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Cinco historias de asturianas campesinas que ejemplifican la fuerza y el poder femeninos

Los alumnos del Instituto de Luces, en Colunga, escriben sobre las figuras femeninas que les han marcado

La abuela Mari Luz, de joven.

La abuela Mari Luz, de joven.

Yerma Lesmes, la maestra de Audición y Lenguaje del Instituto de Luces (Colunga), cree que en la mujer rural radica la esencia de la fuerza y el poder femeninos. Por eso propuso a sus alumnos, y a los de todo el centro, que escogieran cuál era la mujer más importante de su vida en su entorno. Y que las describieran. Así, hilaron historias, reunieron fotos y contactaron con mujeres que tienen mucho que contar, aun sin haberse hecho famosas. En todas las mujeres hay historias de superación, aunque no tengan una relevancia pública. En esta página se reproducen cinco de esas historias escritas por los propios alumnos del centro.

La próxima semana en Luces habrá unas jornadas para acercar vidas de empeño y fortaleza a los alumnos del centro. Habrá una entrevista telemática a una escritora que reside en Estados Unidos y que un día se interesó por el papel de la mujer rural; una charla con Hortensia González, “Mujer rural del Oriente” en 2020; con una profesora de Historia, y con una ganadera, Inés Crespo. Yerma Lesmes explica de dónde le surgió la iniciativa: “Soy madre de dos niños de 2 y 4 años y eso me supuso una revolución como mujer, ahí fue donde empecé a notar el sentimiento de desigualdad, el rol que nos toca, y comprendí aquellas vidas de nuestras abuelas que no tuvieron más alternativa que conciliar trabajo en el campo, en la casa y en la crianza sin medios, y a veces sin maridos”. Por eso “este homenaje es necesario”.

José Ramón Belmonte Sánchez, alumno de 2.º de Gestión Forestal del Medio Natural.

MARÍA

José Ramón BELMONTE

María Martínez ha querido ser “del campo” desde siempre, y no es raro. Es nieta, hija, sobrina y prima de agricultores y ganaderos. Su vinculación con esta profesión va más allá de la tierra.

–¿Cómo te definirías?

–Soy agricultora.

–¿De qué?

–Principalmente los cultivos predominantes en la zona: cereal (maíz, cebada y trigo).

–¿Estudios relacionados?

–Estudié una carrera (Filología Inglesa) porque mis padres se empeñaron y me gustaba, pero llevo toda la vida en el campo e intento formarme constantemente porque la agricultura está viviendo una nueva revolución.

–¿La profesión de agricultor es tan dura como dicen?

–Es una profesión dura y sacrificada, y como no te guste, no tienes nada que hacer. Aunque es verdad que cada día hay más ayuda de la tecnología, los tractores cada día son más autónomos y gracias a las redes sociales he podido contactar con más mujeres que comparten mi pasión, es un muy buen apoyo cuando surgen problemas. En mi caso también cuento con la ayuda de mi familia, que lleva dedicándose a esto toda la vida.

–¿Eres de las que se suben al tractor?

–Más bien no me bajo de él, en este tipo de cultivos es el trabajo que predomina. La única tarea que sigue siendo totalmente manual es el montaje del sistema de regadío, pero, al igual que otros agricultores, suelo contratar a alguien que me ayude con esta tarea tediosa.

–¿Eso de lunes a viernes, sábados y domingos, durante la cuarentena cómo hicisteis?

–Los 365 días del año, aunque también tenemos nuestro tiempo para hacer otras cosas. Pero sí que es verdad que hemos sido uno de los sectores que no han parado, porque nunca lo hacemos. Mi vida los meses de confinamiento fue como cualquier otro año: arar la tierra y sembrar.

–¿Crees que eso hace la profesión de agricultor menos atractiva para los jóvenes?

–El problema del campo es que muchas veces no ves un aliciente porque cada vez está peor. Cada vez nos pagan menos por los productos, mientras que los tratamientos fitosanitarios, por ejemplo, son más caros. Yo soy mi propia jefa y tengo la suerte de trabajar en algo que me apasiona y además me deja tiempo libre para disfrutarlo con las personas que quiero. Creo que si la gente lo viera desde mi perspectiva lo verían distinto, pero tienen una visión muy anticuada del campo, aunque esta tendencia creo que está empezando a cambiar.

–¿Las medidas para incentivar la incorporación de los jóvenes al campo recogidas en los programas de desarrollo rural o la PAC son eficaces?

–Conflicto PAC/subvenciones EE UU: Es el eterno debate. No son justas, necesitamos mejoras, esperamos que los gobiernos se den cuenta de la importancia del sector y defiendan el papel de España dentro del sector primario europeo.

–¿Crees que por ser mujer lo has tenido más difícil?

–Al principio a la gente de los pueblos le parecía gracioso porque pensaban que era un capricho y lo iba a dejar a la primera de cambio. Pero, al final, es una empresa como cualquier otra. Pero, aparte de soportar las típicas bromas de gañanes, no he encontrado mayor dificultad. La situación en el campo es tan precaria que las posibles dificultades que puedan haber surgido por ser mujer son despreciables. También tengo que mencionar que vivo en un pequeño pueblo donde ya existe otra ganadería de una pareja joven, entonces igual ya me han facilitado el camino en cuanto a prejuicios se refiere.

–¿Algún consejo para más mujeres que quieran seguir tu ejemplo?

–A toda aquella mujer que quiera dedicarse a la agricultura solo le diría que debe ser muy fuerte y tener las ideas muy claras, que no va a encontrar nada más que impedimentos por parte de algunos y caras de burla de otros. Pero que no se amedrante ante nada, que la única forma de eliminar miedos es enfrentándose a ellos, que no hay barreras por altas que parezcan y no cabe el no poder, que si no se hace en un día se hace en dos.

Carlos Fuente García, alumno de 4.º de la ESO.

MARI LUZ

Carlos FUENTE

Mi abuela se llama Mari Luz, Nació en Loja, un barrio de Huerres, en 1935 y fue la tercera de diez hermanos (siete mujeres seguidas con un año de diferencia y tres varones de los cuales dos murieron prematuramente).

Sus padres se dedicaban al campo, pero mi bisabuela Josefa, con mucho sacrificio, quiso ofrecer a sus hijas todas las posibilidades para que se labrasen su futuro y gracias a esto mi abuela, aunque ayudaba en las tareas del campo, logró terminar los estudios de Comercio, y así acabó llevando la contabilidad de la empresa de mi abuelo.

Admiro a mi abuela por haber logrado trabajar duramente y estudiar al mismo tiempo en aquella época y a mi bisabuela por sacar adelante a una gran familia durante la guerra y la posguerra, además de darles tantas oportunidades.Foto

Claudia Martínez, alumna de 2.º de la ESO.

ANGELITA

Claudia MARTÍNEZ

Mi texto va dedicado a una muyer que para mí es un ejemplo de superación. Esta mujer deja de ser niña muy pronto, ya que fue madre con 15 años.

Lo fue en una época en la cual nuestro país tenía una dictadura, por lo que esto no estaba bien visto.

Se quedó sola ( con sus padres), ya que su novio se fue a la mili y tardó cinco años en volver a casa. Cuando él regresó, se casaron y formaron una gran familia. Pero no fueron todo alegrías: tuvo cinco hijos y perdió dos.

Lavaba la ropa en una fuente y, muy a menudo, de rodillas. Esto le produjo una infección en una pierna. No quiso ir al médico y se le gangrenó. No pudieron hacer nada por salvarle la pierna. Con 23 años se quedó sin ella.

Pero no todo fueron desgracias y, a pesar de eso, tuvo cuatro hijos más.

Los años fueron pasando, sus hijos crecieron y ella puso una prótesis en la pierna que le permitió trabajar la tierra y cuidar de su familia, mientras su marido trabajaba en la mina.

A pesar de todo lo que sufrió, la vida le tenía aún preparada la mayor de las desgracias: perdió a una hija pequeña con tan solo 22 años por una explosión pirotécnica. Tardó tiempo en superarlo pero el cariño del resto de sus hijos hizo que siguiera hacia adelante.

Hoy en día es madre de cuatro hijos, abuela de siete nietos y bisabuela de cuatro.

Por eso este homenaje es para ti: Angelita, mi bisabuela. Un verdadero ejemplo de superación y lucha.

Ella está siempre con nosotros, siempre tiene un plato de comida y sobre todo: mucho amor. Por eso y por mucho más: te queremos.

Paula Argüelles.

YAYA

Paula ARGÜELLES

Nací a primeros de julio y ella había muerto a finales de abril. No llegué a verla físicamente, pero la conozco como si hubiéramos estado juntas. Mi familia nos habla de ella a menudo a mi hermano y a mí. Me encanta cuando nos cuentan anécdotas, los ataques de risa que nos dan al recordar las trastadas, sobre todo las de mi tía, y las miradas cómplices entre mi madre y mi tía cuando sé que están pensando: “¡Ay, güeli!”... Sé que la echan mucho de menos.

Sé que era una mujer muy fuerte y muy dura, que trabajaba de sol a sol. Tenía ganado, gallinas y conejos que atender diariamente. Trabajaba un huerto que los abastecía de verduras, hortalizas y varios árboles frutales. Cuando era época, también mayaban sidra en el llagar. Y a todo esto hay que sumarle atender su casa.

Sé que era cariñosa, generosa y muy buena persona.

Sé que nadie que fuera a su casa se iba con hambre o sed, pese a que cocinar no le gustaba mucho.

Sé que era besucona y que decía a menudo “filla”, “vida” y “¡cómo debe ser!”

Sé que, desde mi punto de vista, la vida no fue justa con ella, porque cuando se pudo jubilar y descansar, quiso Dios llevársela a otro lugar.

Hugo González, alumno de 2.º de Gestión Forestal y del Medio Natural.

YAIZA

Hugo GONZÁLEZ

Voy a hablar sobre Yaiza Alonso, una chica de 19 años que vive en Infiesto y, gracias a las casualidades de la vida, es muy buena amiga mía. Está estudiando un ciclo formativo de Deportes y siempre que puede se escapa a Torazo, su querido pueblo. Allí vive su padre, el cual tiene una ganadería de 40 vacas de la raza asturiana de los valles. Yaiza, al criarse en este ámbito rural y por el amor al campo y a los animales, le apasiona la idea de ser ganadera y no descarta dedicarse a ello en un futuro.

El problema es que no está del todo bien visto el tema de mujeres ganaderas y existen muchas trabas. Un ejemplo dicho por la propia Yaiza: “Cuando iba con mi padre de pequeña a llendar las vacas y a cambiarlas de prao, le acompañaba y le ayudaba. Sin embargo, en el bar del pueblo todo eran risas y bromas pesadas hacia mí, que adónde iba yo con mi padre siendo una niñuca, que si estaba de adorno… mientras que otros chavales de mi edad ayudaban en casa como yo con las vacas y no había ningún problema, ya que era lo normal”. Con esto queremos decir que aunque ahora mismo una ganadería llevada por una mujer tan joven está poco visto y muy criticado, el tiempo y la dedicación nos llevarán lejos en la vida. El mundo rural es para todos aquellos que estén concienciados y quieran ayudar a preservar el mundo natural, tanto mujeres como hombres por igual, y debe darse más salida, no solo como obligación o última opción, sino como una interesante y preciosa profesión.

Yaiza Alonso.

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