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Sariego

Nuevas epístolas a "Bilbo"

José Manuel Sariego

Hablemos de ti

Envejeces a toda prisa, pero sigues siendo el mismo

Ocho años cumples en nada y noto, de poco tiempo a esta parte, "Bilbo", que envejeces a toda prisa. Tus cejas emblanquecen como también te blanquean los pelos del hocico, en contraste con tu parda pelambrera. No me llevas a la carrera, a todo trapo, tironeando cual caballo percherón como antaño; nuestros paseos se vuelven lentos, diría que parsimoniosos. Remoloneas más de la cuenta a la hora de saltar del sofá para salir a la calle, hasta el punto de que me obligas a provocarte, a enviscarte desde la cocina con el ruido de una bolsa de chuches. En la zona para perros de Peritos te me tumbas a las primeras de cambio, que ni las pelotas nuevas o las ajenas que porta Elena, la dueña de "Thor", en la mochila estimulan tus incansables correrías de antes; te conformas con revolver en su bolsa y husmearlas todas sin quedarte con ninguna en la boca. Muy de vez en cuando te da por elegir una y mordisquearla con insistencia, bien tumbadón a la larga, tal que si practicaras ejercicios de gimnasia mandibular. De salud parece que andas bastante bien. La veterinaria no concede importancia a los lipomas subcutáneos de tu costado derecho. Dice que son inofensivos bultos de grasa, posiblemente de origen genético o, quizá, goteras propias de la edad que vas alcanzando. Tu pata delantera izquierda, ha no tanto renqueante, se presenta totalmente restablecida y firme, gracias, en parte, a las dosis vitamínicas que te suministra Mar.

Por lo demás, sigues siendo el "Bilbo" de siempre: amante de rutinas tranquilas; contrario a voces más altas que otras y al alboroto callejero; inquieto, ansioso, pero pacífico; sociable, pero a tu bola; guardián de balconada; perseguidor incorregible de skates, patines, patinetes y balones rodantes (también de palomas y patos, pero no así de pardales, gaviotas o pegas), debido, según me explica algún enterado, a un innato y extraviado instinto de cazador; habituado a efectuar las croquetas reglamentarias sobre la hierba fresca o a rascarte el lomo bajo los setos altos; receloso ante caricias o zalamerías excesivas, fatigantes, pero sin llegar al grado de hosco.

Es momento adecuado este de comunicarte sin dramatismos que, al paso de la edad, las muertes empiezan a acecharte. Has de saber que "Turón" y "Marshall", con quienes intercambiabas pelotas desde bien cachorros en el césped del parque de Peritos, murieron. Como también murieron "Charli" y "Nina", con quienes te cruzabas a diario durante los paseos por la vecindad.

De modo que, ante el inminente cumplimiento de tu octavo cumpleaños, fechado un poco a voleo o a ojo de buen veterinario un 18 de octubre, procede desearte larga y plácida vida, perro amigo.

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