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Luis Miguel Piñera

Luis Miguel Piñera

Historiador

La cerca carlista

Las construcciones bélicas en Gijón por el conflicto del siglo XIX

Fue en la sesión municipal del día 10 de octubre de 1836 cuando los concejales se dieron por enterados de un escrito del Comandante General de la Provincia dando la orden de fortificar rápidamente la ciudad de Gijón. De fortificar “todo el pueblo” con motivo de la primera guerra carlista. El 22 de mayo de 1837 es el día de la firma del proyecto responsabilidad del ingeniero militar Celestino del Piélago. Tenía la fortificación cuatro puertas: de San Lorenzo, del Infante, del Humedal y del Natahoyo. Al final, en realidad, se mandó destruir la cerca antes de estar totalmente terminada.

La definitiva expansión de la ciudad, expansión industrial y por tanto física, sólo era impedida por ese cinturón fortificado iniciado a partir del año 1837. La parte levantada se empezó a tirar a partir del año 1867 aunque el derribo total no sería un hecho hasta dos décadas más tarde cuando la ciudad, ya en el año 1888, tenía 12.000 habitantes.

El Ayuntamiento vendió parte de los solares que ocupaba la fortificación. Estos primeros terrenos vendidos estaban en un lugar conocido con el nombre militar de La Garita, más o menos donde se encuentra hoy el museo Ciudadela de Celestino Solar. Al lado, está la calle La Muralla, y ese nombre tampoco es casualidad. Otra parte de la fortificación pasaba por donde luego estuvo la fábrica de vidrios La Industria. La fábrica ocupó una finca cuyo nombre era El Retén, otra expresión militar.

Los lugares donde pasaba la fortificación fueron fundamentales para plantar arbolado. Nada más empezar está la plazuela de San Miguel y, al lado, los Campinos de Begoña. Continuaba luego por el paseo de Begoña y la plaza de Europa. En su tramo final, la cerca carlista discurría por la actual calle de Palacio Valdés, y el final de la fortificación pasaba por lo que ahora llamamos el “solarón”. Más o menos frente a la Casa Sindical y en dirección a la calle del pintor Mariano Moré. ¿Qué ahí, bajo las antiguas vías del tren, haya restos del murallón? Nada descartable.

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