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La vida de un asturiano diplomático, en primera persona

Jorge Hevia Sierra, director político adjunto del ministerio de Exteriores, entresaca nueve momentos de su carrera que son parte del libro “Muchas vidas: las experiencias diplomáticas”, que recoge veinte relatos de sus colegas

Arriba, Jorge Hevia, con Luis  Almagro, secretario de la  Organización de estados americanos, y sobre estas líneas, con el papa Juan Pablo II.

Arriba, Jorge Hevia, con Luis Almagro, secretario de la Organización de estados americanos, y sobre estas líneas, con el papa Juan Pablo II.

El diplomático colungués Jorge Hevia Sierra, presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), que agrupa al 70% de los miembros de la carrera en España, ha coordinado el libro “Muchas vidas y un destino: experiencias diplomáticas”, editado por Basilio Rodríguez Cañada, con veinte relatos de otros tantos miembros del servicio exterior español acerca de momentos de especial relevancia en sus trayectorias. Hevia protagoniza un capítulo sobre su tarea en diferentes lugares del mundo, del que entresaca para LA NUEVA ESPAÑA algunos de sus momentos más apasionantes.

Jorge Hevia es actualmente director político adjunto del Ministerio de Exteriores, y anteriormente fue embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA), así como embajador en El Salvador y consejero cultural en la Embajada de España en Italia. “A pesar de los estereotipos sobre diplomáticos que aún circulan, la sociedad española valora el trabajo que hacen sus representantes en el extranjero. Existen situaciones de tensión; también vivencias insólitas y experiencias enriquecedoras y particulares”, explica Hevia. “El trabajo de un diplomático sigue siendo lo que siempre ha sido: el objetivo es trabajar por las relaciones entre tu país y el de destino, y conseguir ampliar vínculos económicos, además de la defensa de los españoles que están en el extranjero”.

Estos momentos relevantes de mi vida diplomática no son como los “Momentos estelares de la humanidad” de Stefan Zweig, pero sí son episodios significativos que dan una idea de la variedad de situaciones de una carrera.

1. Madrid. Mi primer destino como jefe de la Secretaría diplomática del ministro Fernández Ordóñez. En una ocasión le acompañé en un viaje a París para almorzar con su colega francés Roland Dumas. Le dejé en el restaurante y quedé en pasar a buscarle a las dos horas. Cuando regresé a por él, con suficiente antelación, ya se había ido al aeropuerto. Tomé inmediatamente un taxi y pedí que me llevara a Orly. Llegué a tiempo de milagro porque la torre de control tardó en autorizar la salida del “Mystère”. El Ministro se reía diciéndome: “Pensé que te apetecería quedarte un día en París”. Apenas tenía dinero ni equipaje.

2. Santo Domingo. Mi primer puesto en el extranjero. Un día me llamaron informándome de la detención de un famoso productor de cine español, exmarido de una antigua Miss Mundo mexicana, acusado de haberse llevado tras su divorcio obras muy valiosas que su exmujer le reclamaba. Iba acompañado de un famosísimo actor y galán de telenovelas latinoamericanas. Todo ello ocurría unos días antes de la toma de posesión del nuevo presidente. El productor tenía un hermano que ocupaba un puesto relevante en la Administración española. El ministro que encabezaba la delegación española en la toma de posesión amenazó con no participar en la misma si los dos detenidos no eran liberados. Finalmente, los arrestados no solo quedaron en libertad, sino que fueron invitados –con el ministro, el embajador y yo mismo– a la fiesta en el Palacio Nacional que el Presidente ofreció con motivo del inicio de su mandato.

lA DIPLOMACIA ES VARIADA Y DIVERSA

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3. Roma, Santa Sede. Hice en mis ratos libres la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de los dominicos Santo Tomás de Aquino y una tesis doctoral sobre “La injerencia humanitaria en situaciones de crisis”. El último día de mi estancia en Roma mi mujer y yo pudimos asistir a la misa privada del Papa a primera hora de la mañana en su capilla, junto a una quincena de fieles. Al final de la misa saludó uno por uno a todos los asistentes, nos obsequió con un rosario y yo pude entregarle una copia de mi tesis doctoral, un trabajo que recogía muchas de sus posiciones sobre las tragedias humanitarias de esos años y, particularmente, sobre la guerra en Bosnia-Herzegovina.

4. Madrid, Congreso de los Diputados. Durante mis años como asesor diplomático de la Presidencia del Congreso tuve que organizar numerosos viajes al extranjero del presidente, de los miembros de la Mesa o de la Junta de Portavoces. En un viaje a Japón se incluyó en el programa oficial una “cena con geishas”. Un día antes de la cena un diputado expresó su temor a que ese acto fuera malinterpretado por la opinión pública. Se le explicó que las geishas no son señoritas de compañía sino refinadas artistas que entretienen con cánticos y poesías a los distinguidos visitantes. Finalmente, otros diputados también se asustaron por el eventual escándalo que podría originarse y se optó por suspender la cena.

5. Madrid. Durante mi época de director general en el Ministerio de Defensa, aproveché un viaje de trabajo a Bogotá para presentar en la Universidad Javeriana de los jesuitas la edición colombiana de mi tesis doctoral sobre la injerencia humanitaria. El acto, en el Aula Magna, fue muy polémico y tuve que responder a preguntas muy críticas y enérgicas de los estudiantes. En América Latina la palabra injerencia es tabú y hacer una defensa de la misma, aunque sea por razones humanitarias, será siempre considerado una provocación.

6. El Salvador. Uno de mis primeros actos como embajador fue condecorar a quien acababa de dejar de ser embajador salvadoreño en Madrid. Me impresionó que al acto de entrega de la condecoración que organicé en la residencia asistieran los tres expresidentes vivos del país. Solo faltó el que ocupaba la Presidencia en ese momento, aunque luego tendría muchas ocasiones para estar con él. Allí pude comprobar el gran peso que nuestro país tiene en las naciones iberoamericanas.

7. El Salvador. Un momento especialmente importante lo constituyó la visita al país de SS MM los Reyes. Lo destacable es que lo conseguimos por medio de una iniciativa que partió de la Embajada. Nos dimos cuenta de que en 2007 se cumplían 15 años de la firma de los Acuerdos de Paz, en los que España jugó un papel relevante, y 30 años de la primera y única visita hasta ese momento de los Reyes al país. Todos los países iberoamericanos –salvo El Salvador y otro centroamericano– habían recibido a los Reyes en dos o más ocasiones. Con estos argumentos logramos convencer a la Zarzuela y al Ministerio de la necesidad de efectuar un viaje que terminó siendo un gran éxito.

8. Roma, República italiana. De mi periodo como consejero cultural en Roma guardo un gratísimo recuerdo del concierto solidario ofrecido por el gran tenor asturiano Joaquín Pixán en Ortona, en el precioso –y abarrotado de público– teatro lírico de esa localidad en la región de los Abruzos. Con ese acto se recaudaron fondos para el Conservatorio de L’Aquila, la capital de la región, duramente castigada por un terrible terremoto.

9. Washington. De mis años como embajador ante la OEA tengo siempre muy presente la crisis originada por el incidente de la retención del presidente boliviano Evo Morales en el aeropuerto de Viena, al cerrar varios países europeos su espacio aéreo ante la sospecha de que en el avión presidencial pudiera viajar el exanalista de la CIA Snowden, reclamado por Estados Unidos. Fueron días muy intensos que dieron origen a un acalorado debate en el Consejo Permanente de la OEA, en el que tuve que defender nuestra actuación en la crisis.

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