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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

Teoría y práctica

Gobernar exige conocer los procedimientos administrativos

A estas alturas del mandato municipal, ya está claro que a nuestra interesante villa marinera le ha tocado un mandato negro. Muchas de las cosas que hace la municipalidad gobernante, si no fuera porque los asuntos del común, cuando tienen intención de ser actuación seria para mejor convivencia y ordenamiento social y no divertida astracanada, serían para partirse de risa. Tampoco son cosa de risa los apuros de los mandatarios al comprobar cómo se les tuercen las diversas operaciones que se ponen en marcha. Dan mucha pena, porque su cadena de fracasos son también los nuestros: por eso andan flojos los ánimos colectivos. Esta ciudad ha venido estando acostumbrada a volver su mirada hacia el Ayuntamiento, como institución más fuerte de la localidad, en cuanto algo se tuerce. Es la consecuencia de ese cierto aire cantonalista –y reconozcamos que algo fanfarrón– que fuimos adquiriendo desde el XIX y consolidamos en el XX, al sentirnos la locomotora de la provincia. Y si al mirar hacia el puesto de conducción de la locomotora observamos que estamos en manos de quien no tiene el suficiente oficio, es lógico que nos entre el desánimo. Menos mal que todo tiene arreglo y que cada cuatro años la ciudadanía tiene en sus manos la oportunidad de remozar sus equipos de mando.

Las enfermedades se nos manifiestan en sus síntomas y para apreciar lo que nos pasa es bueno tomar algún ejemplo: veamos el borde marítimo de San Lorenzo, ahí en donde la villa ya no puede ir más allá, porque no es cosa de rellenar hasta llegar a las costas de Inglaterra. El caso es que la pasada semana, apareció en danza la secretaria municipal para avisar que hace años, cuando se hizo el plan del Muro, no era necesario que al expediente se le añadiese un trámite imprescindible, pero que hoy en día, cambio legal mediante, es imperativo que entre el papeleo figure una memoria económica. Naturalmente, en este caso no existe. Confeccionarla llevará su tiempo. Entre ponte ahí y estate quieto, habrán pasado las elecciones. Será por tanto la próxima Corporación quien remate el plan del Muro, bendita sea su pureza administrativa. La dura dama de Carbayonia ya ha colocado al ocupante comunista del sidecar de su motocicleta en su sitio y en plena marcha, bien que la velocidad de crucero del binomio es la del caracol. Y esperemos que sea la formación política que ahora lleva el mando quien lo siga haciendo porque, de llegar otros, querrán tener su propio plan y vuelta a empezar. A esto ha llevado la frivolidad dolosa del concejal Aurelio, uno que pretendió ser rápido y terminó metido de hoz y coz en un fangal. Se recomienda paciencia.

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