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Querida Carmen, querida amiga

La escritora ha sabido retratar con agudeza y delicadeza las almas complejas

Querida Carmen, amiga –en el sentido de la que comparte un afecto desinteresado fortalecido con el trato–, amiga mía, amiga nuestra –porque tus amigas somos muchas– desde hace tantos años.

Querida Carmen, querida amiga

Te conocí cuando estabas preñada de tu hija mayor y me fascinó tu increíble sentido de la vida y del humor, agudísimo, casi afilado, a veces ácido, iconoclasta, desmitificador; con un par de frases descolocabas cualquier cosa al alcance de tu mirada recolocándola donde más de uno y una hubiera querido situarla...

Luego supe, supimos, que escribías y pasaste a ser nuestra querida y admirada amiga que nos regalaba periódicamente sus sabias, certeras, brillantes, sugerentes y rompedoras palabras magníficamente trenzadas en forma de historias, novelas, poemas, artículos. Y se sucedieron los premios y los reconocimientos.

Pero nuestra querida y admirada amiga no se dejó deslumbrar por el éxito y prosiguió su vida discreta y rotunda, sin alharacas ni concesiones, guiada por sus convicciones sólidas e inquebrantables, siempre disponible, siempre cariñosa, siempre combativa, siempre incisiva, siempre reivindicativa, siempre ingeniosa, tejiendo historias sonoras y luminosa, intensas y barrocas con tesón y con pasión.

Nuestra querida, admirada y exitosa amiga acaba de dejarnos. Pero no, no nos ha dejado, sigue existiendo entre esos personajes suyos tan reales, tan cotidianos, tan cercanos, tan humanos... y, sobre todo, tan intensamente mujeres: fuertes o aparentemente dependientes, amorosas o perversas, amargadas o triunfantes, pasionales o pacatas, jóvenes, viejas, tullidas, judías y cristianas, mujeres anónimas que jalonan la historia, la vida, las calles y cuyas almas complejas ha sabido retratar con agudeza y delicadeza.

Carmen. Amiga, feminista, luchadora contra la estupidez que nos margina, contra la injusticia que nos discrimina, contra el prejuicio que tú siempre supiste ridiculizar tan bien ("Santa Indocilidad, Santa Insumisión, Santa Desobediencia, Santa Negación, por la sonrisa de asco y el desprecio nuestro, libéranos de la Cruz Verde, del Gran Inquisidor y sus hogueras"), ahora somos parte de "tu pandilla de amigas autodenominadas Las Inocencias, amigas y compañeras del mundo, combatientes contra el machismo y por la libertad".

Carmen. Amiga, libertaria, alentaremos y secundaremos lo que propones como "solución para acabar con tanto dolor, tanta muerte, tanta impiedad: una agrupación Internacional Revolucionaria de personas hartas que acaben de una vez con este capitalismo agónico que sigue peleando con la crueldad de quien sabe que está cercano su fin".

Carmen. Amiga, recordaremos siempre y divulgaremos tus esperanzadores versos: "Una noche, al ver de pronto mi cara en el espejo / supe que había crecido / y que, a pesar de las vendas, los corsés y las gafas de colores / había triunfado y era libre". Y veneraremos contigo la libertad de ser libres.

Carmen, amiga, seguiremos disfrutando de tu literatura que nos hace descubrir, aprender, compartir… Y pelear. Carmen, amiga, gracias por ti y por tu generosidad.

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