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Entrevista

Catherine Belton: el Kremlin evadió "cientos de millones de dólares" para operaciones de injerencia

La excorresponsal en Moscú de Financial Times publica su libro ' Los Hombres de Putin: cómo el KGB se apoderó de Rusia y se enfrentó a Occidente'

"El Kremlin evadió "cientos de millones de dólares" para operaciones de injerencia" ROMAN PILIPEY

En el mundo de los especialistas en la ex-URSS, el nombre de la periodista británica Catherine Belton, excorresponsal en Moscú de Financial Times, suena con gran fuerza. Su obra, Los Hombres de Putin: cómo el KGB se apoderó de Rusia y se enfrentó a Occidente (Península), ha sido calificado como el libro más completo escrito sobre la Rusia de Putin. Belton habla de un país cuyo presidente ha creado un sistema que permite la evasión de "cientos de miles de millones de dólares", no solo para llenarse sus bolsillos, sino también para fomentar la desestabilización de los enemigos.

-¿Cómo logró el KGB preservar su poder tras del colapso de la URSS?

-Todo el mundo parecía convencido del fin del KGB tras el colapso de la URSS. La agencia fue dividida, y muchos agentes dimitieron y comenzaron negocios. Pese a ello, las viejas costumbres de cooperación y comunicación se mantuvieron, y muchos siguieron en la reserva activa. Una de las agencias que impulsaron las reformas en los 80 fue precisamente la inteligencia exterior, que comprobaba lo retrasada que se hallaba Rusia en comparación con Occidente. Y cuando empezaron estas reformas, sus miembros intentaron asegurarse de que disponían de un paracaídas moviendo dinero en el extranjero para tenerlo a su disposición.

-Uno de los puntos más relevantes del libro se refiere a la etapa de Putin como espía en Dresde. Usted asegura que, entre sus funciones, coordinaba Baader Meinhof, un grupo terrorista que atacaba a Alemania.

-Solo tenemos el relato de un exmiembro. Y sabemos que (los terroristas) venían de Alemania Occidental, cruzaban la frontera e iban a Dresde porque era un lugar en el que Occidente no miraba, para poder celebrar reuniones secretas (con el KGB). Putin no daba órdenes, solo hacía sugerencias, que es un poco como gobierna ahora en el Kremlin. Los militantes le entregaban una lista de necesidades, ya fuesen armas o dinero. Y luego, de vuelta en Alemania Occidental, encontraban lo que necesitaban en casas secretas. Sobre la estancia de Putin en Alemania hay pocos documentos porque la mayoría se destruyeron. Ni siquiera hay fotos de este periodo, donde ganó mucho peso.

-Una vez Putin en el poder, usted sostiene que una gran cantidad de dinero fue desviada al extranjero para realizar operaciones de desestabilización. ¿Cuánto dinero se ha evadido? Mencione algunas de esas operaciones. 

-No lo sabemos. Solo por Danske Bank pasaron 200.000 millones de dólares. Ello implica evasión de capitales o de impuestos, y lo más sospechoso es que la mayoría de estas redes estaban gestionadas por los mismos banqueros. La falta de cooperación por parte del FSB (exKGB), encargada de vigilar los movimientos de capitales, en investigaciones lanzadas en el extranjero permite pensar que, pese al empobrecimiento de la economía que estos movimientos de capitales implicaban, éstos tenían el visto bueno del servicio secreto. Solo ahora estamos empezando a adivinar a dónde ha ido este dinero. Una parte está en el Reino Unido, mediante sociedades pantalla. Y puede generar influencia, porque puede acabar en fondos de cobertura o en fondos de capital. Y sabemos que ambos fueron apoyos importantes para el Brexit. Varias estimaciones hablan de 800.000 millones de dólares evadidos. Antes de la llegada de Putin, los oligarcas evadían dinero, pero para fines personales. Esto es diferente. 

-Hablando de los oligarcas. ¿Puede uno ser rico en Rusia y no seguir los dictados del Kremlin? ¿Qué sucede con Aleksándr Lébedev, un oligarca en el Reino Unido con buenas relaciones con Boris Johnson?

-Lébedev posee uno de los diarios británicos más importantes. Su hijo es muy cercano a Johnson e incluso se sienta en la Cámara de los Lores. Johnson ignoró los consejos de sus servicios de seguridad, que le pedían abstenerse del nombramiento. Lébedev siempre hará lo que le pida Putin. Y hay que saber por qué Johnson visita la casa de Lébedev a menudo.

-Viendo la trayectoria de Putin, un hombre que ha llegado a gestionar a un grupo terrorista que actuaba en Europa, que ha pactado con la mafia, ¿no piensa usted que esta guerra era algo que tenía que suceder?

-Pese a lo que hizo en Dresde o San Petersburgo, siempre pensábamos que Putin seguiría actuando bajo ese pragmatismo frío de siempre, que no buscaba agitar las situaciones y que prefería mantener la estabilidad. Y esto lo ha perdido. Puede que iniciara la guerra porque vio cómo EEUU se hundía en Afganistán y pensó que sería fácil. Ahora se ha reajustado y apuesta a favor de que Occidente se canse de la contienda. Los precios de la energía crecen, podría haber una nueva crisis de refugiados por la hambruna. Sabemos que es despiadado, pero hasta ahora había actuado con cierta precaución. Quizás, gentes más despiadadas que él, como Nikolái Pátrushev, un hombre vinculado a sus momentos más oscuros, se han convertido en decisivos.  

-Explíquenos los problemas, legales y personales, que le ha acarreado su libro.

Las querellas fueron una gran sorpresa. Llegaron un año después de la publicación. Comenzó Abramovich y le siguieron otros tres oligarcas y la petrolera Rosneft. Era un ataque coordinado para desacreditar el libro. Es posible que Navalni, que citó el libro y lo mostró en un vídeo, provocara esa reacción inadvertidamente. Yo tenía miedo de que la editorial lo retirara. Luchar en los tribunales del Reino Unido con algunos de los hombres más ricos de Rusia es muy caro, pero la editorial se mantuvo firme y la demanda de Rosneft fue desestimada; con Abramovich llegamos a un acuerdo y cambiamos solo un poco la redacción del libro.

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