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FIDEL GARCIA

G. K. Chesterton y el color de España

Del negro a los tonos brillantes

La leyenda negra, sectaria y mentirosa, tal como la han fabulado los ingleses desde que el traidor secretario de Felipe II, Antonio Pérez, huyó a Inglaterra, siempre ha descalificado España por su tenebrismo, simbolizado en el color negro. En vano ilustres hispanistas como J. Elliott, o el más conocido y actual Stanley Payne, ha demostrado hasta la saciedad a los de fuera, pero también a los de dentro, que la leyenda negra es una manipulación sin más fundamento que el odio y la mentira.

Uno de los escritores más célebres de la literatura moderna inglesa, el periodista y novelista católico Chesterton se sirvió de su ironía y su agudeza proverbiales, para destruir los prejuicios de sus paisanos ingleses contra el arte y la cultura española. En un ensayo, breve e ingenioso, «El color de España», demuestra no solo que el negro no es el color de España, sino que resalta su función positiva en el arte y en la vida de los españoles. España es un país único y singular por la brillantez de sus grandes pintores, músicos, poetas, novelistas y dramaturgos. Para Chesterton vestir de negro no es la mismo que vestir de luto. A los españoles les gustan los colores brillantes: el rojo y el amarillo, como aparecen en sus banderas y escudos, nacionales y en algunas comunidades autonómicas, Aragón, Cataluña, (...) El gran periodista del Padre Brown ve en la tradicional mantilla de la mujer española, negra brillante, con una rosa roja, un símbolo mucho más brillante que los aparatosos sombreros de las damas inglesas, que ocultan sus cabezas. La elegancia de las damas españolas en las procesiones de Semana Santa, la del Corpus, toledana son un testimonio de la brillantez y colorido la gran cultura española. En España conviven los contrastes de los colores, que, para el gran periodista inglés, son el triunfo del color. A Chesterton no le gustaba los colores de sangre y oro de los trajes de los toreros, porque no le gustaban los toros, pero denostaba con más irritación las terribles y sangrientas cacerías de los nobles ingleses. Siente por el contrario una gran admiración del color español, pues los españoles han sabido siempre que en su vestidos y decoración una gran mancha negra hace que se destaque más el carmesí y el dorado de sus vestidos.

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