abrazo y un brindis bien sonoro en su memoria.

Floro, al que le debemos esa frase de "Gijón se mueve", nos deja más solos ante este cabrón 2020. Hoy Gijón no se mueve, Floro, ya has pinchado la última, pero qué bueno fue conocerte. ¡Grande! Descansa en Paz.

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