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La Nueva España

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Fernando Canellada

Gracias, Miguel

Adiós a un hombre apasionado y jovial

Pocas etapas han quedado tan marcadas en mi corazón como los años vividos de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón. Ya son muchos los que se han ido. Hombres y mujeres excepcionales, inolvidables. Por sorpresa, como casi todas las muertes, llega la de Miguel Escalada. Lo conocí ya cargado de historia y experiencias y, como los pioneros del oeste, herido por las flechas de los indios. Conservaba la misma voz que habíamos admirado en la juventud en las ondas de la emisora que con más fuerza entraba en el oriente de Asturias. Era el inconfundible Miguel Escalada. No puedo hablar de sus cualidades como músico ni como cantante. Sí como persona apasionada. Era entonces un hombre jovial, que lo había sido todo en un oficio de alto riesgo y que seguía peleando por su pasión vital. Se había fijado el objetivo de lograr una frecuencia de radio en el concurso del Principado. Gran fumador, de corazón sensible y auténtico, rindo homenaje a aquel entusiasta colaborador al que ya no volveré a escuchar y cuya voz queda grabada en nuestros corazones. La misma con la que la última vez le escuché contar con orgullo familiar que su primo era abad de Covadonga. También queda el recuerdo de las noches en el Korinto con Diego Inchausti y Miguel Escalada, un batería y una voz que, juntos de nuevo, ya tocan en la gloria eterna.

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