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Maribel Lugilde

La reeducación de Mahsa

La muerte de una joven iraní por no cubrirse el cabello y el velo islámico en Europa

Ha conseguido trascender internacionalmente estos días la muerte de una joven iraní, Mahsa Amini, después de ser detenida mientras paseaba con su familia en Teherán por las brigadas policiales de la moral, al constatar que no llevaba bien colocado el velo islámico. Según la versión oficial, la joven, de 22 años, tuvo un fallo cardiaco en comisaría cuando iba a iniciar la "hora de reeducación" a la que son sometidas las mujeres sorprendidas en falta. Entró en coma y falleció en un hospital. Sus familiares aseguran que murió por los golpes recibidos.

Las mujeres iraníes han de llevar por ley un velo que les cubra pelo, cuello y hombros, por encima de una indumentaria que, a su vez, deja a la vista sólo las manos. La policía de la moral recorre las calles en furgonetas en las que introduce a las insumisas para, ya en comisaría, recordarles la norma con el fin de "reeducarlas". Los vídeos de las detenciones que circulan por internet son elocuentes. La violencia contra las rebeldes se desata, no sólo por los agentes, también por transeúntes -hombres y mujeres- que ayudan a reducirlas entre golpes y insultos.

Es fácil deducir que el trato después, fuera de foco, debe ser aún más terrorífico, entre otras razones porque se trata de aterrorizar a las subversivas. Si las mujeres son, por naturaleza, seres provocadores de pecado, las que no se someten constituyen una carga de profundidad contra el sistema.

En un rapto de valentía difícil de medir desde este lado del mundo, cientos de mujeres dentro de Irán se han grabado sin velo en protesta por la muerte de Mahsa. Han sido jaleadas desde fuera por la periodista iraní Masih Alinejad, exiliada en EE UU, amenazada de muerte después de hacer un llamamiento contra el velo, mostrando su melena rizada adornada con una flor. Todo, como ven, por un pedazo de tela tras el cual está un sistema tóxico, opresivo para toda una sociedad, pero doblemente para mujeres y niñas.

La escritora marroquí nacionalizada española Najat El Hachmi, premio "Comadre de oro 2020", que fue educada para llevar pañuelo y se liberó de él en su juventud, lleva tiempo denunciando que, en Europa, en aras al respeto a la diversidad, se ha "blanqueado" el velo, incluso en niñas. Y que esa indulgencia permite que todo lo que late tras ese trapo acabe siendo sutilmente ratificado. "Si el pañuelo es identidad, es la del machismo, no la de las mujeres", clama. Muy a tener en cuenta.

Dónde está el límite entre tolerancia y complicidad indirecta con lo que rechazamos es algo que me pregunto cada vez que me cruzo con una niña o una adolescente con velo.

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