Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Iván Pérez del Río

El PP y reto de gestionar la diversidad

El gran hándicap del Partido Popular asturiano ha sido y es gestionar la diversidad. Hay muchos modos de gestionarla. El óptimo, a mi modo de ver, supone dos acciones muy concretas: aceptar e integrar.

El PP, ante el diferente, se han orquestado grandes campañas para desprestigiarlo y para expulsarlo de la primera línea. Da igual que ese diferente fuera presidente del gobierno regional, presidente de una Junta local, diputado, concejal o un afiliado con la única disposición de ayudar. Hace falta poco para ser ese "diferente", basta con tener pensamiento propio o sobresalir un poco (a veces el nivel es tan bajo que se sobresale con poquito).

El problema es cuando se gestiona tan mal la diversidad que para quitar de delante al que no gusta -a nivel interno o externo- se pasa al ataque personal sin medida y rozando límites de dudosa legalidad. En los contenidos de ese ataque, a veces, se puede revelar otro tipo de intolerancias que hoy, en pleno siglo XXI, son anacrónicas y socialmente inaceptables. Cuando se recurre al "cacareo" de información de la vida personal del supuesto oponente el mensaje que se traslada al conjunto es demencial: Todo vale con tal de ganar.

Intuyo que la filtración del vídeo de la comida en Castropol es la punta del iceberg que apunta a "malas artes". ¿Quién y por qué lo filtró? Quizás despejar esta incógnita facilite a los populares resolver muchas dudas respecto a las intenciones de algunos/as. Resulta obvio que si la mano negra se trata de un cargo público, la dirección de Génova y los afiliados/as asturianos han de saber la verdad de este asunto. La derecha debería saber que llegar a la verdad no es rebeldía, sino justicia.

No cabe duda que algo pretendía quién lo filtró, ¿nutrir de noticias a la prensa y dejar nuevamente débil al PP?, ¿dinamitar la imagen de un compañero -secretario general-?

Me da la impresión que el PP no es consciente del daño que se hace no solo a sí mismo, sino también a los ciudadanos y al resto de partidos que contemplan atónicos la enésima guerra intestina. El Partido Popular debería ser más humilde y tomar como ejemplo al PSOE, un partido que sí sabe gestionar la diversidad -del tipo que sea-. Hay diferencias, hay debate, puede haber barullo, pero las formas y el compañerismo se mantienen de modo ejemplar. Cuando esto último falla, los Congresos dejan de ser una vía razonable a no ser que se busque el suicidio colectivo.

Compartir el artículo

stats