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FIDEL GARCIA

El Papa, con los indígenas canadienses

La visita pastoral–penitencial del papa Francisco a los indígenas canadienses está siendo objeto de toda clase de interpretaciones oportunistas, demagógicas, tanto desde dentro como fuera de la Iglesia Católica, al sacar los hechos del contexto y situación en que se produjeron. En Canadá, se celebra el 30 de septiembre la fiesta de la Camisa Naranja, un acto que ayuda a los canadienses a recordar a los miles de niños indígenas que murieron en internados, así como para reflexión sobre el trauma intergeneracional causado por el sistema de internado o escuelas residenciales, que se formaron no solo en Canadá, también en EE UU, Nueva Zelanda y Australia, y que aún se siguen conformando en países como. La finalidad de esta escuelas residenciales era educar a los niños en los modelos educativos de la potencias coloniales para integrarlos en el sistema productivo y en las formas y valores de las colonias.

Todos los estamentos educativos y religiosos debían atenerse a las normas dictadas por el Estado de Canadá si querían educar a los indígenas, lo que provocó abusos y falta de consideración hacia las formas de vivir de los indígenas educados en sus propias tradiciones familiares, sociales y culturas, que no se respetaron.

La Iglesia Católica tuvo que aceptar las condiciones impuestas por los gobiernos liberales canadienses y se cometieron ciertas anomalías por algunos educadores, pero nunca se dio entre los educadores católicos las faltas tan graves como con evidente mala conciencia se oyen y se leen en medios claramente sectarios. La vista del Papa Francisco ha servido para reconocer errores, conductas deficientes y formas de educar que no tenían en cuenta las circunstancias personajes y familiares de los indígenas; sus valores y sus creencias, pero ninguna congregación católica llegó a abusar de los niños como se acusa en medios claramente anticatólicos. Basta recordar la ingente labor de los misioneros españoles en Nueva España entre indios. El ejemplo claro fue el de San Junípero Serra o la gran mística Sor María Jesus de Ágreda, consejera epistolar del rey Felipe IV y misionera por bilocación de los pueblos indios de Nuevo México, que aún conservan con agradecimiento la educación católica recibida respetando su lengua y sus costumbres ancestrales.

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