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Alfonso

“...Y de pronto nos queda sólo un año para irnos, un mes, un día, y llega la muerte al calendario”.

Pablo Neruda

El whatsapp de Carlos me informa, en la madrugada del miércoles, de la muerte de Alfonso. La noche asomaba su negrura, nos llevaba al amigo. Ha muerto Alfonso Peláez, gijonés de la calle de La Merced, médico, escritor, droguero, amigo de sus amigos.

El tránsito de la enfermedad no fue fácil para él, tampoco para su familia y amigos. El bicho dio guerra y Alfonso se defendió de él con sus mejores armas y con la medicina como aliada, hasta que hubo que rendirse para volver a ganar una nueva vida. Compartimos 22 años de tertulia y amistad, viernes tras viernes, desde aquel verano de 1999 en que Chema Cabezudo le invitó a unirse a un heterogéneo grupo de amigos que nos reuníamos alrededor de un menú del día en un restaurante del viejo muelle gijonés, al que nuestro querido decano y mentor suyo, Juan Ramón Pérez Las Clotas, gustaba llamar puerto chico.

La muerte siempre sorprende y cuando es alguien cercano además nos hace daño, exponiéndonos a una situación de desamparo ante la pérdida de alguien querido. Alfonso representaba y escribía sobre un Gijón que desaparece y que él tuvo la suerte de vivir y contar para sus amigos y lectores.

Nos unieron muchas cosas y nunca nos separó ninguna. Nuestra tertulia semanal fue siempre un espacio de libertad en la que la diferencia dialéctica era unirnos más y permanecer juntos en ese espacio común que representaba la comida de los viernes. Hemos tenido la enorme suerte de formar parte de un grupo de amigos excelentes, que poco a poco va siendo diezmado.

La partida hacia al más allá, aun cuando se es creyente, es dura. La muerte es una mudanza obligada hacía un lugar incierto, que cercena esperanzas terrenales, extirpándote de cuajo y sin permiso de tu entorno. Alfonso no lo tuvo fácil, pero tuvo claro como quería que fuera su partida.

Decía Jung que hasta la vida más feliz no se puede medir sin unos momentos de oscuridad, y la palabra feliz perdería todo sentido si no estuviese equilibrada por la tristeza. Es un día triste para mí y para todos los que hemos tenido la suerte de haber compartido y disfrutado su amistad y cariño.

Descansa en Paz, querido Alfonso.

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